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Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Posesivo
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

En una gala impecable, donde todo está cuidadosamente controlado, Amalia Vélez observa en silencio desde el anonimato, como siempre: presente, pero invisible.

Todo transcurre según lo planeado... hasta que él aparece.

Vladímir Alekséi Morán.

Su presencia no altera el ambiente de forma evidente, pero sí lo tensiona. Es un hombre que no necesita moverse ni hablar para dominar el espacio. Y cuando sus miradas se cruzan, no hay sorpresa ni curiosidad... sino reconocimiento.

Un instante silencioso, cargado de peligro.

Ella se aparta primero, como dicta su mundo. Pero sabe que él no es un hombre cualquiera... y que esa noche no terminará igual.

Desde la perspectiva de Vlad, ella no debería ser distinta al resto. Una mujer más, elegante pero irrelevante. Sin embargo, algo en ella no encaja: no busca atención, no reacciona, no quiere nada de él.

Y eso la vuelve imposible de ignorar.

NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

17_ Lineas que no deben cruzarse

El aire aún estaba cargado.

Denso.

Como si las palabras anteriores siguieran flotando entre ellos.

Amalia no se movió de inmediato.

Pero su mente...

ya había dado el siguiente paso.

Giró apenas el rostro.

Lo suficiente para sentir su cercanía.

Lo suficiente para mantener el control.

Y entonces habló.

En ruso.

Su voz baja.

Suave.

Pero con un filo peligroso.

-А что, если моей одержимостью станешь ты, Владímир Алексей Моран...?

Silencio.

"¿Y si fueras tú mi obsesión, Vladímir Alekséi Morán...?"

No fue una pregunta inocente.

Fue una provocación.

Directa.

Medida.

Personal.

Vlad no dudó.

Ni un segundo.

Como si hubiera estado esperando exactamente eso.

Se inclinó apenas más cerca.

Su voz igual de baja.

Igual de firme.

-Для меня было бы честью...

Pausa.

Una leve sonrisa.

Oscura.

-...стать ею, мышка.

"Sería más que un honor... serlo, ratoncita."

Silencio.

Pero no vacío.

Cargado.

Vivo.

Peligroso.

Amalia sintió el peso de esas palabras.

No como debilidad.

Como advertencia.

Y aun así...

sonrió.

Leve.

Elegante.

Incontrolable.

Se apartó.

Por decisión.

No por necesidad.

Se puso de pie.

Con calma.

Con esa elegancia que no pedía atención...

pero la obtenía.

-Ох, котёнок... -murmuró.

Su voz ahora más ligera.

Pero igual de peligrosa.

Se giró hacia él.

Sus ojos brillaron apenas.

-будь осторожен с тем, чего желаешь.

"Oh, gatito... ten cuidado con lo que deseas."

Y entonces-

le guiñó un ojo.

Un gesto pequeño.

Pero devastador.

Porque no era coquetería.

Era poder.

Era control.

Era promesa.

O amenaza.

Dependía de quién mirara.

Vlad no se movió.

No la detuvo.

No habló.

Pero sus ojos...

la siguieron.

Cada paso.

Cada movimiento.

Cada segundo.

Amalia caminó hacia la puerta.

Sin prisa.

Sin mirar atrás.

Porque no lo necesitaba.

Sabía perfectamente...

que él la estaba observando.

Y justo antes de salir-

se detuvo.

Un segundo.

Nada más.

Como si pensara algo.

Como si dejara algo en el aire.

Y luego-

salió.

La puerta se cerró suavemente.

Silencio.

Vlad quedó solo.

Pero no realmente.

Porque su presencia...

seguía ahí.

En el aire.

En el espacio.

En su mente.

Y entonces-

sonrió.

Lento.

Oscuro.

Real.

-Опасная... -murmuró.

"Peligrosa..."

Pausa.

Sus ojos brillaron apenas.

-Но теперь моя.

"...pero ahora mía."

Y por primera vez...

no era solo estrategia.

No era solo cacería.

Era algo más.

Algo que ninguno de los dos iba a detener.

Porque ambos...

ya habían cruzado la línea.

FLASHBANK

El aire aún estaba cargado.

Denso.

Como si las palabras siguieran suspendidas entre ellos.

Amalia no se movió de inmediato.

Pero su mente...

ya había dado el siguiente paso.

Giró apenas el rostro.

Lo suficiente para sentir su cercanía.

Y habló.

En ruso.

-А что, если моей одержимостью станешь ты, Владímир Алексей Моран...?

¿Y si fueras tú mi obsesión, Vladímir Alekséi Morán...?

Silencio.

Una provocación.

Directa.

Peligrosa.

Vlad no dudó.

-Для меня было бы честью... стать ею, мышка.

Sería más que un honor... serlo, ratoncita.

Amalia sonrió apenas.

Se apartó.

Se puso de pie con elegancia.

-Ох, котёнок... будь осторожен с тем, чего желаешь.

Oh, gatito... ten cuidado con lo que deseas.

Un guiño.

