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Solo Nosotros Dos

Solo Nosotros Dos

Status: En proceso
Genre:Yaoi
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: luana figueroa

Dos hombres, un amor inmenso y el sueño de ser papás. Él es un hombre trans, y juntos llevarán a su bebé en el corazón y en el vientre. No importa lo que digan los demás: esta familia se construye solo nosotros dos.

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Solo nosotros dos Capítulo 18: Raíces y alas

Luca cumplió cuatro años, y esa primavera decidieron que era el momento de plantar algo juntos en el pequeño jardín trasero. Compraron un arbolito de sauce, delgado y tierno, con las ramas colgando como cabellos suaves. Los tres se pusieron guantes viejos y ropa que no les importaba ensuciar, y pasaron la tarde cavando la tierra, echando abono y regándolo despacio.

—¿Por qué elegimos este? —preguntó Lucas, mientras acomodaba el tronco para que quedara derecho.

Mateo sonrió y miró al niño, que ya estaba lleno de tierra hasta las orejas.

—Porque el sauce es fuerte, aunque parezca suave. Se dobla con el viento, pero nunca se rompe. Y crece donde lo cuidan. Como nosotros.

Mientras terminaban el trabajo, llegó la abuela de Mateo, que venía a vivir unos meses con ellos. Al ver el árbol, se sentó en el pasto y les contó historias de cuando Mateo era chico, de cómo se escapaba al fondo de la casa para hablar con los árboles, de cómo decía que algún día tendría un lugar propio donde todo fuera como él quisiera.

—Yo no entendía todo entonces —admitió ella, mirando a Mateo con los ojos brillantes—. Pero siempre supe que eras especial, que tenías un corazón enorme. Y ahora veo que cumpliste tu sueño. Tienes tu hogar, tienes tu amor, tienes a tu hijo. No hay nada más hermoso.

Pero esa semana también llegó una prueba inesperada. En la escuela nueva a la que iría Luca el año siguiente, hubo una reunión donde se habló de las familias “convencionales”. Algunos padres empezaron a decir que niños como Luca “necesitaban referencias claras”, y que quizás les costaría integrarse. Mateo escuchó todo en silencio, agarrando fuerte la mano de Lucas. Cuando le tocó hablar, se puso de pie despacio, miró a todos y dijo:

—Las referencias no vienen de cómo está formada la familia, sino del amor que hay en ella. Yo crecí luchando por ser quien soy, y eso me enseñó a respetar a todos, sin importar cómo sean. Lucas creció valorando la bondad por encima de todo. Eso es lo que le enseñamos a Luca: que cada uno es único, que hay que quererse a sí mismo y ayudar a los demás. ¿Qué mejor referencia puede haber? No necesitamos parecernos a nadie para ser una familia maravillosa.

Nadie supo qué responder. Muchos bajaron la mirada, y al final de la reunión varios se acercaron para disculparse y decir que nunca lo habían visto de esa manera.

Al volver a casa, se sentaron los tres bajo el arbolito que acababan de plantar. Luca estaba sentado en el regazo de Mateo, jugando con una hoja.

—¿Por qué hablan mal de nosotros? —preguntó muy bajito.

Mateo lo abrazó fuerte y le explicó con mucha paciencia:

—A veces la gente tiene miedo de lo que no conoce, mi amor. Piensan que si algo es diferente, está mal. Pero no es así. El mundo es grande, y hay lugar para todos: para las familias como la nuestra, para las que son distintas, para cada persona tal como es. Lo importante es que tú sepas quién eres, y que sepas que nosotros te queremos con todo el alma.

Lucas agregó, acariciando la espalda del niño:

—Nosotros te daremos raíces, para que siempre sepas dónde está tu hogar. Y también te daremos alas, para que vuelvas tan lejos como quieras, siendo siempre tú mismo.

Pasaron los días y el arbolito empezó a sacar hojas nuevas. Luca se encargaba de regarlo todas las tardes, y le hablaba como si fuera un amigo. Mateo lo miraba desde la ventana y pensaba en todo lo que habían construido: no solo una casa, no solo una familia, sino un lugar donde nadie tenía que ocultarse, donde nadie tenía que pedir perdón por ser quien era.

Esa noche, antes de dormir, Lucas le dijo al oído:

—Mira lo que logramos. Empezamos solo nosotros dos, bajo una lluvia, sin saber qué vendría. Y ahora tenemos todo esto.

Mateo asintió, apoyando la cabeza en su pecho.

—Y lo mejor es que no hemos terminado. Todavía nos queda mucho por vivir, mucho por crecer. Pero lo haremos juntos, como siempre. Solo nosotros dos.

1
Brisa Romero
/Grin/
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