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SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:13.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Preparativos

Ren llevaba tres días catalogando.

No era el tipo de persona que actuaba sin información. Nunca lo había sido. En sus años de competencia había aprendido que la diferencia entre ganar y perder raramente tenía que ver con la fuerza o la velocidad — tenía que ver con cuánto sabías del terreno antes de pisarlo.

Este terreno era complicado.

Pasó el primer día aprendiendo la mansión. No de forma obvia, no caminando con los ojos muy abiertos como quien está perdido, sino con naturalidad, como si simplemente le apeteciera caminar. Aprendió qué pasillos usaban los sirvientes y cuáles evitaban. Aprendió a qué hora el mayordomo hacía su ronda. Aprendió que había una puerta lateral en el ala este que los jardineros dejaban entreabierta por las mañanas.

Pasó el segundo día observando al personal. Quién hablaba con quién. Quién evitaba a quién. Quién miraba hacia el suelo cuando pasaba el secretario del duque y quién lo miraba de frente.

El tercer día lo pasó pensando.

Y al final del tercer día llegó a una conclusión que no le gustaba pero que era honesta:

Estaba completamente desprotegida.

No tenía aliados reales más allá de Sophia. No tenía acceso a información de lo que ocurría fuera de la mansión. No tenía dinero propio todavía. Y llevaba en el cuerpo a un hijo cuya existencia, según un rumor susurrado en un mercado, representaba una amenaza directa para el hombre más poderoso del imperio.

Si el emperador llegaba a escuchar ese rumor — y los emperadores siempre terminaban escuchando los rumores — ella y su hijo serían un problema que eliminar.

Necesito herramientas, pensó. Empezando por las más básicas.

—Sophia.

Era temprano. La luz de la mañana entraba oblicua por las ventanas de la habitación, todavía con esa cualidad dorada y suave de las primeras horas. Sophia estaba ordenando los vestidos del armario con una expresión de concentración que Ren ya reconocía como su estado natural de trabajo.

—¿Señorita?

—Necesito salir hoy.

Sophia se detuvo. Se giró despacio, con el vestido gris que sostenía todavía en las manos, y miró a Ren con una expresión que mezclaba sorpresa con algo que, si Ren tuviera que nombrarlo, llamaría alarma contenida.

—¿Salir... de la mansión?

—Eso es lo que dije, sí.

—Señorita. —Sophia eligió las palabras con cuidado—. La señora Adalyn nunca ha salido de la mansión desde que llegó al ducado.

—Lo sé.

—Los sirvientes van a comentarlo.

—También lo sé.

—El mayordomo probablemente lo reportará al duque.

—Seguramente.

Sophia apretó el vestido entre las manos un momento. Luego, con la resignación práctica de alguien que ha decidido que su trabajo es acompañar, no detener, lo dejó sobre la cama y preguntó:

—¿A dónde necesita ir?

Ren la miró.

—Necesito comprar cuchillos.

Silencio.

La expresión de Sophia hizo un recorrido interesante en aproximadamente dos segundos: sorpresa, confusión, preocupación, y finalmente esa especie de aceptación serena que Ren había empezado a asociar con ella cuando procesaba información inesperada.

—Señorita —dijo con cuidado—. ¿Para qué necesita cuchillos?

—Defensa personal.

—Usted está embar—

—Lo sé. —Ren la miró directamente—. Precisamente por eso.

Sophia abrió la boca. La cerró. Sus ojos miel recorrieron el rostro de Ren con esa atención particular que tenía, esa forma de mirar que iba más allá de la superficie, y Ren se preguntó brevemente cuántas cosas veía esta chica que no decía en voz alta.

—Conozco un lugar —dijo Sophia finalmente—. Hay alguien de confianza. Alguien que me ayudó mucho cuando mi hermana estaba enferma.

Ren asintió.

—Entonces vamos.

Salir de la mansión resultó ser más sencillo de lo que Ren esperaba y más complicado de lo que Sophia hubiera querido.

Sencillo porque la puerta lateral del ala este estaba, efectivamente, entreabierta. Y porque a esa hora los dos sirvientes que normalmente custodiaban el acceso al jardín estaban ocupados con un problema en la cocina que había resultado en un cubo de agua volcado y mucho ruido.

Complicado porque Sophia insistió en que Ren se pusiera una capa con capucha antes de salir, argumentó que hacía frío aunque no hacía tanto frío, y luego pasó tres minutos ajustando la capucha a una altura que, según ella, cubría lo suficiente sin resultar sospechosa.

