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El Despertar De La Luna Olvidada

El Despertar De La Luna Olvidada

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Vianne Soler

Elena siempre fue la "omisión" de la manada Luna Plateada: huérfana, supuestamente humana y relegada a las tareas de limpieza. Todo cambia la noche del baile de emparejamiento, cuando Derek Blackwood, el despiadado y temido Alpha Supremo de la manada Sangre de Hierro, irrumpe en el territorio. El aroma a bosque húmedo y tormenta lo cambia todo. Él es su alma gemela, pero el destino oculta un secreto: Elena no es humana, y su sangre despierta un poder que podría destruir a todos los Alphas del continente.

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Capítulo 23: Las raíces del yunque

La separación física entre los soberanos no enfrió la sincronía mística que sostenía al Imperio. Mientras el carruaje rúnico de la Emperatriz Elena cruzaba los cielos del norte de regreso al santuario primordial, el Alto Protector Derek Blackwood se internaba en las entrañas de la tierra oriental. La Fortaleza de la Roca había quedado atrás, reemplazada por la oscuridad húmeda y asfixiante de las Minas de Azurita, un laberinto de túneles abandonados que se extendía por debajo del Valle del Este y que conectaba, según los antiguos planos de los parias, con los nodos principales de la Red Rúnica.

Derek avanzaba a la cabeza de la columna militar. Su armadura de acero negro parecía absorber la escasa luz de las antorchas de fósforo que portaban los Espectros de Hierro. A su lado, el líder de los operativos avanzaba sin hacer el menor ruido, con su máscara de obsidiana reflejando los destellos azules de los filamentos de energía que corrían por las paredes del túnel. La Red Rúnica en esta sección profunda no se manifestaba como líneas superficiales, sino como gruesas raíces de luz argéntea que pulsaban al ritmo del corazón de Elena.

—Estamos cerca del Nodo Tres, Alto Protector —susurró el líder de los Espectros, deteniéndose ante una bifurcación donde el aire se volvía notablemente más denso—. Los sensores místicos indican una fluctuación violenta más adelante. Hay ruidos de excavación pesada y trazas de la toxina ácida que detectamos en Sunspire.

Derek cerró los ojos por un instante. A través del lazo unificado, sintió una presión distante pero constante en su pecho; Elena ya había llegado al altar mayor del norte y estaba comenzando a canalizar el invierno cósmico. Ese flujo de energía helada corrió por las runas de transferencia de sus brazos, enfriando el acero de su espada y otorgándole una claridad mental absoluta. El lobo interno de Derek, antes una bestia impulsada por la dominación y la ira, ahora operaba como un depredador enfocado, un guardián que entendía que su fuerza pertenecía a la protección de los débiles.

—Silencien las luces —ordenó Derek con una vibración subacústica que solo los licántropos de su escolta pudieron percibir—. Desenvainen las hojas impregnadas de escarcha. No habrá advertencias ni peticiones de rendición. Los que atacan las raíces del Imperio ya han firmado su sentencia.

La columna se deslizó en la penumbra más absoluta. Tras cruzar una última galería estrecha, el túnel se abrió en una inmensa caverna subterránea donde una de las raíces principales de la Red Rúnica —un pilar de luz azul de tres metros de grosor— emergía del suelo para conectarse con el techo calizo.

La escena que presenciaron confirmó los peores temores del consejo de guerra. Un grupo de treinta guerreros renegados, vistiendo los harapos descoloridos de la antigua guardia de la dinastía de Alons, operaba maquinaria pesada de perforación hidráulica. Junto a ellos, dos figuras encapuchadas con túnicas de color violeta oscuro vertían bidones del veneno de entropía directamente sobre la base luminosa de la raíz. La luz argéntea de la Red chisporroteaba con violencia al contacto con el ácido, emitiendo el mismo humo verdoso y acre que había horrorizado al Sur. Cada gota de esa sustancia provocaba un eco de dolor sutil en el lazo de Derek, una señal de que Elena estaba sufriendo el ataque en su propio espíritu.

El furor del Alfa Supremo se desató con la contundencia de un alud.

—¡Por la Luna Olvidada! —bramó Derek, desenvainando su espada de acero negro.

La Voz de Alpha, potenciada por las runas de transferencia, golpeó la caverna como una onda expansiva física. Las ondas de sonido hicieron que varios de los perforadores rebeldes cayeran al suelo de rodillas, con los oídos sangrando por la presión espiritual. Derek cargó de frente, transformándose parcialmente en una silueta de garras y colmillos envuelta en escarcha mística.

El primer traidor que intentó interponerse con una lanza de hierro mundano fue partido en dos por el arco descendente de la espada de Derek. El acero negro, frío como el espacio exterior, no solo cortó la carne, sino que congeló instantáneamente las heridas, impidiendo que una sola gota de sangre contaminara la caverna. A su alrededor, los Espectros de Hierro se materializaron desde las sombras como verdugos perfectos. Sus dagas rúnicas encontraron los puntos débiles de las armaduras de los renegados con una precisión quirúrgica, neutralizando a la vanguardia enemiga en cuestión de latidos.

