Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
NovelToon tiene autorización de mila1204 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La noche continúa
La misma forma de mirar y hasta aquella manera de inclinar ligeramente la cabeza cuando escuchaba a alguien. Era tan similar.
Sonreí al verlo junto a Olivia.
Ellos dos hacían una pareja realmente hermosa. Olivia era una buena chica y, aunque todavía no sabía qué tan serio era lo que había entre ellos, me alegraba verlo tan feliz.
Sentí que todas mis sospechas quedaban confirmadas.
Olivia y Mateo.
Desde la distancia los observaba y no pude evitarlo. Hacían una pareja realmente hermosa. Quizá era demasiado pronto para decirlo, pero había algo tan especial entre ellos.
Yo amaba a Olivia como a una hija.
Y si Olivia podía hacerlo feliz, no podía pedir nada más.
Mateo abrazó a Olivia justo frente a mí. Le dio un beso y mientras cerraba los ojos; ella hizo lo mismo.
Me apené un poco al verlos.
Así que decidí alejarme.
—La juventud es tan hermosa, pero la forma en que pasa es tan cruel.
—Sí, tienes razón —respondí.
Entonces me percaté de quién era.
El presidente.
—Hola, señora Chastain.
—Presidente.
—Es una noche maravillosa, ¿no cree?
—Sí, es muy hermosa —respondí.
—Señora Chastian, quería preguntarle algo. Sé que no es el momento, pero me gustaría que usted trabajara con nosotros en un proyecto que comenzaremos próximamente. Mi hijo menor, Alexander, estudia Biología y asiste a la misma universidad donde usted es profesora. Apenas está en su primer año y le gustaría tener la oportunidad de trabajar en un proyecto con usted.
Darwin hizo una breve pausa antes de continuar.
—Yo elegí trabajar en un proyecto que mi hijo mayor me presentó. Nuestra empresa adquirió un terreno fuera de la ciudad y queremos desarrollar allí un proyecto sostenible. Antes de comenzar, necesitamos estudiar cuidadosamente la zona y conocer las condiciones del lugar.
Sonrió ligeramente.
—No quiero explicarle todos los detalles aquí. Cuando nos reunamos con el equipo, podré explicarle el proyecto con mayor tranquilidad y contarle exactamente cuál sería su participación.
Lo escuché con atención.
—Es realmente un proyecto increíble y quiero que usted forme parte de nuestro equipo.
—Muchas gracias, señor Davies. Sí, quiero. Es una gran oportunidad.
Me alegré tanto que, sin pensarlo, lo abracé.
Apenas lo hice, me quedé un poco sorprendida.
¿Por qué había hecho eso?
—Es con todo gusto —respondió él.
En ese momento, alguien se acercó.
—Señor Davies, todo está listo. Lo esperan, señor. Es hora de irnos.
—Señora Chastain.
—Presidente.
—Nos veremos la próxima semana. Gracias por aceptar.
Él se marchó.
Me giré, pero Mateo y Olivia ya no estaban allí. Entonces Ethan se acercó a mí.
—¿Lo sabías?
—Bueno, él me lo comentó, pero no pensé que te lo diría ahora digamos que alguien le comentó sobre los proyectos en los que querías trabajar y que te habían rechazado por falta de presupuesto.
Ethan hizo una pequeña pausa.
—Pero digamos que hablé con él, y él habló con su hijo y… bueno.
—¿Fuiste tú?
—Una pequeña clave adecuada —respondió.
—¿Un poco?
—Un poco —admitió.
Sonreí y lo abracé.
—Gracias, mi amor.
—Vamos.
Nos dirigimos al salón. Al entrar, nuevamente me sorprendió lo inmensa que era la mansión. El salón era realmente enorme, tenia techos altos, grandes ventanas y varias lámparas que iluminaban todo el lugar. Había muebles elegantes, cuadros en las paredes y flores decorando las mesas. Todo estaba perfectamente ordenado y cuidado. Era un lugar hermoso, aunque después de varias horas allí todavía me costaba acostumbrarme a tanta elegancia.
