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LA ESPOSA SUSTITUTA DEL DON

LA ESPOSA SUSTITUTA DEL DON

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Amor prohibido
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Elara entregó su lealtad, su corazón y sus años más jóvenes a Marcos Moretti, el hombre que una vez juró protegerla. Pero cuando su hermanastra Mía encaprichó su vida entera —hasta el punto de usurpar su vestido de novia—, la crueldad de Marcos no conoció límites. Tras una brutal paliza ordenada por el hombre que amaba, Elara perdió en silencio al hijo que llevaba en el vientre y, con él, la última chispa de su amor. Lo único que quedó en su interior fue un frío y implacable deseo de venganza.

Un contrato de sangre. Una traición imperdonable. Y una venganza vestida de novia.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 13

El sol de la mañana se filtraba a través de los pesados cortinajes de terciopelo rojo del segundo piso, proyectando franjas de luz dorada sobre los pasillos de la mansión Moretti. Sin embargo, el ambiente dentro de la casa no tenía nada de apacible. Era un hervidero constante de pasos apresurados, órdenes a gritos, el tintineo de copas de cristal siendo acomodadas en bandejas de plata y el susurro frenético de los modistos que corrían de un lado a otro con alfileres y rollos de tul blanco.

Era el día de la boda. La gran ceremonia que, en teoría, sellaría una alianza definitiva y blindaría el poder de la familia en los bajos fondos.

Me encontraba de pie frente al espejo de cuerpo entero de mi habitación, terminando de abrocharme un elegante vestido de seda en tonos oscuros, un atuendo sobrio que contrastaba radicalmente con la fastuosidad estridente del evento que se preparaba al otro lado de mi puerta. Mi reflejo devolvía la imagen de una mujer serena, con el rostro perfectamente maquillado para ocultar cualquier rastro de debilidad, y los ojos convertidos en dos pozos de hielo puro.

Unos golpes ligeros y alegres resonaron en la madera, seguidos de inmediato por el Chirrido de la puerta al abrirse sin permiso.

—¡Elara! ¡Por fin te encuentro! ¿Te das cuenta de lo que está pasando? ¡Es el día más feliz de mi vida!

Mía irrumpió en la habitación como un huracán de gasa, pedrería y euforia descontrolada. Llevaba puesta una bata de satén rosa pastel bordada con cristales, el cabello medio recogido en bucles elaborados y las mejillas encendidas por una emoción febril. Sus ojos brillaban con un triunfo absoluto, con esa mezcla de arrogancia y alivio infantil de quien cree haber ganado la partida más peligrosa del mundo sin ensuciarse las manos.

Se detuvo frente a mí, dando pequeñas palmaditas con las manos mientras una sonrisa de oreja a oreja ensanchaba su rostro.

—¿No vas a decir nada? ¿No me vas a desear felicidad? —canturreó Mía con una suficiencia insufrible, girando sobre sus propios talones para que la tela de su bata se moviera con ligereza—. Sé que al principio estabas terca con el tema, que si los acuerdos, que si el protocolo... Pero míranos ahora. Todo salió exactamente como tenía que ser. Marcos me eligió a mí. Él y yo vamos a casarnos en unas horas en la capilla principal, y tú... bueno, tú te irás a hacer tu propia vida lejos de aquí, tal como acordamos con el consejo.

La miré con una fijeza tan absoluta, tan gélida y silenciosa, que la risita eufórica de Mía se fue apagando lentamente, congelándose en sus labios al tropezar con la oscuridad impenetrable de mi mirada.

—¿De verdad crees que has ganado, Mía? —le pregunté con una voz tan suave, pausada y letal que hizo que un escalofrío visible recorriera la espalda de mi hermana menor.

Mía frunció el ceño, cruzándose de brazos con un mohín de fastidio, intentando recuperar el control de su burbuja de fantasía.

—Ay, por favor, Elara, deja tu tono de tragedia griega por una vez en la vida —se quejó Mía rodando los ojos con desdén—. Sé que estás amargada porque perdiste el anillo y porque el embarazo aquel... bueno, lo que sea que haya pasado en el hospital te dejó la cabeza trastornada. Pero supera el pasado. Marcos me ama a mí. Me lo demostró anoche mismo, pasándose horas en mi habitación, colmándome de atenciones y jurándome que nuestra vida juntos será un cuento de hadas protegido por todo su imperio. ¿Qué más se puede pedir?

Horas en su habitación.

Las palabras de Mía resonaron en mi mente con una ironía tan obscena que estuve a punto de soltar una carcajada macabra. Anoche, mientras Mía se desvivía en fantasías de princesa mafiosa y creía que el gran jefe de los Moretti estaba postrado a sus pies por amor, Marcos había estado conmigo. Había estado en mi cama, sudoroso, hambriento de una pasión desesperada, arrodillado ante el abismo de su propia destrucción mientras yo le robaba el alma, el imperio y el futuro con la firma de unos documentos falsificados sobre su propio escritorio.

Mía no tenía la más remota idea de la realidad. Vivía en la absoluta ignorancia, cegada por su propia codicia y por la manipulación conveniente de un hombre consumido por la culpa.

—Sí, Mía... Tienes toda la razón —respondí con una sonrisa imperceptible, un gesto felino y cortante que la dejó aún más desconcertada—. Disfruta del cuento de hadas. Disfruta de cada segundo frente al altar, de las flores, de los aplausos de los capos y de las promesas de Marcos. Saborea cada instante de esta mañana, porque te aseguro que será lo único que te quede antes de que el mundo que conoces se desmorone hecho cenizas.

Mía me miró con fastidio, sacudiendo una mano en el aire como si intentara espantar una mosca molesta.

—Estás loca, de verdad que estás para encerrar —masculló Mía con desprecio, dándose la media vuelta hacia la puerta—. Voy a terminar de arreglarme con las maquilladoras. Más te vale estar sentada en primera fila en la ceremonia y con una sonrisa en la boca, porque si arruinas mi boda con tus caras de funeral, te juro que le diré a Marcos que te eche de la mansión a patadas.

Sin esperar respuesta, Mía salió tropezando con los bajos de su bata, cerrando la puerta de un golpe seco tras de sí.

Me quedé sola de nuevo en la habitación. El silencio regresó con fuerza, un silencio pesado que olía a pólvora y a destino ineludible. Me acerqué con paso firme hacia la mesita de noche, abrí el cajón inferior con llave y saqué un sobre manila perfectamente sellado. En su interior reposaban los contratos originales modificados, las órdenes de transferencia bancaria hacia mis cuentas secretas y el documento notariado que convertía la alianza de los Moretti en una trampa mortal sin salida.

Miré mi reflejo en el espejo una última vez, acomodándome las solapas del traje con una elegancia fría y absoluta. El reloj de la pared marcaba las diez de la mañana. Faltaban apenas dos horas para que las puertas de la capilla se abrieran y el juego definitivo diera comienzo. Que la función empiece.

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