Y se fue.

La puerta se cerró suavemente.

Silencio.

Vlad sonrió.

Lento.

Oscuro.

-Опасная... но теперь моя.

Peligrosa... pero ahora mía.

Y en ese instante-

ambos lo supieron.

Habían cruzado la línea.

FIN DEL FLASHBANK

Días después...

Habían pasado días.

Pero no los suficientes.

Vladímir Alekséi Morán no olvidaba.

Analizaba.

Y ella...

no era un recuerdo.

Era una anomalía.

-¿Avances? -preguntó, mirando la ciudad desde lo alto de Morán Tecnologi.

-Nada sólido -respondió su mano derecha-.

-La organización es limpia.

-Pero "Lía"... no encaja.

Vlad sonrió levemente.

-Claro que no.

Pausa.

-Porque no es ella.

Silencio.

-No la presionen.

-No quiero que desaparezca.

-Entendido.

Pero su mente...

seguía en ella.

En su voz.

En su advertencia.

-"Ten cuidado con lo que deseas..."

-Demasiado tarde... -murmuró.

Mientras tanto-

Amalia mantenía el control.

Perfecto.

Invisible.

-Sigue mirando -dijo Iván.

-Pero no actúa.

-Es paciente -respondió ella.

Pausa.

-Eso lo hace interesante.

-¿Le darás algo más?

-No.

Pausa.

-Que piense.

-Que dude.

-Que quiera entender.

Silencio.

-Eso lo acerca más.

Y entonces-

el patrón cambió.

-Actividad irregular -dijo Iván.

Amalia levantó la mirada.

-Entradas simultáneas.

-Coordinación externa.

Pausa.

-No es de él.

Silencio.

Una leve sonrisa.

-No...

Pausa.

-Esto es de alguien que no entiende el juego.

-¿Procedemos?

Amalia negó.

-No.

Silencio.

-Voy a observar.

Pausa.

-Quiero ver qué tan lejos llega.

-Activa sombras.

-Protección total a empleados.

-Sin exposición.

-Entendido.

Ataque en curso...

A kilómetros de distancia-

en Morán Tecnologi-

las pantallas cambiaron.

-Señor.

-Movimiento detectado.

Vlad no se giró.

-Ubicación.

-Organización de Eventos de Élite.

Silencio.

-Grupo armado.

-Ingreso coordinado.

-No son nuestros.

Los ojos de Vlad se endurecieron.

-Claro que no.

-Origen probable...

Pausa.

-Irina.

Una leve sonrisa.

Oscura.

-Imaginé.

Y entonces-

decisión.

-Bloqueen accesos.

-Cámaras externas.

-Cierren el sistema interno.

-Quiero ese edificio bajo control...

Pausa.

-sin estar ahí.

-Sí, señor.

Las pantallas comenzaron a moverse.

Puertas bloqueándose.

Ascensores detenidos.

Luces alteradas.

Señales interferidas.

Dentro del edificio-

el caos empezó.

No con gritos.

Con precisión.

Los atacantes avanzaban.

Rápidos.

Silenciosos.

Pero algo no encajaba.

Puertas que no abrían.

Pasillos bloqueados.

Cámaras apagándose.

-¿Qué demonios...?

-Estamos perdiendo control.

Sombras.

Invisible.

Moviéndose entre ellos.

Protegiendo empleados.

Desviando rutas.

Sacando gente sin ser vistos.

Amalia observaba.

Todo.

Y entonces-

otra capa.

Más profunda.

Más agresiva.

-Interferencia externa -dijo Iván.

Amalia no apartó la mirada.

-Es él.

Silencio.

Una sonrisa más marcada.

-Desde lejos...

Las pantallas mostraban a Vlad.

Frío.

Preciso.

Letal.

-Está tomando el sistema completo -dijo Iván.

-Sí...

Pausa.

-Y lo está haciendo por mí.

En Morán Tecnologi-

Vlad no parpadeaba.

-Aíslen al grupo principal.

-Divídanlos.

-Quiero errores.

-Quiero caos en ellos.

-Pero no en el edificio.

-Ejecutando.

Las rutas cambiaron.

Puertas se cerraron detrás de los atacantes.

Alarmas falsas.

Señales cruzadas.

-Nos están guiando...

-¡No, nos están encerrando!

Demasiado tarde.

Un atacante logró avanzar más de lo previsto.

Un empleado quedó expuesto.

Pánico.

Un segundo.

Nada más.

Pero suficiente.

La luz se apagó.

La puerta se cerró de golpe.

Separándolos.

Silencio.

El atacante giró.

Confundido.

Atrapado.

-¿Qué...?

Desde lejos-

Vlad observó.

Sus ojos fríos.

-Nadie toca lo que me interesa.

Pausa.

-Nadie.

El sistema se cerró completamente.

Los atacantes quedaron aislados.

Separados.

Perdidos.

Controlados.

Amalia lo vio todo.

Cada movimiento.

Cada decisión.

-Nivel -preguntó Iván.

Amalia no dudó.

