Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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18
El sol iluminaba los jardines del Imperio del Sol cuando Valery caminaba entre los senderos de rosas blancas. Habían pasado dos semanas desde su llegada y, aunque el palacio la había recibido con cariño, su corazón seguía dividido.
Había noches en las que despertaba creyendo sentir la mano de Valek sujetando la suya.
Y al abrir los ojos...
Solo encontraba el silencio.
Aquella mañana decidió salir a recorrer los jardines sin imaginar que alguien muy importante la esperaba.
—¿Valery?
La joven levantó la vista.
Una mujer de cabello castaño y ojos miel corrió hacia ella sin importarle el protocolo.
—¡Eres tú!
Valery abrió los ojos con sorpresa.
—¿Elena?
Ambas se abrazaron con fuerza.
Hacían tantos años que no se veían que por un momento olvidaron todo lo que ocurría a su alrededor.
—Pensé que nunca volverías.
—Yo también...
Elena sonrió mientras sujetaba ambas manos de su amiga.
—Sigues siendo la misma.
—No tanto.
Las dos comenzaron a caminar por el jardín recordando travesuras de la infancia.
Sin embargo, al pasar cerca de una fuente, varias aristócratas volvieron a murmurar entre ellas.
—Mírala...
—Regresó sola.
—Seguro ese emperador monstruoso la abandonó.
—Qué vergüenza.
Elena se detuvo de golpe.
—¿Qué dijeron?
Las mujeres soltaron una risa.
—Solo comentábamos la verdad.
Antes de terminar la frase, Elena dio un paso al frente.
—La verdad es que ustedes hablan de alguien a quien ni siquiera conocen.
—¿Y tú quién eres para defenderla?
—Su amiga.
Y eso basta.
Una de las aristócratas sonrió con desprecio.
—Tal vez el emperador ya encontró una mujer mejor.
Elena levantó la mano dispuesta a responderle.
Pero Valery la sujetó del brazo.
—Déjalo.
Elena volteó sorprendida.
—¿Cómo puedes soportarlo?
Valery sonrió con tranquilidad.
—Porque yo sí conozco la verdad.
Aquellas palabras hicieron callar a todas.
Fue entonces cuando el rostro de Valery cambió.
Su sonrisa desapareció.
Su cuerpo se tensó.
Una sensación helada recorrió su espalda.
Conocía esa presencia.
Era imposible confundirla.
Giró lentamente la cabeza hacia el bosque que rodeaba el jardín.
No había nadie.
Pero alguien la observaba.
Muy lejos de allí...
En el Imperio Oscuro.
Valek permanecía de pie frente a una enorme mesa cubierta por antiguos documentos.
Kael acababa de colocar un viejo pergamino frente a él.
—Majestad...
Encontramos algo.
Valek levantó la mirada.
El consejero abrió lentamente el pergamino.
En él aparecía el árbol familiar de la antigua dinastía demoníaca.
Un nombre estaba marcado con tinta roja.
Draven.
Valek permaneció completamente serio.
—No...
Kael asintió lentamente.
—Creíamos que había muerto junto con su padre.
El emperador apretó los puños.
Draven...
El único hijo de su difunto tío.
Un demonio de sangre pura.
Ambicioso.
Cruel.
Y el único miembro de la familia que siempre había mostrado desprecio hacia Valek.
—Entonces...
Murmuró el emperador.
—Todo este tiempo fue él.
Kael bajó la cabeza.
—Parece que sí.
Valek cerró lentamente el pergamino.
Sus ojos volvieron a llenarse de aquella sed de sangre que había intentado controlar desde que conoció a Valery.
—Prepárense.
Kael comprendió inmediatamente.
La verdadera guerra estaba a punto de comenzar.
En el mundo humano.
Oculto entre los árboles.
Julián observaba en silencio a Valery.
Sus ojos recorrían cada detalle de la joven.
Sonrió.
—Así que aquí estabas...
Su cabello se movía con el viento.
La tranquilidad con la que caminaba...
La forma en que sonreía...
Todo hacía que, a los ojos del ogro, fuera aún más hermosa que la última vez.
—Te ves mucho más apetecible que antes...
