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La Villana que Evitó su Destino

La Villana que Evitó su Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Autosuperación / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Reencarnación / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Aplolyn

Sofia era una empleada común y corriente hasta que un accidente la transportó dentro de la novela que estaba leyendo… como la villana destinada a morir.

Ahora vive en el cuerpo de Sofia Agarista Brajaya: hija de una familia adinerada, estudiante universitaria, y la mujer que durante tres años persiguió al protagonista masculino sin ser correspondida. Conoce cada giro de la trama, cada traición, y sobre todo, el final que le espera: la muerte a manos de Hansen Darael.

Su plan es simple: alejarse de Kayden, el protagonista, y de Hansen, su futuro asesino. Si no se involucra, la historia seguirá su curso y ella sobrevivirá.

Pero el destino no se deja reescribir tan fácilmente.

Cuando Sofia deja de perseguir a Kayden, él empieza a perseguirla a ella. Una apuesta de dos semanas. Un beso inesperado. Y una red de mentiras que ni siquiera ella, con todo su conocimiento del argumento, podría haber anticipado.

Entre campus universitario, mansiones de lujo, apuestas peligrosas y secretos que desafían la lógica de la ficción, Sofia descubrirá que cambiar el destino de una villana es mucho más complicado —y mucho más doloroso— de lo que cualquier novela podría contar.

¿Puede una lectora reescribir la historia desde adentro? ¿O el guion siempre gana?

NovelToon tiene autorización de Aplolyn para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Varias semanas peleando con su madre bastaron para que Wenda tomara la decisión de volver.

¿Carrera? ¿Qué carrera? Wenda ya no le importaban sus ambiciones. Su intención al irse a Estados Unidos era construir un futuro mejor, pero la actitud de su madre —que no le dejaba ni respirar— la tenía más agobiada que nunca.

Al menos antes tenía a papá y a Kayden, que siempre me apoyaban en todo…

Por más que Wenda hubiera sido ella quien cortó con Kayden de forma unilateral y bloqueó todo contacto, su corazón seguía guardando cada recuerdo de él.

Se levantó de la cama y empezó a dar vueltas por el cuarto, inquieta. Dos años de presión materna. Esperaba que al terminar el programa viniera la libertad, no más presión.

Se mordió el labio y miró la maleta grande que ya tenía lista en una esquina del cuarto.

En realidad, llevaba días planeando volver.

Agarró la maleta, tomó el pasaporte y marcó el número de su padre.

—¿Papá? Me regreso. Hoy.

Aeropuerto internacional

La puerta de llegadas internacionales se abrió.

Wenda salió con una sudadera negra y lentes oscuros enormes. Nadie la reconoció entre la multitud.

Soltó un largo suspiro.

—Ya volví, Kay…

Jaló la maleta hacia la salida. Ahí, no muy lejos de la puerta, estaba su padre: las manos en los bolsillos, el cuerpo ligeramente encorvado por la espera. Las canas que le plateaban las sienes le apretaron el corazón.

—Papá…

Al escucharla, su padre volteó.

Como si toda la fatiga se le borrara de golpe, sonrió. Esa sonrisa cálida que Wenda había extrañado más que nada en dos años.

—Wen.

Una sola palabra, pero suficiente para que se le calentaran los ojos.

Wenda se acercó rápido y lo abrazó fuerte, hundiendo la cara en su pecho. Ese pecho que siempre la hacía sentir segura.

—Ya volví, papá —susurró.

—Lo sé —contestó él, acariciándole el cabello—. Se te ve cansadísima.

Wenda soltó un suspiro largo, aguantando las lágrimas.

—Solo… quiero estar en casa.

Su padre le dio una última palmadita en la espalda antes de soltarla.

—Vamos al auto. Si tienes hambre, paramos a comer.

Wenda negó con la cabeza.

—Solo quiero dormir.

Su padre asintió y le tomó la maleta.

Caminaron fuera del aeropuerto sin hablar mucho. Pero justo eso era lo que Wenda necesitaba: un silencio que no la juzgara.