—Sophia —dijo Ren mientras la chica le subía el cuello de la capa por tercera vez—. Puedo respirar perfectamente sin que me cubras la nariz.

—Solo un momento más, señorita.

—Ya van cuatro momentos.

—Este es el último, lo prometo.

Ren esperó con paciencia.

El quinto ajuste fue el definitivo.

El pueblo que había visto desde la ventana era más grande de lo que parecía desde arriba. Las calles principales estaban pavimentadas con adoquines irregulares que hacían que caminar requiriera cierta atención, cosa que Ren agradeció porque le daba una razón legítima para mirar hacia el suelo cuando pasaban por zonas concurridas.

Caminaban despacio. No por discreción sino porque Ren había descubierto esa mañana, al bajar las escaleras de la mansión, que el cuerpo de Adalyn tenía opiniones propias sobre la velocidad. No era dolor exactamente. Era más bien una especie de peso diferente, una conciencia nueva de que había algo dentro de ella que ocupaba espacio y requería consideración.

Voy a tener que acostumbrarme a esto, pensó.

No había tenido mucho tiempo para procesar la realidad del embarazo más allá de sus implicaciones estratégicas. Era el tipo de cosa que su mente aplazaba metódicamente, colocándola en la categoría de asuntos pendientes de procesar cuando haya un momento, una categoría que en los últimos tres días no había tenido oportunidad de abrirse.

Quizás era mejor así. Por ahora.

—Por aquí, señorita.

Sophia dobló hacia una calle más estrecha y menos transitada. Las casas aquí eran más bajas, con fachadas de madera oscura y ventanas pequeñas. Olía a metal caliente y a algo que Ren identificó como aceite para cuero.

Se detuvieron frente a una puerta sin letrero. Solo un herraje de hierro en forma de hoja de espada que podría haber pasado por decoración si no supiera lo que buscaba.

—Es aquí —dijo Sophia. Y luego, más bajo, casi para sí misma—: Espero que no haya cambiado mucho.

Había algo en su voz. No nostalgia exactamente. Algo más parecido a la precaución de quien se acerca a un recuerdo que no sabe si todavía duele.

Ren empujó la puerta.

La tienda era exactamente el tipo de lugar que parece descuidado hasta que miras con atención.

La fachada, el suelo, las paredes — todo tenía esa pátina de uso constante y poco interés por la apariencia. Pero las armas eran otra historia. Estaban ordenadas con una precisión que Ren reconoció de inmediato: no era la precisión decorativa de quien quiere que las cosas se vean bien, sino la precisión funcional de quien sabe exactamente dónde está cada cosa y necesita poder encontrarla en oscuridad.

Había espadas cortas, largas, cuchillos de distintos tamaños dispuestos por longitud de hoja, hachas pequeñas colgadas en la pared del fondo. Nada brillaba demasiado. Todo tenía el aspecto mate de objetos que se limpian para que funcionen, no para que luzcan.

Este lugar lo atiende alguien que sabe lo que hace, pensó Ren.

En la parte superior de un estante alto, de espaldas a la puerta, un joven ordenaba algo con movimientos concentrados. Cabello marrón, espalda ancha bajo una camisa de trabajo, pantalón oscuro con un mandil de cuero que tenía manchas de aceite que ninguna cantidad de lavado iba a quitar del todo.

Sophia aclaró la garganta.

El joven se giró rápido, sorprendido, y en el movimiento rozó sin querer el mango de un cuchillo que estaba apoyado en el borde del estante. El cuchillo cayó.

Los tres lo vieron caer.

Aterrizó a unos centímetros del pie del joven con un sonido metálico limpio.

Nadie habló por un momento.

—Lo siento, Nitan —dijo Sophia, con una culpa genuina en la voz—. No quise asustarte.

El joven — Nitan — miró el cuchillo en el suelo. Luego miró a Sophia. Y en su rostro ocurrió algo que Ren observó con atención: no fue alivio exactamente, ni sorpresa de ver a alguien conocido. Fue algo más complejo, una emoción que pasó tan rápido que casi no dejó rastro, como una nube cruzando un cielo despejado.

—No te preocupes —dijo, tocándose la nuca con una mano. Era un gesto automático, el tipo que los cuerpos hacen cuando la mente está procesando algo diferente a lo que dice la boca—. ¿Qué haces por aquí? Hace mucho tiempo que no...

