Novela +18
Mi nombre es Lucia Westton, la hija legítima del Marqués Arturo Westton.
Durante años viví rodeada de amor, lujos y tranquilidad… hasta que mi madre murió en un trágico accidente de carruaje después de una fiesta de té.
Creí que aquella sería la peor tragedia de mi vida.
ME EQUIVOQUÉ.
Poco después descubrí que mi padre había ocultado una amante… y una hija ilegítima: Laura Westton.
Desde el momento en que ellas cruzaron las puertas de la mansión, todo cambió.
Mi hogar dejó de sentirse seguro.
Las miradas se volvieron frías.
Los susurros comenzaron en la oscuridad.
Entonces Laura me convenció de jugar un extraño juego.
Dijo que podría ayudarme a hablar con mi madre una última vez.
PERO ALGO SALIÓ MAL.
Ahora… algo me sigue desde las sombras.
Lo veo en los espejos.
Escucho sus pasos detrás de mí.
Siento sus manos heladas rozando mi cuello mientras duermo.
¡TENGO MIEDO!
Y lo peor de todo…
¡NADIE ME CREE!
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 17 — CARNE CON CARNE
Mi cuerpo temblaba, mis jugos fluían abundantemente, empapando aquella lengua invasora que ahora penetraba mi vagina, moviéndose dentro de mí con giros precisos que alcanzaban puntos sensibles que me hacían arquear la espalda y morder la almohada.
—Mmm…~
—¡Ahh!~
La sensación era abrumadora, como una corriente eléctrica que me recorría entera. De pronto, un intenso espasmo me sacudió. Solté un gemido más fuerte y sentí cómo un chorro caliente escapaba de mí.
—¡AHH!~
La lengua se retiró de repente. Una mano giró mi rostro y una boca ardiente capturó la mía en un beso feroz, entrelazando su lengua con la mía mientras otras manos amasaban mis senos y pellizcaban mis pezones erectos, enviando descargas eléctricas por todo mi cuerpo.
Jadeante y apoyada en los codos, sentí algo grueso, caliente y enormemente largo rozar mi entrada empapada. Una, dos veces. Luego regresó la lengua, follándome con más profundidad, hasta que un orgasmo devastador me atravesó como un rayo.
—¡AHH!~
Grité contra la almohada, mi vagina contrayéndose en espasmos, soltando otro chorro caliente de placer mientras temblaba sin control.
¡PLAF!
Una nalgada fuerte resonó en la habitación, arrancándome un gemido de sorpresa. Entonces, la cabeza gruesa y carnosa de su miembro presionó contra mí.
—¡No! ¡Espera! ¡Déjame en paz! ¡No volveré a jugar ese maldito juego! —supliqué con voz rota.
La voz grave y demoníaca resonó clara esta vez, vibrando en cada fibra de mi ser:
—Tienes que pagar el precio.
Y EMPUJÓ.
Un grito ahogado escapó de mi garganta mientras su enorme pene venoso me penetraba centímetro a centímetro, estirándome al límite con una mezcla de dolor ardiente y placer abrumador.
Las embestidas comenzaron feroces.
PLAP.
PLAP.
PLAP.
El sonido húmedo de carne contra carne llenaba la alcoba junto a mis gemidos cada vez más desvergonzados. Sus manos recorrían mi espalda, besos ardientes caían sobre mi piel, pellizcaban mis pezones y estimulaban mi clítoris sin piedad.
El terror se transformaba lentamente en rendición: ya no me importaba quién o qué era, solo el placer devastador que me invadía ola tras ola.
Me cambió de posición una y otra vez —de cuatro, de lado, boca arriba con las piernas abiertas sobre sus hombros—, follándome sin descanso, lamiendo mi cuello, mordiendo mis pechos.
Alcancé el clímax repetidamente, temblando, gritando, mi vagina contrayéndose alrededor de su miembro monstruoso mientras chorros de placer empapaban las sábanas.
—¡AHH!~
Cuando perdía el conocimiento por el exceso de placer, al despertar él seguía allí, embistiéndome sin descanso.
Finalmente, me descubrió los ojos. Ante mí, envuelto en sombras, vi sus cuernos curvos, sus ojos rojos brillantes como brasas del infierno y su enorme pene no humano, oscuro y venoso entrando y saliendo de mí sin piedad.
Sus grandes manos venosas me atrajeron hacia la oscuridad. Sus labios reclamaron los míos en un beso profundo, nuestras lenguas entrelazándose mientras continuaba embistiéndome con fuerza salvaje, llevándome una y otra vez al abismo del éxtasis...
hasta que el mundo se desvaneció en un torbellino de placer oscuro y terror delicioso.