Había pasado un rato
Estábamos con Margot y Will. Emma estaba con ellos, pero no veía a Zack ni a Victoria. Tampoco estaban Mateo ni Olivia.
—¿Pasa algo? —preguntó Margot.
—No veo a Victoria ni a Zack. Tampoco a Mateo y Olivia.
—¿Estarán en el bar?
—No, imposible. Victoria no puede beber; es muy sensible al alcohol. No creo que esté allí.
—Margot, Will, ¿han visto a Victoria, Zack, Mateo u Olivia?
—No, a ninguno —respondió Will.
—Yo vi a Zack, pero estaba solo —dijo Margot.
Saqué mi teléfono y llamé a Victoria, pero no respondió.
Después llamé a Olivia.
Tampoco contestó.
Intenté comunicarme con Mateo, pero su celular estaba apagado.
Comencé a preocuparme.
—¿Y si les pasó algo? —dije.
—No, tranquila Valeria. Vamos a buscarlos. Te acompaño.
—Gracias, cariño.
Estábamos por salir cuando Will nos habló.
—Pero todavía no pueden irse. El señor Davies vendrá pronto.
—Ya regresamos —respondí.
Comenzamos a buscarlos por los lugares donde habíamos estado antes, pero no encontramos a ninguno. Revisamos los pasillos y algunas de las habitaciones, hasta que finalmente decidimos ir al bar.
Tampoco estaban allí.
La preocupación comenzó a aumentar. No entendía dónde podían haberse metido y cada minuto que pasaba me ponía más nerviosa.
Entonces recibí un mensaje.
Era de Mateo.
Mamá, estamos bien. Estoy en el bar, en el tercer piso, con Olivia y Victoria. No pude llamarte, hay demasiado ruido.
Suspire sentí un gran alivio al leerlo respondí casi de inmediato.
¿Dónde estás? Me preocuparon mucho. Estaba angustiada. Me alegra saber que están bien. Yo estoy en el primer piso, cerca de la entrada principal.
Mateo respondió unos segundos después.
Está bien.
Toqué a Ethan en el brazo.
—Cariño, están bien. Sí están en el bar, como dijiste, pero en el tercer piso.
—Vamos por ellos.
—Vamos —respondí.
Mientras avanzábamos, pasamos por la entrada principal. Fue entonces cuando vimos a Marco, que acababa de llegar acompañado de una joven muy bonita. Evidentemente, era su pareja.
Marco se acercó a nosotros.
—¡Ethan! ¿Cómo estás, hermano? Pero ¿qué haces aquí? Se supone que la reunión será en el salón.
—Muy bien. No, todavía no ha comenzado la reunión con el señor Davies.
—Ah, llegamos temprano. Te lo dije, que teníamos tiempo.
El miró de reojo a la joven que lo acompañaba.
—Oh, no… claro que no llegamos veinticinco minutos tarde por tu culpa. Qué raro que el presidente todavía no haya empezado —respondió ella.
Marco finalmente se percató de que yo estaba allí.
—Valeria.
—Marco —respondí.
—Te ves muy hermosa. Demasiado bonita, como siempre.
Sonreí, pero la joven que lo acompañaba lo tomó de la cintura.
—¿No vas a presentarme mi amor? —preguntó.
Marco pareció ponerse un poco incómodo.
—Si claro ella es Melany, mi guapa novia.
—Un gusto, Valeria —dijo ella, extendiendo la mano y sonriendo amablemente.
—Un gusto conocerte, Melany —respondí.
—Nuevo director. Es un cargo demasiado exigente, pero sé que lo harás bien —dijo Marco.
—Gracias, Marco —respondió Ethan.
—Vamos a beber algo —dijo Ethan.
Lo comprendí de inmediato. Quería que fuéramos hacia donde ellos estaban y, de esa manera, llevarme hasta allí para llegar más rápido. Qué astuto.
—Vamos. Aunque ¿por qué quieres tomar un trago ahora? Se supone que soy yo quien te lleva por el mal camino.
Ethan sonrió.