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Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:694
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.

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Desgraciadamente... Sigo Vivo

Despertar sintiéndome como el dueño de un cuerpo físico, fue la sensación más decepcionante de la existencia.

Estaba entumido, rígido, postrado en esta cama de hospital.

El ruido del monitor de frecuencia cardíaca era espantoso, pues iba gritándome al oído con la fuerza que le permitía mi soledad. Quería dormir un poco más, seguir desconectado de toda la existencia, sin embargo, los vagos recuerdos antes del golpe, llegaron a mi cabeza como pinchos que no iban a dejarme tranquilo por un buen rato.

Estaba divorciado. Legal y públicamente.

El vacío se instaló en mi estómago bajo una irritación que subió hasta mis ojos y que anudó mi garganta. Pero por mucho que quisiera ponerme a llorar, ya mi cuerpo estaba más que acostumbrado a simplemente hacerlos de lado.

—¡Por dios, ya despertaste!

Ginny sonrió con el alivio en los ojos. Dejó la bolsa que llevaba sobre la silla y me apresó entre sus brazos, haciéndome sentir que se me cortaba el aire. Posterior a ello, me tomó de las mejillas y me revisó la cara, dejando una mueca que no me inspiró nada más que un nuevo estrés.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté con cuidado, apartando sus manos de mí.

—¿Te sientes decepcionado? —suspiró burlona, levantándose—. Un fulano encontró tu teléfono y me ha llamado a mí por los contactos rápidos de tu agenda. Para suerte tuya, aún no tomaba el avión —explicó.

Ginny parecía tranquila a primera vista. Volvió a la bolsa que dejó abandonada y tomó su bote de chicles, dudando un poco, quizá por haber visto la cajetilla de sus cigarros. Su vestimenta formal me dejaba en claro que no eran un viaje de vacaciones y a juzgar por el nulo brillo de sus pupilas, me di cuenta de que era más serio de lo que quería aparentar su supuesta calma.

—¿Quieres que llame al médico? —preguntó.

—No… ¿Ginny?

—Dime.

—¿Tú también escuchaste las noticias?

—Sí… ¿Lo ordenaste tú?

Negué, sin tener el valor de hablar sobre ello. Ginny chasqueó los dientes y se giró hacia mí, dejando los mechones rebeldes de su cabello por detrás de sus orejas, como mero acto cotidiano que le conocía cuando estábamos en el colegio y los matones nos molestaban. Mejor dicho, cuando nuestro único martirio era hacer tarea y ver la televisión.

—Me costará creer que Victoria es este tipo de persona —murmuró.

—Cambiando el tema… tú no tomas vuelos entre semana solo porque sí. Si es importante, no necesitas estar aquí.

—Aigooo, no seas tan considerado —me golpeó el hombro—. Solo iba a encontrarme con mi abogada en la ciudad vecina.

—¿Siguen los problemas con John?

Ginny detuvo su tarea de masticar su chicle. Rodó los ojos con ese rostro caprichoso que le conocía desde tiempo atrás, y caminó de vuelta hasta la silla del costado, echándose sobre esta como si en realidad no fuera la representación de la belleza femenina en todo el país.

—Milagrosamente, el problema no es con él.

—¿Entonces?

—Bueno, en realidad lo es un poco —murmuró tomando mi mano—. Charlotte me organizó una cita con Richard Williams, el productor del canal principal de la televisión abierta. Al parecer, Christine va a renunciar y necesitan a una nueva conductora.

—¿Te quieren a ti?

—Sí —sonrió.

—¡Esa es una buena noticia!

Ginny sonrió apretando mi mano cuando la sujeté la mano firmemente, con la fuerza cálida que siempre lo hacía. Y, aun así, sus ojos no estaban del todo contentos por la situación.

—¿Qué hay de malo? ¿Te propusieron algo indebido? ¿Quieres que mande a darle una advertencia a ese sujeto?

—¡No, idiota! —me golpeó la mano—. El problema es que alguien filtró fotografías sacadas de contexto y ahora mismo me están amenazando con exponerlas en los medios —exhaló—. El productor tiene su propia familia y no quiero que esto explote de maneras innecesarias.

— ¿Tienes sospechas de alguien? —me atreví a preguntar—. ¿John..?

—No… Él recibió la primera fotografía y es quien me advirtió de la situación, además —se acomodó con una mueca en los labios—, decidió ayudarme con los niños mientras trato de solucionar la situación con la policía.

—Con más razón deberías dejarme aquí y continuar con tus planes, Ginny.