Y en aquella unión infernal, entre gemidos y embestidas, me entregué por completo al precio que debía pagar.
......................
— EN LA MAÑANA —
Desperté con el cuerpo completamente desnudo y adolorido, como si hubiera sido atravesada por una tormenta salvaje. Cada músculo protestaba con un dolor profundo y deliciosamente culpable.
Mis pechos estaban cubiertos de chupetones rojizos y morados, algunos con la clara forma de una boca hambrienta; mis pezones aún se veían hinchados y enrojecidos, sensibles al roce del aire.
Mordidas profundas marcaban la curva de mis senos y la piel suave de mi cuello, como si la bestia hubiera querido devorarme.
Huellas grandes y oscuras de manos deformes se distinguían claramente en mis caderas, glúteos y muslos internos, como si me hubieran sujetado con fuerza brutal mientras me penetraba.
La marca oscura y ardiente en mi zona pélvica seguía latiendo con un calor residual, justo encima de mi monte de Venus. Entre mis piernas, mi vulva se veía hinchada, enrojecida y ligeramente abierta, aún sensible y brillante por los restos de nuestros fluidos.
Al menor movimiento, sentía un escozor profundo y un palpitar constante en mi interior, recordatorio de cómo aquel enorme miembro demoníaco que parecía otra extremidad me había follado sin piedad durante horas.
La luz dorada del sol entraba por la ventana del balcón, iluminando sin piedad todas aquellas marcas de lujuria sobre mi piel pálida. Cerré los ojos un momento y las sensaciones regresaron con fuerza: el placer abrumador, las embestidas profundas y salvajes, la forma en que aquel demonio había reclamado mi cuerpo… y mi virginidad.
Me incorporé lentamente, sintiendo un leve escozor y un flujo tibio escapando de mi vagina al moverme.
Escuché pasos acercándose por el pasillo. El corazón me dio un vuelco.
Bajé de la cama con rapidez, tambaleándome un poco, y corrí hacia el armario. Me puse un camisón ligero y ropa interior lo más rápido que pude, intentando recuperar la compostura.
Justo cuando pensaba que había evitado lo peor, mi mirada cayó sobre la cama. Las sábanas estaban completamente revueltas, manchadas y arrugadas como testigos mudos de la noche de lujuria demoníaca. Me acerqué y vi claramente una mancha de sangre seca en el centro.
Era real. Había perdido mi virginidad con aquella criatura.
¡Maldición!
Rápidamente tomé las sábanas, las hice un gran bulto y las escondí en un rincón del armario. Apenas terminé cuando las doncellas entraron en la habitación. Me miraban de forma extraña, en silencio mientras hacían lo suyo. Recordé entonces el escándalo del día anterior: cómo había gritado pidiendo ayuda mientras la bestia me atormentaba.
—Pueden dejar todo como está —dije con voz más firme de lo que me sentía—. Yo misma me encargaré de arreglarme hoy.
Sorprendentemente, ninguna protestó. Solo inclinaron la cabeza y comenzaron a retirarse.
Lina, mi doncella personal, se quedó un segundo más, observándome con preocupación evidente en sus ojos.
—¿Está bien, mi señora? —preguntó en voz baja.
—Estoy bien, Lina. Solo… un mal sueño. Puedes irte.
—Estaré afuera por si necesita algo—dijo en voz baja.
Al final quedé completamente sola en la habitación.
Me dirigí al baño contiguo y la gran tina de porcelana ya estaba lista. Cuando el agua caliente estuvo lista, me despojé del camisón y me sumergí lentamente en ella.
El calor hizo que todas las marcas en mi cuerpo ardieran con mayor intensidad.
Mientras me lavaba con la esponja, pasé con cuidado sobre mis pechos magullados, mis pezones hipersensibles y, finalmente, entre mis piernas.
Al tocar mi vulva hinchada y aún tierna, un recuerdo vívido del placer de la noche anterior me invadió: la lengua larga y hábil lamiéndome sin descanso, el miembro grueso y ardiente entrando y saliendo con fuerza, los orgasmos devastadores que me habían hecho gritar y parecer que convulsionaba.
Un escalofrío de placer culpable me recorrió a pesar del agua caliente.
¿Cómo pude sentir tanto placer con un demonio?
pensé, avergonzada y excitada al mismo tiempo.
Sin embargo, el miedo también estaba allí, frío y real.
vamos Lucia a gozar del cardenal, que está es papasito así este en silla de ruedas, lo demás debe responder jajajajajjajajajajajajua
Ho ayy si🤔