En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 14
La expresión oscura de Clark desapareció apenas llegó hasta ella. En cuestión de segundos estaba arrodillado frente a Xenia, cortando las cuerdas que aprisionaban sus muñecas con una rapidez que delataba su desesperación. Apenas estuvo libre, le tomó suavemente los brazos, revisándola de arriba abajo como si quisiera asegurarse de que realmente estaba allí y de que ninguna herida grave se escondía bajo la ropa arrugada por el forcejeo.
—¿Estás herida? —preguntó con una voz mucho más baja de lo habitual.
Xenia movió los hombros, comprobando que todo seguía en su sitio.
—He estado mejor.
Clark soltó una pequeña exhalación que parecía haber estado conteniendo desde que comenzó la búsqueda. Sin embargo, cuando sus ojos se detuvieron en la marca rojiza de la mejilla de la joven, su mandíbula volvió a tensarse.
Con una delicadeza que contrastaba completamente con la violencia que había mostrado unos minutos antes, levantó una mano y rozó apenas la piel enrojecida con la punta de los dedos.
—¿Te duele mucho?
La pregunta fue casi un susurro.
Xenia parpadeó sorprendida por el tono de su voz.
—No tanto.
Era mentira.
La mejilla todavía ardía.
Pero tampoco pensaba admitirlo.
Clark pareció darse cuenta, aunque decidió no discutirlo.
—¿Qué pasó con los secuestradores? —preguntó ella.
La mirada del príncipe se volvió fría.
—Acabé con ellos.
La respuesta llegó tan simple que incluso Xenia sintió un pequeño escalofrío.
—¿Y Gideón?
Clark frunció el ceño.
—¿Gideón?
Xenia suspiró.
Así que el desgraciado había logrado escapar.
Mientras los soldados aseguraban el lugar, comenzó a contarle todo lo ocurrido. Le habló de la llegada del alquimista real, de cómo había confesado que quería conocer sus métodos para fabricar pociones y de cómo había organizado el secuestro después de que ella se negara a colaborar.
A medida que escuchaba, el rostro de Clark se volvía cada vez más sombrío.
Cuando terminó, el príncipe se giró inmediatamente hacia uno de los caballeros.
—Organicen una búsqueda en toda la zona. Si Gideón Dorman sigue cerca, quiero que lo encuentren.
—Sí, alteza.
Los soldados partieron de inmediato.
Una vez estuvieron solos nuevamente, Clark volvió a mirarla.
Por primera vez desde que lo conocía parecía genuinamente afectado.
—Lo siento.
Xenia levantó una ceja.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque ocurrió mientras estabas conmigo.
Ella lo observó unos segundos.
Era extraño verlo así.
Siempre parecía tan seguro de sí mismo, tan despreocupado.
Ahora, en cambio, parecía cargar con una culpa que ni siquiera le pertenecía.
—No fue tu culpa.
Clark no respondió.
—También fue responsabilidad mía por estar distraída —continuó ella—. Si hubiera prestado más atención, quizá me habría dado cuenta antes.
—No deberías estar buscando excusas para los criminales.
—No lo hago.
—Entonces deja de culparte.
Xenia abrió la boca para responder, pero terminó cerrándola.
Porque, por extraño que fuera, Clark parecía más enfadado por aquello que ella misma.
El silencio se instaló durante unos segundos.
Luego Xenia soltó una pequeña sonrisa.
—De todos modos, gracias por venir a rescatarme.
Clark se quedó completamente quieto.
Parpadeó.
Una vez.
Luego otra.
Como si acabara de escuchar algo imposible.
—¿Acabas de sonreírme?
Xenia tardó un segundo en darse cuenta.
Y efectivamente.
Había sonreído.
Clark llevó una mano a su pecho con dramatismo.
—Es un día histórico para el reino.
—No exageres.
—Creo que merezco una recompensa.