-Alto.

Pausa.

Sus ojos brillaron.

-Muy alto.

Porque él no estaba defendiendo territorio.

No estaba protegiendo negocios.

Estaba reaccionando...

por ella.

-Sigue -murmuró.

Sin apartar la mirada.

-Quiero ver hasta dónde llega...

Y por primera vez-

Amalia Vélez

no estaba completamente segura

de tener el control absoluto.

Y eso...

la hizo sonreír.

El sistema ya estaba bajo control.

Los atacantes, contenidos.

El edificio, asegurado.

Todo... exactamente como debía.

Y aun así-

Amalia no apartaba la mirada de las pantallas.

Porque faltaba algo.

-Se están replegando -dijo Iván.

-Sí... -respondió ella.

Pausa.

Sus ojos se afilaron apenas.

-Pero ella no.

Silencio.

-Irina.

El nombre cayó con precisión.

Y entonces-

la pantalla cambió.

Un nuevo ángulo.

Un nuevo punto.

Una figura avanzando entre el caos con una calma inquietante.

Elegante.

Letal.

Irina.

-Entró sola -dijo Iván.

-No confía en nadie -respondió Amalia.

Pausa.

Una leve sonrisa.

-Eso la hace predecible.

-¿Procedemos?

Amalia negó suavemente.

-No.

Iván la miró.

-¿Va a dejar que llegue hasta usted?

Amalia sostuvo su mirada.

-Voy a dejar que él vea.

Pausa.

-Quiero saber qué hace cuando cree que puede perder.

Y entonces-

Amalia salió del cuarto de control.

Sin prisa.

Sin escolta visible.

Sin esconderse.

Cada paso calculado.

Cada movimiento parte del plan.

Iván no la detuvo.

Porque entendía.

Esto ya no era solo estrategia.

Era una prueba.

Amalia avanzó por el edificio hasta detenerse en un punto abierto, visible... expuesto.

O eso parecía.

Irina apareció frente a ella.

El ambiente se tensó.

Silencio.

Dos miradas.

Dos mundos.

Pero no dos iguales.

-Así que tú eres... -murmuró Irina, recorriéndola con desdén-.

-No pareces gran cosa.

Amalia no respondió.

Solo la observó.

Fría.

Analítica.

Como si estuviera midiendo algo.

Eso bastó para irritarla.

Irina levantó el arma.

Directa.

Precisa.

Apuntando a la cabeza de Amalia.

-¿Esto es lo que le interesa ahora? -escupió-.

-Debería decepcionarlo.

Silencio.

Amalia sonrió.

Leve.

Elegante.

Peligrosa.

-Depende... -murmuró-

-de lo que esté buscando.

Irina entrecerró los ojos.

No entendía.

Y ese era el problema.

Porque ella estaba reaccionando.

Y Amalia...

ya había terminado de jugar antes de empezar.

En otro punto del edificio-

invisible-

una mira ya estaba fija.

Pulso estable.

Respiración controlada.

Un disparo listo.

Directo.

A la cabeza de Irina.

Las sombras no se veían.

Pero estaban ahí.

Siempre lo estaban.

Y Amalia lo sabía.

Por eso no se movía.

Por eso no temblaba.

Por eso...

sonreía.

-Dispara -dijo suavemente.

Silencio.

-Si crees que entiendes este juego.

El dedo de Irina rozó el gatillo.

Un segundo.

Nada más.

Pero suficiente para que todo pudiera terminar.

O empezar.

A kilómetros de distancia-

en Morán Tecnologi-

una imagen llegó.

Pantalla fija.

Irina.

El arma.

Apuntando a ella.

El mundo de Vlad se redujo a eso.

Un instante.

Frío.

Vacío.

Y luego-

decisión.

-Ubicación exacta -ordenó.

-Enviada.

No esperó más.

Salió.

Rápido.

Sin detenerse.

Sin pensar.

-Mantengan el control -ordenó mientras avanzaba-

-pero si algo cambia...

Pausa.

Su voz se volvió más oscura.

-La eliminan.

No aclaró a quién.

No hacía falta.

Porque él ya no estaba pensando como estratega.

Estaba reaccionando.

Por ella.

Mientras tanto-

Amalia no apartaba la mirada de Irina.

Pero en su mente...

ya contaba.

Segundos.

Distancia.

Tiempo.

-Está viniendo -dijo Iván por el comunicador.

Amalia sonrió apenas.

-Lo sé.

Pausa.

-Y rápido.

Porque todo...

estaba ocurriendo exactamente como debía.

El arma seguía ahí.

El peligro también.

Pero el control...

nunca había estado en manos de Irina.

Nunca.

Y lo peor...

es que aún no lo sabía.

Amalia inclinó apenas la cabeza.

Sus ojos brillaron con una calma peligrosa.

-Demasiado tarde...

murmuró.

No para Irina.

Para él.

Porque en ese momento-

Vladímir Alekséi Morán

ya no estaba jugando.

Había caído.

Por completo.

En su juego.

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