Se detuvo.

Bajó la vista brevemente.

—Estoy bien —dijo Sophia, con esa misma ligereza cuidadosa de siempre—. Vine con mi señorita.

Se hizo a un lado.

Ren bajó la capucha.

El silencio que siguió fue de una variedad específica que Ren había empezado a reconocer en este mundo: el silencio de alguien que ve el cabello rojo y los ojos rojos y no sabe exactamente qué hacer con esa información. Nitan la miró. No con miedo, que era lo más común. Con algo más parecido a la cautela evaluadora de quien aprende rápido y no se fía de los rumores hasta tener evidencia propia.

Ren lo evaluó a su vez.

Tendría unos veinticuatro años. Delgado pero con la musculatura específica de quien trabaja con las manos durante horas todos los días. Ojos negros que miraban directamente. No había en él ninguna de las reverencias exageradas ni los encogimientos que Ren había visto en el personal de la mansión cuando se acercaba a ellos.

Interesante, pensó.

—Hola —dijo Ren—. Mi nombre es Adalyn. Sophia me ha hablado bien de ti.

Nitan bajó del último peldaño del estante y recogió el cuchillo del suelo antes de responder.

—Nitan —dijo, con una inclinación breve y práctica—. ¿En qué puedo ayudarla?

Directa. Sin rodeos. Sin protocolo excesivo.

Ren decidió que le caía bien.

—Necesito cuchillos —dijo—. Que pueda esconder en mi ropa. Si pudiera atarlos al cuerpo, mejor. —Una pausa—. Delgados pero fuertes. Que no pierdan el filo con el uso.

Nitan la miró un momento. Sus ojos bajaron brevemente, de forma casi imperceptible, al contorno de la capa, y Ren entendió que había notado el embarazo. Algunas personas tenían ese tipo de atención.

No dijo nada al respecto.

—¿Para uso personal exclusivo? —preguntó en cambio.

—Sí.

—¿Tiene experiencia con armas blancas?

Era una pregunta que nadie le haría a la Adalyn original. Ren lo sabía. Pero era la pregunta correcta, la pregunta que alguien hace cuando quiere saber qué está fabricando y para quién, y eso le subió otro punto en su valoración.

—Algo de experiencia —dijo Ren, que era técnicamente verdad aunque la experiencia fuera de otro cuerpo en otro mundo—. Suficiente para no cortarme los dedos.

Algo cruzó el rostro de Nitan. No exactamente una sonrisa. Más bien la insinuación de una.

—¿De qué tamaño?

—Que quepan así. —Ren extendió la mano y marcó una longitud aproximada con los dedos—. Hoja entre quince y veinte centímetros. Mango corto.

Nitan asintió despacio. Fue hacia el mostrador, sacó un papel y un carboncillo, y empezó a hacer un boceto con la práctica de alguien que ha tenido esta conversación muchas veces.

—¿Cuántos?

—Dos. Que sean iguales.

—¿Preferencia de metal?

—El más fuerte que tengas.

Levantó los ojos del papel.

—El más fuerte es también el más caro.

—Lo sé.

Volvió al boceto. Trabajaba rápido, con trazos seguros. Ren se acercó al mostrador para ver el dibujo y reconoció de inmediato que la forma era buena: hoja estrecha, doble filo, equilibrio de peso ligeramente hacia la empuñadura para facilitar el agarre rápido.

Sabe lo que hace, confirmó.

—Una semana —dijo Nitan, sin levantar la vista—. Confíe en mí.

Era la frase de alguien acostumbrado a que no confíen en él de entrada. No lo dijo con insistencia ni con necesidad de convencer. Solo lo dijo, y lo dejó ahí.

Sophia se acercó a él y puso sobre el mostrador diez monedas de oro. Nitan las miró. Extendió una mano para devolver la mitad.

—Es demasiado para—

—Acéptalo —dijo Ren.

Nitan levantó los ojos.

Ren lo miró con calma.

—El trabajo que describes vale esto —dijo—. Probablemente más. No me gusta pagar por debajo del valor de las cosas.

Silencio breve.

Nitan retiró la mano sin tomar las monedas que había intentado devolver.

—Me esforzaré para darle un buen trabajo —dijo.

—Eso espero. —Ren ya se estaba poniendo la capucha—. Sophia vendrá a recogerlos.

