Él fue su primer amor. Ella fue quien arruinó su sueño. Años después, se reencuentran en la universidad y la guerra entre ellos está lejos de haber terminado. Lo que ninguno esperaba era que detrás del odio siguieran existiendo sentimientos imposibles de olvidar.
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Como si no existieras
Bella
Ese era el único nombre que Scott no había podido olvidar.
Ni siquiera después de cinco años.
Ni después de todo lo que había perdido.
Y verla allí, en medio del aula universitaria, fue como abrir una herida que jamás había terminado de cerrar.
Pero Bella se negó a demostrar cualquier emoción.
Porque ya no era aquella adolescente ingenua.
Ya no era la chica que corría detrás de Scott Carter.
Así que hizo lo único que podía hacer.
Lo ignoró.
Apartó la mirada.
Tomó asiento en una de las primeras filas.
Y fingió que él no existía.
Aunque sentía su mirada clavada en ella.
Aunque podía notar su presencia al otro lado del salón.
Aunque su corazón seguía actuando como un traidor.
—Patético —murmuró para sí misma.
Ya no iba a permitir que Scott afectara su vida.
No otra vez.
La presentación de bienvenida comenzó poco después.
Los profesores explicaron las normas.
Los horarios.
Las materias.
Todo lo que los nuevos estudiantes debían saber.
Bella intentó concentrarse.
Intentó escuchar.
Intentó tomar apuntes.
Pero cada vez que levantaba la vista encontraba a Scott.
A veces hablando con otros deportistas.
A veces revisando su teléfono.
A veces simplemente observándola.
Como si estuviera esperando algo.
Y eso la enfurecía.
¿Qué quería?
¿Una disculpa?
¿Una pelea?
¿Una explicación después de cinco años?
Demasiado tarde.
Muchísimo tarde.
Cuando terminó la charla, Bella salió del aula sin mirar atrás.
O al menos lo intentó.
—Bella.
Su cuerpo se tensó.
Reconocería esa voz incluso dentro de una multitud.
Siguió caminando.
—Bella.
No respondió.
—¿Ahora me ignoras?
Ella se detuvo.
Respiró hondo.
Giró lentamente.
Y encontró a Scott parado a pocos metros.
Algunas estudiantes ya lo observaban.
Porque era imposible no hacerlo.
Seguía siendo atractivo.
Seguía siendo popular.
Seguía siendo Scott Carter.
Y ella lo odiaba por eso.
—¿Necesitas algo? —preguntó con frialdad.
Scott cruzó los brazos.
—Solo quería comprobar algo.
—¿Qué cosa?
—Que sigues siendo igual de inmadura.
Bella soltó una risa incrédula.
—¿Perdón?
—Escapar en vez de hablar parece ser tu especialidad.
La sangre comenzó a hervirle.
—Mira quién habla.
Por un instante ambos se quedaron observándose.
El odio era palpable.
Real.
Y demasiado familiar.
—Tantos años y sigues culpándome de todo —dijo ella.
—Porque tú tuviste la culpa.
Bella apretó la mandíbula.
—No fui yo quien engañó a su pareja en una fiesta.
Los ojos de Scott se oscurecieron.
—Y tú sigues creyendo eso.
—Lo vi con mis propios ojos.
—No viste una mierda.
El silencio cayó entre ambos.
Por primera vez Scott parecía realmente enfadado.
No molesto.
No irritado.
Furioso.
—Déjalo —dijo Bella.
—Encantado.
Scott dio un paso atrás.
—Porque eres la última persona con la que quiero hablar.
Y aquellas palabras dolieron más de lo que deberían porque era la misma voz de la cual reía de sus chistes en el pasado
Mucho más.
Pero Bella levantó la barbilla.
—Perfecto.
—Perfecto.
Se dieron la espalda al mismo tiempo.
Y caminaron en direcciones opuestas.
Convencidos de que aquello era lo mejor.
Convencidos de que podían coexistir ignorándose.
Sin saber que el destino tenía otros planes.