El auto empezó a avanzar y Wenda reclinó la cabeza en el asiento, cerró los ojos. Pero la calma duró apenas unos segundos antes de que un rostro le apareciera en la mente.

Kayden.

Su forma de sonreír.

Su forma de mirarla.

Su forma de ceder siempre por ella…

Antes de que Wenda lo destruyera todo.

Abrió los ojos y miró la ciudad pasar por la ventanilla.

—Papá…

—¿Sí?

—Kayden… ¿sigue en la misma universidad?

Su padre frunció el ceño antes de contestar.

—Sí. ¿Por qué preguntas?

No había razón lógica.

No había respuesta elegante.

Solo un corazón que aún no terminaba con su pasado.

Wenda apartó la mirada hacia la calle, donde las luces pasaban como destellos.

—Por nada. Solo preguntaba.

Su padre no insistió, y Wenda se lo agradeció en silencio.

Al llegar a casa, su viejo cuarto estaba exactamente igual que hacía dos años. Las paredes celestes. Los pósters de antes. El escritorio perfectamente ordenado.

Su padre no había tocado nada.

Se sentó en la cama y abrazó la almohada.

Silencio.

Un silencio que, paradójicamente, hacía más ruidoso todo lo que tenía en la cabeza.

Tomó el celular y abrió la galería. La última foto con Kayden apareció automáticamente, porque llevaba años sin mover nada:

Wenda sonriendo radiante.

Kayden abrazándola por detrás con esa sonrisa cálida que casi nunca le mostraba a nadie más.

El corazón se le encogió.

—Perdón, Kay… —murmuró.

Quiso bloquear el recuerdo, pero lo que vino fue la voz de su madre resonando en su cabeza:

"Tienes que ser más que él. No pierdas el tiempo con alguien que te estanca."

Wenda soltó un bufido largo y se cubrió la cara con las manos.

Había vuelto porque ya no aguantaba más.

Porque necesitaba a su padre.

Porque ya no tenía fuerzas para ser la hija perfecta que su madre exigía.

Pero había una razón más que no se atrevía a decir en voz alta:

Quería ver a Kayden.

Aunque eso significara abrir heridas viejas.

A la mañana siguiente, el teléfono la despertó.

Lo alcanzó con los ojos a medio abrir.

Número desconocido.

Se frotó las sienes.

—¿Quién llama tan temprano?

Deslizó la pantalla.

—¿Hola?

—¿Wenda? —La voz masculina al otro lado sonaba dudosa—. Soy Bram.

Wenda tardó unos segundos en ubicarlo.

Bram.

Compañero de generación de Kayden.

El que siempre andaba con ellos.

—Ah, sí. ¿Qué pasa?

—¿Ya regresaste?

Wenda se sentó de golpe, sin entender cómo se había enterado tan rápido.

—Mmm… ¿Por qué?

Una breve pausa.

—Kayden se peleó con Sofia. Pero no parece una pelea normal.

Wenda se confundió.

—¿Qué quieres decir? Ellos siempre se pelean.

Escuchar el nombre de Sofia la transportó de inmediato al recuerdo de esa chica que siempre quiso ocupar su lugar.

Y cuando Wenda dejó a Kayden, estaba convencida de que él jamás se fijaría en Sofia. Porque así era Kayden.

—¿Todavía te gusta Kayden? —preguntó Bram sin rodeos. La conocía desde que ella y Kayden empezaron a salir, y sabía que sus palabras crueles al dejarlo no habían sido en serio.

—Solo creo que deberías saber. Parece que Kayden se está interesando en Sofia. La trata diferente.

Wenda dejó de respirar.

Cerró los ojos con fuerza.

¡No! ¡Es imposible que a Kayden le guste ella!

—Bram —la voz de Wenda se volvió gélida—. ¿Dónde está Kayden ahorita?

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Jeniffer Rodriguez Valencia
Tendría que haberle metido un grito como el de la madre, diciéndole si no te callas como voy a responder, tarado
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