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El Legado De Las Sombras

El Legado De Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Romance / Edad media / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

La paz en el Imperio costó sangre, pero una nueva generación de lobos ha despertado. A sus treinta años, Theo Valerius es el implacable General de Hierro del Norte; a sus dieciocho, el arrogante príncipe Alexander lidera las Black Shadows. Ambos son letales, posesivos y capaces de quemar el reino por proteger a su familia... especialmente a Lucero, la indomable joya de veinticuatro años que adora desafiar su control y volver locos de celos a su hermano y a su primo.
Entre bailes de gala plagados de pretendientes en la mira, secretos oscuros y pasiones prohibidas que amenazan con romper la corte, los herederos del trono deberán enfrentar su propio destino. El juego de poder ha cambiado, y el verdadero caos apenas comienza.

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Capítulo 7: La redada del rubio en los suburbios

El distrito de los muelles bajos apestaba a brea, pescado rancio y agua estancada. Era un rincón de la capital donde la ley imperial se diluía entre las tabernas de mala muerte y los callejones sin salida. Un escenario idóneo para los contrabandistas, pero completamente ajeno a la naturaleza de Alexander. Sin embargo, allí estaba el príncipe heredero, mimetizado entre las maderas podridas de un almacén abandonado.

A sus dieciocho años, Alexander poseía un porte aristocrático difícil de camuflar. Su cabello, de un rubio brillante que heredó de la línea directa de la familia imperial, estaba parcialmente oculto bajo la capucha de su casaca de cuero oscuro, pero bastaba un rayo de luna para que sus ojos claros destellaran con una fijeza implacable. No vestía las ropas ostentosas del palacio, pero su arrogancia innata se manifestaba en la forma en que dictaba las órdenes con la mano apoyada en la empuñadura de su acero. A su alrededor, cuatro hombres de las *Black Shadows* permanecían apostados como gárgolas invisibles, esperando su señal.

Esta vez no iba a permitir que se le escapara. El orgullo del príncipe había quedado maltrecho tras el encuentro en los tejados, y su temperamento posesivo exigía una reparación inmediata. Había diseñado la trampa con una meticulosidad obsesiva: un soplo deliberado en las tabernas del puerto sobre un supuesto cargamento de piedras preciosas y planos de la frontera sur que saldría esa misma noche hacia los mercados clandestinos. Un cebo demasiado apetitoso para una ladrona que, según las sospechas de su primo Theo, operaba para la inteligencia extranjera.

El silencio de la noche se rompió con el crujido casi imperceptible de una viga de madera en el techo del galpón.

Alexander alzó la vista sutilmente. Una silueta esbelta, vestida con ropas holgadas de lona oscura y el rostro cubierto por un pañuelo gris, descendió por una de las cuerdas de carga con la ligereza de una araña. La chica aterrizó sin hacer ruido exactamente junto al gran arcón de madera que el príncipe había colocado en el centro del espacio iluminado por una sola linterna de aceite.

Con dedos rápidos y hábiles, la ladrona forzó la cerradura de latón en un par de segundos. Al abrir la tapa, la luz de la linterna reveló el contenido: hileras de piedras de vidrio común y un pergamino con anotaciones absurdas.

—¿Cristal de roca de las minas del oeste? —La voz de la joven, un murmullo ronco y divertido, resonó en el eco del almacén—. Vaya, el servicio de inteligencia del Imperio está perdiendo el presupuesto. Esto no paga ni el pasaje de un bote.

—No, pero paga tu arresto —declaró Alexander, emergiendo de la penumbra del fondo del galpón.

A una seña de su mano, las *Black Shadows* bloquearon las tres salidas transitables del recinto, cerrando las pesadas puertas de madera con cerrojos de hierro. El espacio quedó sellado.

Cualquier delincuente común habría entrado en pánico al verse rodeado por la élite militar del Imperio, pero la princesa menor del reino enemigo, oculta tras sus harapos de contrabando, simplemente enderezó la espalda y apoyó una mano en su cadera. Sus ojos grises, tormentosos y cargados de un brillo desafiante, miraron directamente al príncipe rubio. Una risa suave y descarada se filtró a través del pañuelo gris.

—El lobito rubio ha aprendido a poner trampas —se burló ella, cruzando los brazos sin mostrar el menor asomo de temor—. ¿Viniste en persona a cobrarte el colgante de plata, Majestad? Pensé que estarías ocupado en algún baile de la corte aprendiendo a no tropezar con tu propia capa.

La suficiencia de la chica encendió la pólvora en la sangre de Alexander. La humillación de la noche anterior y la burla actual se mezclaron con un impulso posesivo y territorial que nubló su juicio protocolar. No quería que sus hombres la tocaran; quería someterla él mismo, demostrarle quién tenía el control absoluto en ese territorio.

—Cierra la boca —siseó el príncipe, acortando la distancia con una zancada felina.

Alexander atacó sin desenvainar su espada, buscando inmovilizarla con un agarre limpio. Pero la joven era un torbellino de agilidad. Se agachó esquivando su primer intento, barrió la pierna de Alexander con un movimiento bajo y, cuando el príncipe recuperó la estabilidad utilizando su fuerza física superior, ella ya le estaba encajando un golpe con la palma de la mano en el pecho.

