Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Aaron 1
La conversación continuó durante varios minutos más.
Sorprendentemente, ninguno parecía tener prisa por regresar al salón.
La nieve seguía cayendo lentamente sobre los jardines iluminados por faroles mágicos.
El frío era intenso.
Pero ninguno de los dos parecía notarlo demasiado.
El joven tenía una facilidad natural para conversar.
Siempre encontraba algo que decir.
Y cuando una conversación parecía agotarse, inmediatamente encontraba otra dirección.
Grace sospechaba que aquella habilidad no era casualidad.
Era el tipo de hombre acostumbrado a desenvolverse en reuniones sociales.
El tipo de hombre que sabía exactamente qué decir y cuándo decirlo.
Finalmente, él hizo una pequeña reverencia.
—Creo que ya es momento de presentarme adecuadamente.
Grace sonrió.
—Creo que sí.
—Aaron Hoffman.
Por primera vez utilizó un tono ligeramente más formal.
—Hijo del duque Hoffman.
Grace sintió una pequeña sorpresa.
Aunque solo una pequeña.
Porque ya había sospechado que pertenecía a una familia importante.
Y ahora la confirmación llegaba directamente de él.
[Ah...]
[Hoffman.]
Incluso los recuerdos de Grace reconocían aquel apellido.
Una de las casas ducales más influyentes del reino.
Una familia poderosa.
Rica.
Con una enorme presencia política.
Aaron pareció notar el reconocimiento en sus ojos.
—Prometo que normalmente mi presentación es menos impresionante.
—Lo dudo.
—Me ha descubierto.
Ella soltó una pequeña risa.
—Lo sospechaba.
—¿Mi identidad?
—Su importancia.
Aaron llevó una mano al corazón como si hubiera recibido un golpe.
—Qué forma tan elegante de llamarme arrogante.
—No he dicho eso.
—Pero lo pensó.
—Quizás.
Aquello provocó otra carcajada por parte de él.
Después señaló discretamente su pierna.
—Y sí, la lesión es real.
—Lo imaginé.
—Tuve un accidente durante una visita al ducado Fitzpatrick.
—¿Algo grave?
—Mi orgullo resultó gravemente herido.
Grace arqueó una ceja.
—¿Y la pierna?
—También.
Ella volvió a reír.
Y Aaron sonrió satisfecho.
Claramente disfrutaba hacerla reír.
Mientras conversaban, Grace comenzó a observarlo con más atención.
Ahora que conocía su identidad, algunas cosas resultaban evidentes.
Su educación.
Su seguridad.
La facilidad con la que hablaba.
La forma relajada en que mantenía contacto visual.
Todo encajaba.
Era un joven que había crecido en la cima de la nobleza.
Y además...
[Es un mujeriego.]
La conclusión apareció casi inmediatamente.
No porque fuera irrespetuoso.
Ni vulgar.
Todo lo contrario.
Era encantador.
Demasiado encantador.
Sus cumplidos fluían con una naturalidad sospechosa.
Su sonrisa parecía cuidadosamente perfeccionada.
Y tenía una habilidad casi alarmante para hacer que una conversación pareciera personal.
Grace no era ingenua.
Incluso en su vida anterior había conocido hombres así.
Hombres que disfrutaban coqueteando.
Que sabían exactamente cómo provocar sonrisas.
Y que probablemente podían mantener conversaciones similares con varias mujeres en una misma noche.
La idea no le molestó.
De hecho, le pareció divertida.
[Definitivamente tiene experiencia.]
Aaron estaba contando una historia exageradamente dramática sobre su accidente cuando ella sonrió para sí misma.
Porque comprendía perfectamente la situación.
Él estaba coqueteando.
Ella también.
Y ambos lo sabían.
Pero aquello no tenía futuro.
Ni posibilidades.
Ni consecuencias.
Dentro de pocas semanas ella estaría en el templo.
Su vida tomaría un rumbo completamente diferente.
No habría cartas.
No habría visitas.
No habría cortejos.
No habría nada.
Por eso se permitió relajarse.
Por eso decidió disfrutar el momento.
Sin expectativas.
Sin ilusiones.
Simplemente viviendo una experiencia que probablemente nunca volvería a repetirse.
—¿En qué piensa? —preguntó Aaron de repente.
Grace salió de sus pensamientos.
—¿Tan evidente fue?
—Un poco.
Ella observó la nieve durante unos segundos.
Y luego sonrió.
—Solo pensaba que esta es una noche agradable.
Aaron pareció sorprenderse por la respuesta.
Después sonrió también.
Una sonrisa más sincera que las anteriores.
Menos ensayada.
Menos juguetona.
—Sí.
Por un momento ambos permanecieron en silencio.
Observando la nieve caer.
Y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía, aquella conversación que para Grace era apenas una despedida simbólica de una vida que nunca tendría, comenzaba a convertirse en algo que ninguno de los dos esperaba.
Mala actitud la de los padres