Fanfic: acontecimientos que sucedieron 300 años despues de la guerra contra Zeus
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Capítulo 20: El Camino hacia el Cronotempo
⏳⚔️👑
El cielo permanecía oscuro.
La presencia de Cronos seguía suspendida sobre el Santuario.
Nadie se movía.
Nadie hablaba.
Entonces.
Cronos extendió ambos brazos.
El espacio comenzó a romperse.
Una inmensa grieta apareció sobre las Doce Casas.
Y lo que vieron.
Dejó a todos sin palabras.
El Cronotempo
Ante ellos apareció un reino imposible.
Un gigantesco reloj.
Tan enorme.
Tan colosal.
Que parecía una galaxia entera.
Millones de engranajes giraban simultáneamente.
Planetas.
Estrellas.
Constelaciones enteras.
Parecían moverse alrededor de aquella estructura.
Era como contemplar el mecanismo que gobernaba el universo.
Y en el centro.
Muy lejos.
Casi invisible.
Athena permanecía encadenada.
—Ese es el Cronotempo.
Dijo Cronos.
—Mi reino.
El silencio fue absoluto.
Incluso los Caballeros Dorados quedaron impresionados.
Los Nueve Engranajes
Entonces aparecieron.
Nueve gigantescos engranajes.
Cada uno del tamaño de una luna.
Giraban alrededor del núcleo principal.
Y frente a cada uno.
Un guerrero.
Nueve guardianes.
Nueve Cronosoldiers.
Nueve generales del Titán.
Uno de ellos ya era conocido.
Kila de Gea.
El asesino de Hyoga.
Las cadenas de Kila se deslizaron lentamente por el suelo.
Su sonrisa era aterradora.
—Los estaré esperando.
Dijo.
Las Reglas
Cronos volvió a hablar.
—Si desean salvar a Athena.
—Deben destruir los nueve engranajes.
Todos escuchaban atentamente.
—Cada engranaje sostiene el flujo temporal del Cronotempo.
—Mientras permanezcan activos.
—Jamás llegarán a ella.
Aioria dio un paso adelante.
—¿Y si los destruimos?
Cronos sonrió.
—Entonces podrán alcanzarme.
Una pausa.
—Pero tendrán sólo cuarenta y ocho horas.
El Santuario quedó inmóvil.
—¿Qué quieres decir?
Preguntó Aruel.
—Mantendré abierto un portal durante cuarenta y ocho horas.
—Ni un segundo más.
La sonrisa del Titán se volvió aún más oscura.
—Después de eso.
—Quedarán atrapados para siempre en el tiempo.
La Desaparición
Cronos observó a todos.
Aioria.
Jeiko.
Aion.
Seiya.
Los nuevos Caballeros.
Y finalmente.
Athena.
Entonces soltó una carcajada.
⏳
—JA JA JA JA JA...
El cielo tembló.
Y desapareció.
El Patriarca Actúa
No hubo dudas.
No hubo discusión.
Aioria se giró inmediatamente.
—¡Movilicen a todos los Caballeros Dorados!
—¡Preparen la expedición!
Los soldados respondieron al unísono.
—¡SÍ, PATRIARCA!
Los Caballeros de Plata también avanzaron.
Pero Aioria levantó una mano.
—No.
Todos se sorprendieron.
—Los Caballeros de Plata permanecerán en el Santuario.
—Alguien debe proteger la Tierra.
Belfos de Perseo asintió.
Comprendía perfectamente la responsabilidad.
El Último Abrazo
Más tarde.
Seiya encontró a Aioria observando las estrellas.
—No deberías ir.
Dijo el anciano Pegaso.
Aioria sonrió.
—¿Perdón?
—Eres el Patriarca.
—Debes quedarte.
Por primera vez.
Aioria soltó una carcajada.
—¿Estás contradiciendo al Patriarca?
Seiya quedó inmóvil.
Y ambos comenzaron a reír.
Como cuando eran jóvenes.
Como cuando la guerra todavía parecía lejana.
Después.
Se abrazaron.
Ninguno dijo nada.
Porque ambos comprendían.
Tal vez fuera la última vez.
El Entrenamiento del Cisne
Mientras tanto.
Caizen continuaba entrenando.
Una y otra vez.
Frente a la Armadura del Cisne.
Intentando sincronizar su cosmos.
Intentando convertirse en un verdadero heredero.
Y esta vez.
No estaba solo.
Seiya sería su maestro.
Tal como Marin lo había sido para él.
La Última Esperanza
Pero aún faltaba alguien.
Pegaso.
La armadura legendaria permanecía oculta entre las Amazonas de Brasil.
Y Seiya lo sabía.
Por eso partió.
Con una última esperanza.
Encontrar al heredero de Pegaso.
Antes de la batalla final.
Las Palabras de Jeiko
La noche anterior a la partida.
Todos los Caballeros Dorados se reunieron.
Las doce constelaciones.
Juntas.
Como en los viejos tiempos.
Jeiko observó a sus compañeros.
Y habló.
—Hemos perdido amigos.
—Hemos perdido hermanos.
—Pero nunca hemos perdido nuestra voluntad.
Sus ojos recorrieron cada rostro.
—Cronos cree que puede quebrarnos.
—Que puede arrebatarnos a Athena.
—Que puede arrebatarnos la esperanza.
Su cosmos comenzó a arder.
—Está equivocado.
El León levantó el puño.
—Porque mientras exista un Caballero dispuesto a levantarse.
—Athena jamás estará sola.
Los Dorados respondieron elevando sus cosmos.
El Santuario entero brilló.
Y entonces.
Jeiko sonrió.
Una sonrisa triste.
Pero orgullosa.
—Sean valientes, queridos hermanos Dorados.
Una pausa.
—Puede ser que no todos volvamos a vernos.
El silencio invadió el lugar.
Nadie necesitó responder.
Todos comprendieron.
El Comienzo de la Guerra
Al amanecer.
Las puertas del Santuario se abrieron.
Los Caballeros Dorados partieron.
Jess.
Kyo.
Olly.
Caizen.
Aion.
Jeiko.
Aioria.
Y todos los héroes del Santuario.
Marcharon hacia el portal.
Hacia el Cronotempo.
Hacia la guerra.
Y en el centro del gigantesco reloj cósmico.
Cronos los esperaba.
Sentado sobre su trono.
Observando el avance de sus enemigos.
A su alrededor.
Los nueve guardianes permanecían inmóviles.
Y entre ellos.
Kila de Gea.
Lamiendo lentamente sus cadenas.
Sonriendo.
Esperando.
Porque podía oler la sangre.
Y la matanza que estaba por comenzar.
⏳⚔️
Continuará...
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