El enfrentamiento cuerpo a cuerpo se volvió un combate sucio, rápido y cargado de una tensión física asfixiante. Alexander, haciendo valer su envergadura y el entrenamiento militar riguroso que Christopher le había impuesto desde la infancia, logró arrinconarla contra uno de los pilares de soporte del almacén. Con un movimiento brusco y posesivo, atrapó ambas muñecas de la chica con una sola de sus manos, presionándolas por encima de su cabeza contra la madera, mientras usaba su propio cuerpo para bloquearle cualquier posibilidad de escape o rodillazo.

Los rostros de ambos quedaron a escasos centímetros de distancia. Alexander respiraba con dificultad, sus ojos claros fijos en la mirada gris de la cautiva, disfrutando de la sensación de tenerla finalmente bajo su control.

—Te tengo —declaró Alexander, su voz baja y posesiva vibrando entre ambos—. Se acabó el juego de la ladrona. Ahora me vas a decir quién eres y qué buscas en mi Imperio, o te aseguro que las mazmorras no serán tan amables como yo.

La joven se mantuvo inmóvil bajo la presión del cuerpo del príncipe. Sin embargo, en lugar de someterse, sus ojos grises se entrecerraron con una frialdad política que descolocó por completo al heredero. Con un esfuerzo supremo, la chica estiró el cuello hacia adelante, acortando la distancia que los separaba hasta que sus labios rozaron el lóbulo de la oreja de Alexander. Sus manos atrapadas no se movieron, pero su aliento cálido contrastó con las palabras heladas que susurró directamente a su oído:

—Dile a tu padre que el Halcón de dos cabezas está perdiendo las plumas en el sur, Alexander... Si no dejas de jugar a los soldados y miras la frontera, el invierno no será lo único que arrase con tu trono. Mi hermano ya está adentro.

Alexander se quedó completamente helado, el pulso se le detuvo un instante y la fuerza de su agarre flaqueó ante el impacto de la revelación. La mención del Halcón de dos cabezas y el conocimiento exacto de las claves del pergamino negro no eran datos que una simple delincuente de los suburbios pudiera manejar.

Ese segundo de distracción fue todo lo que la princesa necesitó. Aprovechando el súbito aflojamiento de los dedos del príncipe, la joven sacó una pequeña esfera de arcilla de su manga y la estrelló contra el suelo entre las botas de ambos. Una densa y cegadora cortina de humo gris con olor a azufre inundó el almacén en un parpadeo.

Alexander tosió, retrocediendo un paso mientras intentaba tantear a ciegas en la oscuridad. Cuando las *Black Shadows* lograron dispersar la niebla abriendo los ventanales superiores, el pilar estaba vacío. Solo quedaba un trozo de cuerda cortada y la ventana del techo entornada por el viento. La escurridiza mujer había desaparecido una vez más sin dejar rastro.

El príncipe heredero regresó al palacio imperial bien entrada la madrugada, cruzando los pasillos con el rostro endurecido y rechazando el saludo de los guardias de la corte. Su mente era un hervidero de frustración y rabia por haberla tenido tan cerca y haberla dejado ir debido a una provocación verbal. Sin embargo, detrás de la molestia política por la seguridad del Imperio, la obsesión personal se había arraigado de forma definitiva en sus entrañas. Ya no era solo una cuestión de orgullo militar o de resolver el acertijo de las fronteras; Alexander deseaba con una ferocidad territorial someter a esa mujer, descubrir el rostro detrás del pañuelo gris y hacerla suya por completo, sin importar que tuviera que prender fuego a los suburbios enteros para encontrarla.

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Judy
Hermosa segunda parte!!!!
Judy
Me encantó la historia!!! Felicitaciones!! Pero me quedé con ganas de un poquito más, saber más del matrimonio y desendencia de las tres parejas. Espero con ansias la historia de los gemelos y que hables un poco más del resto de la familia. Un consulta Christopher el emperador solo un solo hijo, Alexander???
Sabri Nahir Zapata Zini
Excelente continuación!!
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Sin desperdicio simplemente sensacional
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Sensacional como siempre
Aura Prieto MPH
😈
Aura Prieto MPH
LOS GEMELOS SON TERRIBLES JAJAJAJAJAJA
Limaesfra🍾🥂🌟
fue una historia sensacional. Gracias y felicitaciones🌺💐
Limaesfra🍾🥂🌟
bien ahi, recuperando el reino
Limaesfra🍾🥂🌟
guauu emoción al tope
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Capítulos emocionantes
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Alexander tan posesivo como su padre
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Siii me encantaría leer la historia de los gemelos apostadores
Limaesfra🍾🥂🌟
se que es su hno pero creo que el ya exagera. Es un tonto re tonto
Limaesfra🍾🥂🌟
al fin no??😬🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
les falta un poco de humildad
Limaesfra🍾🥂🌟
es una fascinante historia
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
uuuu Lucero sera emperatriz🤪🤪
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣
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