Caminó hacia la puerta. Antes de salir, sin girarse, añadió:

—Cuidaste bien de ella y de su hermana. Eso no es algo que se hace por obligación.

No esperó respuesta.

Empujó la puerta y salió.

Afuera el aire era frío y olía a pan recién hecho de alguna panadería cercana. Ren se detuvo un momento en el umbral, respirando despacio, dejando que el ruido del pueblo se asentara a su alrededor.

Sophia salió unos segundos después. Caminó a su lado en silencio durante casi una cuadra antes de hablar.

—¿Cómo supo lo de su hermana? —preguntó en voz baja—. Yo nunca le conté eso.

—No lo sabía con certeza —dijo Ren—. Pero la forma en que él se detuvo antes de terminar la frase. La forma en que bajó la vista. —Hizo una pausa—. Uno aprende a leer esas cosas.

Sophia no respondió de inmediato.

—¿Lo aprendió en su otra vida? —preguntó finalmente. Y luego, como si se diera cuenta de lo que acababa de decir, añadió muy rápido—: Perdone, señorita. No debí—

—No. —Ren la miró de reojo—. Está bien.

Caminaron otro momento en silencio.

—¿Hay algo que quiera preguntarme? —dijo Ren—. Sobre lo que soy o lo que pasó.

Sophia pensó un momento con esa seriedad honesta que le era característica.

—Solo una cosa —dijo finalmente.

—¿Cuál?

—¿Va a proteger al bebé?

Ren se detuvo.

Miró a Sophia.

La chica la miraba de frente, sin timidez, con esa forma directa de mirar que usaba cuando algo le importaba de verdad.

Ren pensó en Adalyn. En la niña de cabello rojo que aprendió a no llorar donde pudieran verla. En la mujer de diecisiete años que había llegado a esa mansión esperando que alguien viniera a buscarla.

Nadie había venido.

—Sí —dijo Ren.

No agregó nada más. No hizo falta.

Sophia asintió una vez, con esa seriedad de quien acaba de tomar una decisión propia, y siguió caminando.

Ren la siguió.

Segunda lección confirmada, pensó. Los aliados no se compran. Se ganan.

Y se mantienen diciéndoles la verdad.

Llegaron a la mansión por la misma puerta lateral del ala este.

Los jardineros seguían ocupados. La puerta seguía entreabierta. Nadie las vio entrar.

O al menos, nadie que Ren pudiera ver.

Lo cual no era exactamente lo mismo que nadie.

En el corredor del ala norte, a dos plantas por encima del jardín, el secretario Devan bajó la vista de la ventana y volvió a los documentos que tenía sobre la mesa.

Tomó el carboncillo. Escribió dos líneas en su cuaderno de notas.

La duquesa salió de la mansión esta mañana. Regresó sin incidentes.

Sugiero vigilancia discreta.

Cerró el cuaderno.

Y siguió trabajando.

1
Fabiruchisss
core p coreeeeeeee
AVE FÉNIX
espero no tarden en actualizar x k novelas como esta hay muchas y son excelentes pero es una lástima k jamás las vuelvan a actualizar y solo nos dejen con la intriga
Guillermo Mora
Excelente
Geraldine Diaz Torres
tu novela es excelente 👌, continualo vas a tener muchos seguidores /Drool//Drool//Drool//Drool/
Estrella Olguin Estrada
más capitulos para leer
Geraldine Diaz Torres
más capitulos
Sol Garcia
me encanta
buenisima historia
me encanta la protagonista..

más capítulos xfavor
Lourdes Chirinos Manrriques
lastima, tan buena novela y no la terminaron y la otra tambien uno se quedó picado con la lectura. felicidades escritora ojalá y las termines para disfrutar tus 2 historias
Marimar Ponce Ramos
Me fascina
Lesli Alonzo
más capítulos
Marimar Ponce Ramos
Me encanta espero que sigas está increíble
Yamilcadbr
Me da algo de risa Adalyn con la montaña de papeles a leer, me hace recordar a mi cuando estaba en la universidad.
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏 más capitulo porfavor
Yamilcadbr
súper enamorada de la novela 💗😍
Yamilcadbr
Me encanta Adalyn
Esther Rojas
para cuando hay otro capitulo?
Esther Rojas
me encanta, primera historia que encarna en una embarazada y e gusto es algo único hasta ahora
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Monse Moreno
mas porfavor
Eymi
xfa más capa plis 🙏🙏🙏🙏
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