Susurró con una sonrisa.
No dio un solo paso.
Simplemente la observó.
Pero alguien más ya había sentido su presencia.
La pequeña ninfa levantó inmediatamente la cabeza.
Sus ojos se endurecieron.
—Está aquí...
Sin pensarlo dos veces, una luz verde envolvió todo su cuerpo.
Por primera vez, la pequeña criatura comenzó a crecer.
Sus alas desaparecieron.
Su cabello cayó hasta la cintura.
Cuando la luz se desvaneció...
Una joven de apariencia humana ocupaba su lugar.
Vestía un largo vestido verde y sus ojos conservaban el mismo brillo esmeralda.
Valery la observó sorprendida.
—¿Eres... tú?
La ninfa asintió.
—Necesito pasar desapercibida.
Después dirigió la mirada hacia el bosque.
—Él vino por usted.
Valery sintió nuevamente aquella presencia.
No necesitó preguntar.
Sabía perfectamente quién era.
—Julián...
Elena dio un paso hacia atrás.
—¿Quién?
—Después te lo explicaré.
La ninfa habló con firmeza.
—Debemos regresar al castillo.
Ahora.
Los guardias rodearon inmediatamente a Valery.
Elena caminó a su lado.
Todos comenzaron a correr.
Desde el bosque, Julián sonrió.
—Correcto...
Huyan.
Así será más divertido.
Las enormes puertas del castillo comenzaron a cerrarse.
Los soldados apenas lograban asegurar los enormes cerrojos cuando una explosión hizo temblar la entrada principal.
Julián apareció caminando entre el polvo.
Su sonrisa permanecía intacta.
—Solo vine a buscar a alguien.
Antes de que pudiera avanzar un paso más...
Una espada le cerró el camino.
—No darás otro paso.
Hugo Astor sostenía su espada apuntando directamente al pecho del ogro.
Julián soltó una carcajada.
—¿Y tú quién eres?
—El heredero de este imperio.
Julián apenas terminó de sonreír cuando Hugo atacó.
El acero atravesó el hombro del ogro.
La sangre brotó inmediatamente.
Pero Julián respondió con un fuerte golpe que obligó al príncipe a retroceder.
En ese mismo instante, una flecha atravesó el aire.
Se clavó en el costado del ogro.
Julián giró el rostro.
Sobre una de las murallas permanecía un elfo sosteniendo un arco plateado.
Su largo cabello blanco se movía con el viento.
—Llegué justo a tiempo.
Murmuró.
Era Zafar.
El mismo elfo que había sido enviado por su pueblo para proteger a la emperatriz.
Julián frunció el ceño.
—¿Ahora también los elfos?
Zafar no respondió.
Otra flecha salió disparada.
Después una más.
Y otra.
Julián apenas lograba esquivarlas mientras Hugo volvía a enfrentarlo cuerpo a cuerpo.
Dentro del castillo.
Valery apenas alcanzó a escuchar el estruendo del combate.
El miedo volvió a apoderarse de ella.
Las piernas comenzaron a temblarle.
La habitación dio vueltas.
La ninfa intentó sostenerla.
—¡Emperatriz!
Pero ya era tarde.
Valery perdió el conocimiento antes de tocar el suelo.
Las hadas aparecieron de inmediato.
Decenas de pequeñas luces rodearon el cuerpo de la joven formando un círculo protector.
Ninguna persona podía acercarse.
Ni siquiera la propia naturaleza parecía dispuesta a abandonarla.
En el exterior, Julián observó por un instante la ventana donde sabía que se encontraba Valery.
Después miró la sangre que corría por su brazo y su costado.
Había sido herido dos veces.
Una por Hugo.
La otra por Zafar.
Chasqueó la lengua con molestia.
—No esperaba tanta resistencia...
Retrocedió unos pasos.
—Pero esto aún no termina...
Con una sonrisa llena de promesas, desapareció entre la oscuridad del bosque.
Sin saber que, en ese mismo instante, muy lejos del Imperio del Sol, Valek ya había descubierto el nombre del verdadero enemigo que movía todas las piezas... y estaba dispuesto a iniciar una guerra que haría temblar a los tres imperios.