Juliet Montgomery siempre supo que amar a Nicholas Sterling era un error.
Él era el hombre que todas querían. El heredero perfecto. El futuro CEO de un imperio. Y también el único hombre incapaz de verla como algo más que una simple conocida.
Durante años guardó sus sentimientos en silencio, conformándose con observarlo desde la distancia mientras él entregaba su corazón a otra mujer.
Entonces, una decisión tomada por sus familias cambió sus vidas para siempre.
Un matrimonio.
Un acuerdo.
Una promesa que ninguno de los dos deseaba cumplir por las mismas razones.
Lo que Juliet no sabía era que el destino tenía planes mucho más crueles para ambos.
Porque algunas personas necesitan perderlo todo para descubrir quién estuvo a su lado desde el principio.
Y cuando Nicholas finalmente aprendiera a verla, tal vez ella ya no estaría esperando.
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La Chica Invisible
Capítulo 6: La Chica Invisible
Nicholas Sterling
Siempre había sido bueno ignorando las cosas que no consideraba importantes.
Era una habilidad que me había ayudado a llegar lejos.
Mientras otros se distraían con problemas insignificantes, yo me concentraba en mis objetivos.
Mientras otros dudaban, yo avanzaba.
Y mientras otros se dejaban llevar por las emociones, yo tomaba decisiones.
Al menos eso era lo que me gustaba creer.
Porque si había algo que nunca había aprendido a entender, eran las personas.
—Necesitas descansar.
Levanté la vista de mi computadora.
Mi madre estaba de pie frente al escritorio de mi oficina.
—Estoy bien.
—Llevas aquí desde las seis de la mañana.
—Y seguiré aquí hasta terminar.
Victoria Sterling suspiró.
Era la única persona capaz de discutir conmigo sin miedo.
—Algún día entenderás que la vida es más que trabajo.
—Ese día no será hoy.
Ella negó con la cabeza.
—Te pareces demasiado a tu padre.
—Eso no es necesariamente algo malo.
—Depende de a quién le preguntes.
Sonreí.
Mi madre siempre decía exactamente lo que pensaba.
Cuando salió de la oficina, volví a concentrarme en los informes financieros.
Las próximas semanas serían importantes para Sterling Group.
Muy importantes.
Los números debían ser perfectos.
Las inversiones debían funcionar.
Y yo tenía que demostrar que estaba preparado para asumir más responsabilidades.
No había espacio para errores.
Ni para distracciones.
Aquella noche asistí a una cena organizada por unos socios.
Otra más.
Había perdido la cuenta de cuántos eventos sociales había soportado durante los últimos años.
La mayoría eran exactamente iguales.
Las mismas conversaciones.
Las mismas caras.
Las mismas sonrisas falsas.
Sin embargo, esa noche algo llamó mi atención.
Juliet Montgomery.
Estaba hablando con varios empresarios.
Y parecía desenvolverse con naturalidad.
Escuchaba atentamente.
Respondía con inteligencia.
Sonreía cuando era necesario.
Por primera vez me pregunté cuándo había dejado de ser aquella niña tímida que seguía a sus padres a todas partes.
Ahora parecía completamente segura de sí misma.
—Juliet es impresionante, ¿verdad?
Giré la cabeza.
Vivienne acababa de acercarse a mí.
—¿Qué?
—Juliet.
La observé nuevamente.
—Supongo.
Vivienne soltó una pequeña risa.
—Supongo.
—¿Qué?
—Nada.
—Vivienne.
—Solo digo que muchos hombres la están mirando.
Fruncí el ceño.
No entendía por qué estábamos teniendo esa conversación.
—¿Y?
—Nada. Solo me parece curioso que no lo notes.
Volví a mirar hacia donde estaba Juliet.
Un hombre hablaba con ella.
Ella sonreía.
Parecía cómoda.
Feliz.
Normal.
—No sé qué debería notar.
—Exactamente.
Vivienne volvió a reír.
Y yo decidí ignorarla.
Más tarde, durante la cena, terminé sentado frente a Juliet.
Una coincidencia.
Nada más.
—¿Cómo va la universidad? —pregunté por cortesía.
—Bien.
—¿Y el trabajo con tu padre?
—También bien.
Sonrió.
Siempre sonreía.
Era algo que había notado hacía años.
Juliet sonreía incluso cuando parecía cansada.
Incluso cuando estaba nerviosa.
Era una de esas personas capaces de hacer sentir cómodos a los demás.
—Escuché que ayudaste a cerrar el acuerdo con Carson Industries.
Pareció sorprendida.
—¿Lo sabías?
—Tu padre está muy orgulloso.
Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rojo.
—Creo que exagera.
—No parece el tipo de hombre que exagera.
Juliet soltó una pequeña risa.
Y durante unos segundos la conversación resultó extrañamente fácil.
Natural.
Algo poco habitual para mí.
Cuando terminó la cena, varios invitados comenzaron a despedirse.
Yo buscaba a Vivienne entre la multitud cuando vi a Juliet cerca de la salida.
Estaba ayudando a una empleada a recoger unas carpetas que habían caído al suelo.
No era la primera vez que la veía haciendo algo así.
Y tampoco era la primera vez que me llamaba la atención.
No porque fuera extraordinario.
Sino porque parecía genuino.
Como si ayudar a los demás fuera algo natural para ella.
—¿La estás mirando otra vez?
La voz de Oliver apareció a mi lado.
—¿Qué?
—Juliet.
—No la estoy mirando.
—Claro que sí.
—Estás imaginando cosas.
Mi hermano sonrió.
Esa sonrisa insoportable que aparecía cada vez que creía haber descubierto algo.
—Si tú lo dices.
—Oliver.
—Solo digo que es una buena persona.
—Nunca dije que no lo fuera.
—Entonces deberías hablar más con ella.
Lo miré como si hubiera perdido la cabeza.
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Esa es la peor razón que escuché en mi vida.
Oliver soltó una carcajada.
Y se alejó antes de que pudiera responder.
Aquella noche regresé a casa convencido de que mi hermano era un idiota.
No entendía por qué insistía tanto con Juliet.
Ella era amable.
Inteligente.
Responsable.
Lo sabía.
Todo el mundo lo sabía.
Pero eso era todo.
O al menos eso pensaba.
Porque la verdad era que Juliet Montgomery llevaba años formando parte de mi vida.
Años apareciendo en cenas familiares.
En vacaciones.
En celebraciones.
En momentos importantes.
Siempre estaba ahí.
Tan presente.
Tan constante.
Que me había acostumbrado a ella.
Y a veces las personas más importantes son precisamente aquellas cuya ausencia nunca hemos tenido que imaginar.
Por suerte para mí, todavía faltaba mucho para descubrirlo.
Por desgracia para Juliet, todavía faltaba mucho para que yo aprendiera a verla. ❤️📖✨