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El CEO y la niñera

El CEO y la niñera

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Niñero / Completas
Popularitas:612
Nilai: 5
nombre de autor: autora rochah

Isabela Leal nunca tuvo una vida fácil.

Huérfana de madre desde los seis años, creció bajo la sombra de un padre indiferente, una madrastra cruel y una media hermana que le robó hasta su diploma de enfermería —el único sueño que logró construir con sus propias manos.

Cuando una oferta de empleo como niñera la lleva a la mansión de Leonardo Albuquerque, uno de los empresarios más poderosos del país, Isabela solo busca una cosa: estabilidad. No cuenta con enamorarse.

Leonardo es frío, reservado y completamente volcado en su trabajo. Desde la muerte de su esposa, cerró su corazón a todo lo que no fuera su hija Isadora, una niña de tres años que extraña desesperadamente el cariño de una madre.

Lo que ninguno de los dos espera es que Isadora se encariñe con Isabela de manera inmediata y absoluta. Ni que esa conexión despierte algo que Leonardo juró no volver a sentir.

Pero el pasado de Isabela no piensa dejarla en paz. Un padre manipulador, una madrastra ambiciosa y enemigos corporativos conspiran desde las sombras para destruir todo lo que ella está empezando a construir. Y cuando un secreto sobre su madre —una verdad enterrada durante décadas— sale a la luz, la vida de Isabela cambiará para siempre.

Entre traiciones familiares, sabotaje empresarial y la amenaza constante de perder a las personas que ama, Isabela deberá encontrar la fuerza para enfrentar su pasado... y decidir si merece el futuro que el destino le está ofreciendo.

Porque esta no es solo una historia de amor.

Es una historia de nuevos comienzos.

NovelToon tiene autorización de autora rochah para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Pocos minutos después, el cuarto volvió a quedar en silencio.

Isadora se había dormido abrazada a su padre, con la cabeza apoyada en su pecho y una de sus manitas agarrando su camisa.

Leonardo permanecía inmóvil.

No quería despertarla.

Tal vez porque ese era uno de los pocos momentos en que sentía que aún estaba logrando ser padre.

La luz suave de la lámpara de noche iluminaba el cuarto.

Entonces la puerta se abrió despacio.

Isabela entró en silencio.

Al verlos, se le apretó el corazón.

La escena era hermosa.

Y triste al mismo tiempo.

Con cuidado, se acercó a la cama.

—Se durmió —susurró.

Leonardo solo asintió.

Los dos intercambiaron una mirada silenciosa.

Isabela entonces tomó a Isadora en brazos con toda la delicadeza posible. La niña refunfuñó bajito, pero siguió durmiendo.

Después de acomodarla bien sobre la almohada, la arropó hasta los hombros.

Leonardo observó cada movimiento.

Era impresionante cómo Isabela cuidaba de su hija.

Como si fuera suya.

Cuando terminaron, dejaron solo la luz de la lámpara encendida.

Antes de salir, Leonardo se inclinó y besó la frente de su hija.

—Buenas noches, princesa.

Los dos dejaron el cuarto y cerraron la puerta con cuidado.

El pasillo estaba en silencio.

Los cuartos quedaban cerca.

El de Isadora, entre el de Leonardo y el de Isabela.

Por unos segundos, se quedaron ahí sin decir nada.

—Te extrañó mucho —dijo Isabela finalmente.

Leonardo suspiró.

—Me di cuenta.

—Más de lo que imaginas.

Él se pasó la mano por el cabello.

Claramente agotado.

—Sé que estoy ausente.

—Entonces ¿por qué sigues haciéndolo?

La pregunta salió sin agresividad.

Solo cansada.

Igual que él.

Leonardo tardó unos segundos en responder.

—Porque no tengo opción.

—Siempre hay una opción.

—No siempre.

Su tono salió más frío de lo que pretendía.

Isabela desvió la mirada.

Aquello confirmó lo que ella ya venía percibiendo hacía semanas.

Él se había alejado otra vez.

Tal vez por miedo.

Tal vez por los problemas de la empresa.

Tal vez por ambos.

Y, después de tanto insistir, ella estaba cansada de intentar alcanzarlo.

—De acuerdo.

La respuesta simple hizo que Leonardo levantara la mirada.

Normalmente ella habría discutido.

Cuestionado.

Insistido.

Pero no esta vez.

Ella parecía distante.

Como él.

Y, por algún motivo, eso le molestó.

Más de lo que debería.

—Isabela...

Ella levantó los ojos.

—¿Sí?

Por un instante, Leonardo pensó en decir algo.

Cualquier cosa.

Explicarse.

Pedir disculpas.

Pero las palabras nunca fueron su fuerte.

Sobre todo cuando involucraban sentimientos.

Así que solo negó con la cabeza.

—Nada.

Una pequeña sonrisa triste apareció en los labios de ella.

—Entiendo.

Una vez más, el silencio se adueñó del pasillo.

—Buenas noches, señor Albuquerque.

La formalidad sorprendió a Leonardo.

Hacía mucho que ella no lo llamaba así.

—Buenas noches, Isabela.

Ella abrió la puerta de su cuarto.

Entró.

Y la cerró detrás de sí.

Sin mirar atrás.

Leonardo se quedó parado unos segundos.

Mirando la puerta cerrada.

Sintiendo una extraña sensación de pérdida.

Como si algo se le estuviera escapando de las manos.

Y no supiera cómo impedirlo.

Minutos después, Leonardo estaba en el balcón de su cuarto.

La noche era silenciosa.

El viento frío mecía los árboles del jardín allá abajo.

El mismo jardín donde, semanas antes, había observado a Isabela e Isadora corriendo juntas.

Parecían tan felices.

Y, por primera vez en años, él también se había sentido feliz.

Leonardo apoyó las manos en la barandilla.

Pensativo.

Tal vez el trabajo realmente estuviera consumiendo su vida.

Tal vez estuviera repitiendo los mismos errores que había cometido durante años.

Siempre distante.

Siempre ocupado.

Siempre huyendo.

Pero había algo aún más difícil de admitir.

No se estaba alejando solo de Isadora.

Se estaba alejando de Isabela también.

Porque cada vez que ella se acercaba, sus barreras empezaban a caer.

Y eso lo asustaba.

Mucho.

Cerró los ojos.

La imagen de ella sonriendo apareció de inmediato en su mente.

Después recordó la sonrisa triste que había visto en el pasillo.

Y, por primera vez, se dio cuenta de algo que no quería aceptar.

Tal vez Isabela hubiera dejado de esperarlo.

Y esa posibilidad le molestó mucho más que cualquier problema que pudiera existir en su empresa.

Mientras la madrugada avanzaba en silencio, Leonardo continuó solo en el balcón.

Mirando la oscuridad.

Sin percibir que, por primera vez, no era el futuro de la empresa lo que ocupaba sus pensamientos.

Era Isabela.

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