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El Mar De Tus Ojos.

El Mar De Tus Ojos.

Status: En proceso
Genre:Romance / Grandes Curvas / Mafia
Popularitas:54k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosa Verbel

Sus ojos eran azules como el mar. Y Noah Lobo quedó atrapado desde el primer instante en que la vió.

Noah tiene poder, domina parte de la mafia italiana y rusa, y nada se le resiste. Pero ella es Eliza Romano: una mujer curvilínea, de belleza deslumbrante, esposa de otro hombre. Lo que nadie sabe es que ese apellido es una cadena. Que ella fue arrancada de su tierra, raptada a los dieciocho y obligada a casarse. Y que cada día finge ser feliz para proteger a su pequeña hija.

Cuando la niña le confiesa que su padre maltrata a su madre, Noah decide que ya basta. Luca Romano tiene una reputación… pero Noah tiene a la familia más temida de Europa. Y esta vez no se trata de negocios.

Ella no es de nadie. No cuando él está dispuesto a quemar el mundo entero por tenerla.



NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dame tiempo.

Eliza 🩵

—No… no es tu culpa —susurro, sin saber dónde mirar, con el corazón golpeándome las costillas como si quisiera escaparse—. Yo también quise. Noah, de verdad… lo quise. Pero tengo miedo. No sé hacerlo. No sé confiar así, de golpe, sin red, sin saber si mañana seguirás aquí. No quiero que esto sea un momento y luego… luego se acabe. No quiero acostumbrarme a ti para que un día te vayas y me dejes hecha pedazos.

Me mira a los ojos, y veo en los suyos algo tan hondo, tan sincero, que me cuesta sostenerle la mirada. Da un paso hacia mí, pero se detiene, como si recordara que no debo sentir acorralada.

—Nada va a acabar, Eliza. Te lo prometo. No te pido que confíes en mí hoy. Solo te pido que me dejes demostrártelo. Día tras día. Sin prisa. Sin presiones. Lo que pasó… no tiene que cambiar nada. Podemos seguir como antes. Tú pones el ritmo. Tú pones los límites. Y yo los respetaré, aunque me duela. ¿De acuerdo?

Asiento, con la garganta apretada, y siento cómo se me llenan los ojos de lágrimas que no sé si son de alivio o de tristeza.

—Gracias —susurro—. Solo… dame tiempo.

—Todo el que necesites. De verdad me gustas, lo haces desde la noche en la que te conocí en aquel balcón en Siena y sé que sonará a cliché barato, pero me has hecho sentir lo que nunca otra a logrado.

—Supongo que han pasado muchas por tu vida.

—Para qué te digo que no, si, sí. Pero si me dejas puedo y quiero hacer las cosas diferentes contigo. Con ustedes.

Se queda un instante más, y luego se gira hacia Marisol. La recoge entre sus brazos con una delicadeza que me desarma por completo. Ella se acomoda en su pecho, murmurando algo ininteligible, y él la sostiene como si fuera lo más valioso del mundo.

—Voy a llevarla a su cama —dice en voz baja—. Descansa, Eliza. Y si necesitas algo, cualquier cosa… sabes dónde encontrarme.

Lo veo irse, y cuando la puerta se cierra detrás de él, me quedo sola en la sala, con el eco de sus palabras y el recuerdo de sus labios en los míos. Me llevo la mano a la boca, como si temiera que el beso se desvanezca si no lo retengo, y siento que me tiemblan las piernas. Quiero correr tras él. Quiero abrazarlo y decirle que se quede, que me tome el tiempo que haga falta pero que no me suelte. Pero el miedo me clava en el sitio. Ese miedo viejo, conocido, que me susurra que nada bueno dura para siempre.

Los días siguientes son extraños, hermosos y dolorosos a la vez. Nos movemos entre nosotros con una cortesía casi excesiva, como si ambos fingiéramos que nada sucedió aquella tarde. Pero lo que se calla se nota más que lo que se dice.

Compartimos desayunos, paseos por el jardín, tardes de cuentos y películas donde Marisol se acomoda entre los dos y no deja de hablar. Preparamos postres juntos, reímos, ayudamos con las tareas… y en cada momento, hay miradas. Miradas que se cruzan cuando el cree que no miro.

Miradas que se sostienen un segundo de más antes de apartar la vista. Miradas que dicen todo lo que nos prohibimos decir en voz alta. Él me mira y siento que me recorre entera. Yo lo miro y siento que se me escapa el alma. Y ambos fingimos que no vemos nada.

Al cuarto día, después del desayuno, Noah me busca en la sala. Tiene las manos en los bolsillos y la expresión seria, suave a la vez.

—Eliza… quiero enseñarte algo. Ven conmigo.

Me lleva a una sala amplia en la planta baja, con espejos en una pared y el suelo cubierto de colchonetas gruesas. Me giro hacia él confundida.

—¿Qué es este lugar?

—Es para que aprendas a protegerte —responde despacio—. No siempre voy a estar cerca. Quiero que sepas defenderte. Que sepas que puedes confiar en tu fuerza, en tus reflejos. Que nadie vuelva a tocarte sin tu permiso.

Me tiemblan las manos. Asiento despacio.

—¿Y si no puedo?

—Puedes —dice con firmeza—. Solo confía en tí y en mí. No te voy a dejar caer.

Empieza despacio. Me enseña cómo colocarme de pie, dónde apoyar el peso, cómo mantener el equilibrio. Me muestra cómo apartar a alguien que me sujete de los brazos, cómo zafarme si me acorralan contra una pared, dónde golpear si alguien me amenaza. Me guía con paciencia infinita, corrigiendo mi postura con toques ligeros, casi imperceptibles, y cada vez que sus manos me rozan siento un escalofrío que me recorre entera. ¿Así se sentirá el verdadero deseo?