—Alguien debe cuidarte, ¡Victor, chocaste con un camión de basura!

—No es nada —resté importancia, soltándola—. Llamaré al idiota de Leo, tú puedes estar tranquila.

—No voy a estar tranquila —replicó, cruzándose de brazos—. Si no soy yo, ¿quién va a estar al pendiente de ti? Tus padres ya están viejos para esto.

—Puedo hacerlo yo, Ginny.

La tercera voz estalló la habitación. Mi mirada se dirigió a la puerta y la imagen de Victoria se instaló como cuchillo ardiente en mi pecho. Victoria estaba aquí, con ligeros rastros de agotamiento en su respiración. Sus pasos fueron indecisos, pero al final, entró a la habitación, arrugando las cejas con desconcierto cuando me miró a la cara.

Y las náuseas me atormentaron el estómago cuando recordé la decepción principal que me tenía en esta maldita cama de hospital.

—¿Qué haces aquí? —pregunté.

—Soy tu contacto de emergencia médica—respondió.

—¿Cómo tienes el descaro de venir después de lo que hiciste? —intervino Ginny—. Ya no son un matrimonio, así que puedes dejar de usar esa máscara tuya.

—Yo no tengo que darte explicaciones a ti —señaló Victoria—. Lo que suceda entre nosotros es solo tema nuestro.

—Eres una perra, Victoria.

—Ginny —intervine, alcanzando su brazo—. Hey, está bien, ve a tu reunión.

Ginny me lanzó su mirada agresiva, llena de desconcierto. Insistí sin agregar palabra alguna y finalmente aceptó renunciar. Me sostuvo la cabeza y me dejó un beso en la coronilla, luego tomó su bolsa, dejando apenas una mirada llena de desdén hacia Victoria.

Aunque me arrepentí de mis decisiones justo después de que la puerta de la habitación se cerrara.

Victoria no habló. Dejó su propio bolso en la mesa y se acercó unos pasos a los pies de la cama, revisándome con la mirada. Mi lengua dejó de funcionar al instante. Las palabras que anhelaba lanzarle como fuego a quemarropa nunca salieron y solo se quedaron estancadas en mi garganta. Me sentía nervioso, humillado, desnudo en frente de ella.

—Dejaste tus pastillas en el comedor —murmuró—. Tu salud empeoró y el accidente casi te mata.

—¿Estás aquí solo para actuar como si fueras mi madre..? No tengo tiempo para esto, ya tienes todo lo que querías, así que no es necesario que estés aquí.

—Victor…

—Tú misma has terminado con todo.

—¡Escúchame una puta vez en tu vida! —exhaló—. Olvídate de eso por ahora, o tendré que llamar al enfermero para que te den un sedante —amenazó—. Yo no di la orden, ¿de acuerdo? Yo ni siquiera…

Sus palabras quedaron tendidas en el suspenso del aire cuando la puerta se abrió una vez más. El doctor y una enfermera ingresaron con la sospecha en la mirada, lanzándonos su curiosidad entre los pequeños vistazos. El hombre de la bata blanca se colocó a mi costado y comenzó a hacerme un chequeo de rutina. La tensión en la habitación se sentía tan pesada y entendí que no solo nosotros lo sentíamos porque la enfermera apenas y podía apartar la mirada del formulario que llevaba en las manos.

—Señor Song, por el momento usted muestra algunas mejoras, sin embargo, le recomiendo reposo absoluto y calma total, pues una nueva migraña puede afectar de manera importante el golpe que recibió en el accidente.

—Tengo asuntos en la empresa.

—Me temo que deberá dejarlos en manos de alguien más… Su salud no es un negocio que se pueda ajustar a sus necesidades —advirtió, luego se giró hacia Victoria—. Que su esposo haya despertado es un completo milagro, así que la recuperación siguiente tiene mucho que ver con la cotidianidad de su vida.

—Estaré al pendiente de él, doctor. Muchas gracias.

—Por ahora mantendremos las luces de la habitación bajas y no debería preocuparse por el ruido exterior ya que están en la zona privada. Aun así, nos mantendremos chequeando su condición.

El hombre asintió, dejando un último vistazo entre los dos. Se retiró con algunas indicaciones hacia la enfermera y el silencio agobiante se desató de nuevo en la habitación, aumentando con creces la incomodidad que recién habían interrumpido.

Aun así, la mirada de Victoria no mostraba ni la serenidad, ni la alegría que pensé que tendría.

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