Uno de los encapuchados del Nexo de la Penumbra alzó las manos, intentando conjurar una esfera de fuego violeta para arrojarla contra la raíz rúnica expuesta. Derek, anticipando el movimiento con sus reflejos proféticos, arrojó su daga de combate. El arma atravesó la garganta del hechicero antes de que la primera sílaba de la maldición pudiera ser pronunciada. El cuerpo del siervo del Mar de las Sombras se desplomó hacia atrás, disolviéndose en una pila de cenizas grises antes de tocar el suelo.

El líder de los rebeldes, un antiguo comandante de la Sangre de Hierro llamado Garrow que había jurado venganza tras la ejecución del Consejo, retrocedió hacia la maquinaria de perforación, sosteniendo un detonador místico conectado a cargas de obsidiana abisal dispuestas alrededor del pilar de luz.

—¡Atrás, Blackwood! —gritó Garrow, con los ojos inyectados en sangre y el rostro desfigurado por el fanatismo—. Si doy un solo paso en falso, esta caverna se convertirá en la tumba de tu maldito imperio. La dinastía de la sangre pura no se arrodillará ante una sirvienta y su perro guardián.

Derek se detuvo a escasos cinco metros del traidor. Su espada apuntaba hacia el suelo, pero los anillos plateados en sus pupilas grises brillaban con una fijeza aterradora. El aire alrededor del Alto Protector comenzó a descender de temperatura drásticamente, haciendo que el aliento de Garrow se congelara en el aire en forma de cristales de hielo.

—Hablas de sangre pura, Garrow, pero has vendido tu alma a los monstruos que nuestros ancestros desterraron al océano —respondió Derek, y su voz profunda resonó con la frialdad de un verdugo—. El imperio que defiendes ya era un cadáver podrido mucho antes de que Elena despertara. No estás peleando por el honor de los lobos; estás peleando por el derecho a sostener el látigo.

—¡Prefiero el látigo de las sombras que la paz de los esclavos! —aulló Garrow, presionando el detonador.

El mecanismo emitió un pitido, pero la explosión esperada nunca llegó. Garrow miró el artefacto con desconcierto, solo para notar que una capa de escarcha azulada había trepado por sus brazos desde el suelo, congelando los circuitos místicos del detonador y paralizando sus propios dedos hasta los huesos. No era la magia de Derek; era la intervención directa de Elena a través de la Red Rúnica. La raíz de luz, libre del ácido tras la muerte de los hechiceros, resplandeció con un fulgor renovado, enviando una onda de energía argéntea que purificó el aire de la caverna.

Con un movimiento fluido, Derek cerró la distancia y decapitó a Garrow con un solo golpe limpio. La cabeza del traidor rodó por el suelo calizo, mientras su cuerpo caía sin vida junto a la maquinaria que pretendía usar para destruir el futuro del continente.

El silencio regresó a la caverna profunda, interrumpido únicamente por el goteo del agua y el pulso rítmico, fuerte y saludable de la Red Rúnica. Los Espectros de Hierro comenzaron a asegurar el perímetro, desarmando a los pocos supervivientes renegados que lloraban de terror en el suelo.

Derek envainó su espada y se acercó al pilar de luz. Colocó su mano enguantada sobre la superficie tibia y brillante de la raíz, cerrando los ojos. A miles de kilómetros de distancia, en el altar del norte, sintió la sonrisa aliviada de Elena y la fuerza de su invierno estabilizándose sobre las costas occidentales. Las raíces del yunque habían resistido el primer ataque interno, pero ambos sabían que la verdadera tormenta estaba a punto de romper contra los acantilados de Cresta de Sal, donde los navíos de la penumbra aguardaban la marea alta.

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Carmen Fernandez
me gusta la historia Pero se vienen repitiendo en varios capitulos las mismas palabras y resulta cansador y hace que uno pierda la emoción o la continuación de seguir leyendola
Estefany Cruz
por fa trata de no repetir alas palabras por fa
hernandez: de todos los capítulos juntos no se hacen dos con narración nueva siempre lo mismo
total 1 replies
Clary ❤
Hola autora !!! la novela tiene una hermosa e interesante trama, pero lo que me parece muy repetitivo cuando por ejemplo hablas de q el alfa supremo va a dar su cabeza u cuando ella pisa y el suelo renace... y así varias cositas. no es de maldad q te lo digo es más bien una crítica constructiva.. sin ganas de ofender... igual la sigo leyendo por q me gustó la historia , es diferente y atrae bastante... 👏👏👏
Vianne Soler: Gracias por tus aportes, lo voy a tomar en cuenta
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