La sonrisa desapareció instantáneamente del rostro de Xenia.
—Retiro mi agradecimiento.
—Muy tarde.
Ella giró la cabeza hacia otro lado, aunque una pequeña curva permanecía todavía en la comisura de sus labios.
~
El regreso al Ducado Edevane se realizó bajo una estricta escolta de caballeros.
Cuando el carruaje atravesó las puertas de la mansión, Cordelis prácticamente salió corriendo de la residencia.
—¡Xenia!
La duquesa la abrazó tan fuerte que la joven apenas pudo respirar.
—Madre... no puedo respirar.
—¡Casi te pierdo!
Por detrás apareció Viktor con el rostro tan serio que resultaba imposible saber qué estaba sintiendo.
Sin embargo, en cuanto vio a su hija sana y salva, sus hombros parecieron relajarse ligeramente.
—¿Estás bien?
—Sí, padre.
—¿Segura?
—Sí.
Cordelis seguía abrazándola.
—Madre.
—No.
—Madre.
—No.
—Me estás aplastando.
—Eso significa que estás viva.
Xenia no supo cómo responder a semejante lógica.
Thomas apareció poco después y casi se lanzó sobre ella también.
Durante varios minutos la mansión completa estuvo sumida en una mezcla de alivio, preocupación y caos.
Finalmente Viktor se acercó a Clark.
—Alteza, le agradezco profundamente haber rescatado a mi hija.
Clark negó con la cabeza.
—No tiene nada que agradecer.
—Aun así, lo haré.
Los dos hombres intercambiaron una mirada silenciosa.
Una que decía mucho más de lo que cualquiera expresó en voz alta.
Poco después, el príncipe regresó al palacio.
~
Esa misma noche, Clark se presentó directamente ante el emperador.
Leonhart escuchó toda la historia sin interrumpir una sola vez.
A medida que avanzaba el relato, la expresión del monarca se volvía cada vez más fría.
—¿Estás completamente seguro de que fue Gideón?
—Xenia lo identificó personalmente.
El emperador apoyó lentamente los dedos sobre el escritorio.
—Qué decepción.
La frase fue pronunciada con tanta calma que resultó más inquietante que un grito.
—Ya envié soldados tras él —continuó Clark—, pero aún no han encontrado su rastro.
—Entonces amplía la búsqueda.
—Sí, padre.
Leonhart observó la oscuridad tras las ventanas.
—Secuestrar a la hija de un duque ya es un crimen grave.
Su mirada se volvió aún más peligrosa.
—Pero atreverse a tocar a alguien bajo protección imperial...
Ni siquiera terminó la frase.
No era necesario.
~
Mientras tanto, en el Ducado Edevane, Viktor también había movilizado caballeros propios para localizar a Gideón.
La seguridad de la mansión fue reforzada de inmediato.
Guardias adicionales patrullaban los terrenos y nadie podía entrar o salir sin autorización.
Todo aquello convirtió la residencia en una auténtica fortaleza.
Y aun así, Cordelis parecía querer vigilar personalmente a su hija.
No fue hasta bien entrada la noche cuando finalmente la dejaron descansar.
Xenia dejó escapar un largo suspiro mientras se dejaba caer sobre la cama.
Había sido un día absurdamente largo.
Sus padres habían permanecido pegados a ella durante horas, asegurándose constantemente de que estuviera bien.
Ahora, por fin, la habitación estaba en silencio.
La luz de la luna se filtraba suavemente por las ventanas.
Xenia observó el techo durante unos segundos.
Luego llevó una mano a la mejilla.
Todavía podía sentir un leve ardor.
Sin embargo, no fue Gideón lo que apareció en sus pensamientos.
Fue Clark.
Su expresión cuando la encontró.
La forma en que había pronunciado su nombre.
Y aquella mirada oscura que nunca antes le había visto.
Xenia frunció el ceño.
Qué hombre tan extraño.
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