Desperté años en el pasado con una misión: eliminar al futuro Rey Demonio.
Sin embargo, cuando lo encontré, era solo un bebé.
Un bebé demasiado inteligente.
Un bebé que conocía mi nombre.
Un bebé que me miró con tristeza y susurró:
—Te encontré otra vez, mamá
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La chica que tampoco debía existir
Silencio.
Absoluto silencio.
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Lucien observó a la chica.
La chica observó a Lucien.
Y Lyra observó a ambos.
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—Bueno.
Dijo Lyra finalmente.
—Esto es preocupante.
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—Mucho.
Respondió Lucien.
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—¿Quién eres?
Preguntó Lyra.
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—Elena.
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—Eso ya lo dijiste.
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—Sigo siendo Elena.
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—Buen punto.
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La joven suspiró.
Claramente acostumbrada a conversaciones extrañas.
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—No tenemos mucho tiempo.
Dijo.
—Y necesito hablar con él.
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—¿Por qué?
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Elena miró directamente a Lucien.
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—Porque recuerda.
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El pequeño permaneció inmóvil.
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—¿Cómo lo sabes?
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La sonrisa de Elena desapareció.
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—Porque yo también recuerdo.
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El corazón de Lyra dio un vuelco.
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—¿Recuerdas qué?
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—Todo.
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Silencio.
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—Eso no es posible.
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—Lo sé.
Respondió Elena.
—Y sin embargo aquí estamos.
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Minutos después estaban reunidos en una sala vacía de la biblioteca.
Lejos de estudiantes.
Lejos de profesores.
Lejos de cualquier persona curiosa.
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—Empieza a hablar.
Dijo Lucien.
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—Directo al punto.
Me agradas.
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—No necesito más amigos.
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—Eso fue triste.
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—Lo sé.
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Lyra se masajeó las sienes.
Aquella conversación era agotadora.
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—Por favor.
Alguien explíqueme qué está pasando.
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Elena respiró profundamente.
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—He vivido esta historia muchas veces.
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—¿Cuántas?
Preguntó Lyra.
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—No lo sé.
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Lucien levantó lentamente la cabeza.
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Porque esa era exactamente la respuesta que él habría dado.
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—¿Tú también dejaste de contarlas?
Preguntó.
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Elena asintió.
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—Hace mucho tiempo.
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Por primera vez...
Lucien parecía comprender a alguien.
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Y aquello era extraño.
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Muy extraño.
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—Entonces sabes quién es ella.
Dijo Lucien.
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La expresión de Elena se volvió seria.
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—Sí.
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—La Tejedora.
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Elena asintió nuevamente.
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Y el aire pareció volverse más pesado.
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—¿Quién es?
Preguntó Lyra.
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Silencio.
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—Es la razón por la que el tiempo sigue reiniciándose.
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—Eso no explica nada.
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—Lo sé.
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—¿Y?
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—Y no sé cómo explicarlo sin sonar loca.
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—Créeme.
Dijo Lyra.
—Mi hijo adoptivo recuerda vidas pasadas y habla con osos.
Mi estándar para "locura" es bastante alto.
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Lucien sonrió.
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—Adoptivo.
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—No empieces.
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—Voy ganando.
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—No.
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—Sí.
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—¡CONCÉNTRATE!
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Elena terminó riéndose.
Y por un instante pareció una chica normal.
No alguien atrapado en una pesadilla temporal.
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Pero aquella sonrisa desapareció rápidamente.
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—En algunas líneas temporales...
La Tejedora era nuestra aliada.
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—¿Y en otras?
Preguntó Lyra.
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—Nuestro enemigo.
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Silencio.
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—Eso es imposible.
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—Lo sé.
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—Entonces no tiene sentido.
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—Bienvenida a mi vida.
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Lucien permanecía callado.
Pensando.
Uniendo piezas.
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Porque algo seguía sin encajar.
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—Valerius.
Dijo de repente.
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Elena se tensó.
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—¿Qué pasa con él?
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—El libro dijo que no es el enemigo.
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—No lo es.
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—Pero mató a Lyra.
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—Sí.
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—Varias veces.
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—Sí.
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—Entonces explícame cómo funciona eso.
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Elena cerró los ojos.
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—Porque cada vez que la mató...
Intentaba evitar algo peor.
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El silencio que siguió fue brutal.
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—¿Qué?
Preguntó Lyra.
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—Eso es imposible.
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—Lo sé.
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—No.
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—Sí.
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—No.
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—Sí.
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—¿Por qué todos responden así?
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—Porque funciona.
Dijeron Elena y Lucien al mismo tiempo.
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Por primera vez en varios días...
Lucien soltó una carcajada.
Una auténtica.
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Y Elena también.
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Lo que dejó a Lyra completamente confundida.
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—¿Acaban de hacerse amigos?
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—No.
Dijo Lucien.
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—Sí.
Dijo Elena.
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—Traición.
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Pero debajo de aquella pequeña broma...
Había algo importante.
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Porque Lucien llevaba mucho tiempo solo.
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Demasiado tiempo.
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Y ahora acababa de encontrar a alguien que entendía exactamente lo que sentía.
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Alguien que también recordaba.
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Alguien que también estaba cansada.
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Cuando la conversación terminó...
Elena se preparó para marcharse.
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Pero antes de abrir la puerta...
Se detuvo.
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Y observó a Lucien.
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—Tengo que advertirte algo.
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La sonrisa desapareció del rostro del pequeño.
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—¿Qué?
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Elena tardó varios segundos en responder.
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Como si no quisiera decirlo.
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Como si supiera cuánto iba a doler.
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—Los recuerdos están regresando más rápido que antes.
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—Lo sé.
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—Demasiado rápido.
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Lucien bajó la mirada.
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Porque también lo sabía.
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Cada día.
Cada hora.
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Más recuerdos.
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Más dolor.
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Más vidas.
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—¿Y qué pasa cuando vuelvan todos?
Preguntó Lyra.
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Elena no respondió inmediatamente.
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Y eso fue suficiente para preocuparlos.
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—¿Elena?
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La joven apretó los puños.
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—No lo sé.
Mintió.
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Lucien la observó.
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Y supo inmediatamente que estaba mintiendo.
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Porque él también había dicho esa mentira muchas veces.
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Esa noche...
Mientras todos dormían...
Lucien permaneció despierto.
Sentado junto a la ventana.
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Observando las estrellas.
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Pensando.
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Y entonces apareció otro recuerdo.
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Más claro que los anteriores.
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Más doloroso.
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Lyra.
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Sonriendo.
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Abrazándolo.
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Y diciendo una frase que jamás había escuchado en esta vida.
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"No importa cuántas veces nazcas..."
"Siempre serás mi hijo."
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Una lágrima descendió por su mejilla.
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Porque no recordaba cuándo ocurrió.
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No recordaba en qué vida.
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Pero recordaba perfectamente cómo terminó.
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Con sangre.
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Y una despedida.
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Muy lejos de allí...
En una sala oculta bajo la academia...
Lord Valerius observaba un antiguo mapa lleno de símbolos.
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Y frente a él...
Había una fotografía vieja.
Muy vieja.
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Una fotografía donde aparecían tres personas.
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Lyra.
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Lucien.
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Y él.
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Juntos.
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Como una familia.
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Valerius cerró los ojos.
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Y por primera vez...
Pareció cansado.
Verdaderamente cansado.
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—Esta vez...
Murmuró.
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—Por favor.
Que sea diferente.
FIN DEL CAPÍTULO 18