Tras morir, María reencarna en Alba, una extra destinada a ser sacrificada por su propia familia. Decidida a cambiar su destino, huye para cruzar el bosque prohibido en busca de la única familia que podría salvarla.
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Capítulo 10
Cuando Alba volvió a abrir los ojos, lo primero que sintió fue calor.
Un calor agradable.
Muy distinto al frío horrible de la lluvia de la noche anterior.
Parpadeó lentamente mientras miraba el techo de madera sobre ella.
Silencio.
Luego frunció el ceño.
—…¿Dónde estoy?
Se incorporó apenas un poco y observó alrededor.
La habitación era sencilla pero bastante cómoda. Había una cama decente, una pequeña mesa de madera, una ventana por donde entraba la luz de la mañana y una chimenea encendida en una esquina.
Alba abrió más los ojos.
Habitación desconocida.
Cama desconocida.
Lugar desconocido.
Su alma casi abandona el cuerpo.
—No me digas que me morí otra vez…
Murmuró horrorizada.
—Porque sinceramente ya no tengo ganas de reencarnar de nuevo.
Pero antes de que pudiera entrar completamente en pánico…
La puerta se abrió.
Y Alba olvidó hasta cómo respirar.
Un hombre entró a la habitación.
Alto.
Su cabello era largo, liso y de un rubio tan claro que parecía plata bajo la luz de la mañana, cayéndole hasta más abajo de la cintura en mechones suaves y ligeramente desordenados. Algunas hebras húmedas descansaban sobre su camisa blanca arremangada, como si acabara de lavarse.
Su rostro parecía tallado cuidadosamente.
Piel clara.
Nariz recta.
Labios finos.
Y unos ojos dorados, intensos y fríos, que parecían capaces de mirar directamente dentro del alma de alguien.
Pero lo que más llamó la atención de Alba…
Fueron sus orejas puntiagudas.
Silencio.
Alba lo miró fijamente.
El elfo la miró de vuelta.
Y mientras él caminaba hacia ella con expresión seria…
Ella estaba ocupada pensando:
“Madre mía… qué hombre tan absurdamente hermoso.”
El sujeto se detuvo frente a la cama.
—Al fin despiertas.
Su voz grave la sacó un poco de su trance.
—Pensé que ibas a pasarte el resto de tu vida durmiendo.
El tono seco y ligeramente molesto destruyó instantáneamente parte del encanto.
Ah.
Así que era guapo y amargado.
Perfecto.
Alba parpadeó un par de veces antes de reaccionar finalmente.
—¿Qué fue lo que pasó?
El hombre arqueó apenas una ceja.
—¿No lo recuerdas?
Se cruzó de brazos.
—Te desmayaste después de seguirme.
Y entonces Alba recordó todo de golpe.
El bar.
La fiebre.
El mareo.
Y ella cayéndose como costal de papas.
—Oh…
El elfo soltó un suspiro largo.
—Eres demasiado descuidada.
Alba levantó la vista hacia él.
—¿Cómo se te ocurre seguir a un extraño estando enferma?
Su ceño se frunció todavía más.
—¿Qué habría pasado si yo fuera un pervertido degenerado?
Alba abrió lentamente los ojos.
¿La estaba regañando?
¿A ella?
Se quedó unos segundos mirándolo incrédula.
Y sinceramente…
Eso la irritó un poco.
—Disculpa…
Se cruzó de brazos.
—Sí, gracias por ayudarme y todo eso, pero ¿por qué me regañas? ¿Acaso te crees mi padre?
El hombre soltó una risa seca.
—Jaa… ¿Así le hablas a la persona que cuidó de ti mientras estabas ardiendo en fiebre?
Alba frunció el ceño.
Pero justo entonces recordó algo muchísimo más importante.
Su dinero.
Su expresión cambió inmediatamente.
Miró alrededor alarmada.
—Espera…
Volteó hacia él rápidamente.
—¿No has visto una bolsa que traía conmigo?
Su tono sonó peligrosamente nervioso.
El elfo la observó un segundo antes de responder.
—Ah. ¿Hablas de esa vieja mochila?
Señaló debajo de la cama.