—Mantén la mirada al frente —me dice con sus ojos fijos en los míos—. No bajes la vista. Tú no eres la presa.

Repetimos los movimientos una y otra vez. Al principio me siento torpe, débil, temo hacerle daño o hacer el ridículo. Pero él me anima, me felicita, me guía… y poco a poco voy ganando confianza.

En un momento, para enseñarme cómo zafar si me rodean por la espalda, se acerca por detrás y me rodea con los brazos suavemente, sin apretar. Su pecho queda pegado a mi espalda, su respiración roza mi oreja, y el aire se me escapa de golpe. Siento su calor, su fuerza, su cercanía… y todo lo que fingimos olvidar estos días vuelve a mí con fuerza arrolladora.

—Relaja el hombro —susurra, y su voz vibra contra mi espalda—. Gira desde la cintura… así.

Me muevo como me indica, me libero, y me giro hacia él demasiado rápido. Quedamos cara a cara, tan cerca que puedo sentir su respiración. Sus ojos bajan a mis labios y vuelven a mis ojos. Veo que da un paso hacia mí, casi sin querer, y sé que está a punto de decir algo, de romper ese silencio que nos hemos impuesto.

Pero doy un paso atrás y me aparto.

—Así… ¿estuvo bien? —pregunto, con la voz algo temblorosa, sin poder sostenerle la mirada.

Se queda quieto un instante, y veo cómo se contiene. Endereza la espalda, asiente, y su rostro recupera esa calma amable que ha tenido estos días.

—Bien —dice, con voz firme pero suave—. Muy bien. Más despacio la próxima vez, pero bien.

—¿Seguimos? —pregunto, y sé que sueno demasiado ansiosa por cambiar de tema.

—Claro —responde él—. Seguimos.

Continuamos la práctica. Cada movimiento, cada roce, cada mirada… todo está cargado de algo que no nombramos. Cuando me corrige la postura, sus manos me queman la piel. Cuando me felicita, su voz me acaricia más que cualquier beso. Y cuando terminamos, sudando y con el corazón acelerado, me mira y hay algo en sus ojos que me hace sentir expuesta, vista, comprendida.

—Lo hiciste muy bien —dice mientras nos dirigimos a la puerta—. Más de lo que crees.

—Gracias —respondo bajito—. Noah… de verdad. Gracias por todo.

Me detengo antes de salir. Él se detiene también. Estamos solos en el pasillo, y la luz dorada de la tarde entra por las ventanas bañándolo todo. Me mira, y por un instante creo que va a decir algo, pero solo asiente suavemente.

—Descansa, Eliza. Nos vemos en la cena.

Se va y me quedo mirándolo ir, con el corazón dividido entre el alivio y la decepción. Sé que hago lo correcto. Sé que necesito tiempo. Pero cada vez que lo veo, cada vez que me toca, cada vez que me mira así… me pregunto si algún día tendré el valor de decirle que lo que siento por él ya es más fuerte que el miedo.

Subo a mi habitación, me siento junto a la ventana y miro el jardín. Sé que él respeta mis tiempos. Sé que me espera. Y eso… eso es lo que más me asusta. Porque me hace querer quedarme. Me hace querer confiar. Me hace querer dejar de temer y simplemente… amar.

Cierro los ojos.

—Pronto. Solo un poco más de tiempo… y te lo diré —susurro muy bajito.

 

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Elena Maza
Que bella es la suegra vamos eliza tu puedes 😍😍😍
Betty Saavedra Alvarado
Eliza eres mujer hermosa Noah está loco por ti el amor está en ustedes Fátima te aconseja ella quiere lo mejor para ti Marisol ya la conquistó
Yolimar Pop
Autora más capítulos por favor
Yolimar Pop
Me encanta tu novela de verdad es q es demasiado romántica ahora Elisa se dé una oportunidad con Noah
Yeny Vasquez Caraballo
me encanta está historia tan hermosa ❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Jenny Mabel Valbuena Ariza
más mas
Yulianni Casanova
me encanta tu novela más capítulos
Rositha Escritora 🌹📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏🌹☺️
total 1 replies
Olga Lopez (Olgui)
siguiente capítulos 22
Rafaela Fernandez
Gracias Rositha 🌹!!
Hermosos capítulos donde tantas mujeres lo recibe como su familia ya no se va sentir sola.
Y ya esta cerca de encuentro 🔥🔥🔥 con Naoh, ya lo dos sienten esa química
Rafaela Fernandez
Esa Tia es un cabo suelto.
Rafaela Fernandez
hermoso encuentro, ahora ya no se va a sentir sola.
Que emoción todas juntas¡
Rafaela Fernandez
hasta Marisol ya se dio cuenta.
Rafaela Fernandez
conquistalo, como tú sabe hacer.
Edith Villamizar
Una gran familia y le dan la bienvenida a Eliza y a Marisol 🥰
Edith Villamizar
Es que Marisol no tiene miedo a entregar su corazón a ésa gran familia 🥰
Edith Villamizar
Aurora ya puso su ojos en una futura modelo 😊
Edith Villamizar
Levántate y compruebas tú misma y después me cuentas que yo también quiero saber 🤭
Edith Villamizar
sería bueno que también enseñen a Marisol a defenderse porque siempre utilizan a los niños para hacer daño
Miryen Zoraida Arias Castrillo
hay no de masiado lindo este capitulo ♥️
Dency Perez Estevez
miraaaaaaa marisol me harás entrar en la novela muchacha 🤣🤣🤣🤣🤣 tu buscando brecha para dos tontos a tu alrededor🤣🤣
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