—Está ahí.
Alba prácticamente se lanzó fuera de la cama.
Se agachó rápidamente y cuando vio la bolsa sintió que el alma le regresaba al cuerpo.
—Ay gracias a los cielos…
La agarró enseguida y empezó a revisar desesperadamente dentro.
Las monedas seguían ahí.
Todo seguía ahí.
Casi llora de felicidad.
Pero cuando levantó la vista se dio cuenta de que el elfo seguía observándola.
Alba se aclaró la garganta rápidamente intentando recuperar dignidad.
Se puso de pie y le hizo una pequeña reverencia.
—De verdad te agradezco por cuidarme.
Esta vez habló sinceramente.
—Y también me disculpo por las molestias. Si hay alguna forma de compensarte…
El hombre la observó en silencio unos segundos.
Había algo extraño en ella.
Algo que no lograba entender.
Desde que la vio en el bar tenía la absurda sensación de conocerla de alguna parte.
Lo cual era imposible.
Él apartó ligeramente la mirada.
—Si de verdad quieres agradecerme…
Su voz volvió a sonar seca.
—Entonces vete y deja de causarme problemas.
Silencio.
Alba lo miró indignada.
Pero qué hombre tan grosero.
—Bueno, perdón por existir entonces.
Murmuró ofendida.
El elfo fingió no escucharla.
Alba caminó hacia una silla donde habían dejado su ropa acomodada y comenzó a vestirse rápidamente.
Luego sacó unas monedas de la bolsa y las dejó sobre la mesa.
—Igual… gracias.
Se dirigió hacia la puerta.
—Intentaré no morir por ahí.
Y salió de la habitación.
Apenas comenzó a bajar las escaleras, su estómago rugió tan fuerte que casi le dio vergüenza.
Alba se agarró el abdomen.
—…Creo que no he comido desde ayer.
Y considerando que había huido, incendiado una mansión y casi muerto de fiebre…
Bueno.
Tenía sentido.
La posada estaba bastante tranquila a esa hora.
Alba se acercó a pedir algo de comer y después fue a sentarse a una mesa.
No mucho después…
Escuchó pasos bajando las escaleras.
Levantó apenas la vista.
Y ahí estaba el elfo otra vez.
Sinceramente…
De verdad que es guapo.
Alba lo observó unos segundos.
Cabello blanco largo.
Ojos dorados.
Orejas puntiagudas.
Expresión eternamente amargada.
Parecía protagonista masculino traumado de novela de fantasía.
El hombre se sentó en una mesa alejada al fondo.
Alba desvió rápidamente la mirada antes de que la descubriera viéndolo.
Mientras comía, comenzó a organizar sus pensamientos.
Necesitaba comprar ropa.
Suministros.
Una mejor mochila.
Y quizás algo para defenderse.
Porque cruzar el bosque prohibido claramente no era un paseo turístico.
Su objetivo seguía siendo el mismo.
Llegar a Aethel.
La tierra de las brujas.
Tal vez ahí estaría a salvo.
Tal vez ahí finalmente dejarían de verla como un monstruo.
Estaba tan concentrada pensando que casi no escuchó la conversación de una mesa cercana.
—¿Escuchaste lo que pasó en la mansión Mallow?
Alba se tensó inmediatamente.
—Dicen que hubo un atentado y que gran parte de la mansión se quemó.
Alba casi se atraganta con la comida.
Tosió varias veces mientras agarraba rápidamente el vaso de agua.
—Sí, escuché que el barón está desesperado buscando al culpable.
—También dicen que desapareció alguien de la mansión…
Alba bajó lentamente la cabeza hacia su plato.
“…Bueno.”
Tomó otro pedazo de pan.
“…Eso no suena para nada sospechoso.”
Comió más rápido inmediatamente.
Sí.
Definitivamente necesitaba largarse de ahí cuanto antes.
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me encanta nuestra bruja desastrosa
felicidades
falta que thailor ceda😂
👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍
esta hermosa
pensé que cambiaría pero solo busca a su hija para sacrificarla /Determined/
pensé en la biblia...
Adán y Eva desnudos por el paraíso... 😂😂😂😂