Sinopsis
"La Bailarina Rota" es un drama romántico de superación y redención escrito por Sherly Blanco. La historia sigue a Emmeline, la máxima promesa del ballet clásico, cuya brillante carrera se trunca trágicamente una noche en la playa tras sufrir una grave lesión en la pierna al salvar a un joven llamado Felipe de morir ahogado.
Conmovido por su sacrificio y deslumbrado por su belleza, Felipe se casa con ella y promete cuidarla. Sin embargo, a los pocos meses el idilio se rompe: él empieza a distanciarse y Emmeline termina descubriéndolo burlándose de sus cicatrices ante sus amigos, mientras trata con extrema delicadeza a otra mujer. Tras enfrentarlo con dignidad, Emmeline lo abandona para reconstruir su vida desde las cenizas, encontrando un nuevo propósito como maestra de ballet para ayudar a otras jóvenes a cumplir sus sueños, mientras un arrepentido Felipe la busca desesperadamente.
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Capítulo 1: El Despertar del Cisne
El aroma a resina, madera vieja y sudor dulce era el único hogar que Emmeline verdaderamente reconocía. A sus escasos veinte años, las paredes del Gran Teatro de la Ópera se habían convertido en su refugio y en su propio universo. Mientras las demás jóvenes de su edad descubrían los primeros amores, los paseos nocturnos y la libertad de una vida sin horarios, Emmeline se encontraba enfrascada en una rutina implacable que comenzaba antes del amanecer. Para ella, la libertad no se encontraba en las calles, sino en esos breves segundos en los que sus pies se despegaban del suelo y el mundo exterior parecía perder toda su gravedad.
Esa mañana, el sol apenas comenzaba a teñir de dorado los enormes ventanales del salón principal de ensayo. Emmeline ya llevaba una hora estirando, sintiendo cómo cada músculo de su cuerpo se quejaba silenciosamente antes de someterse, una vez más, a la estricta disciplina de la barra. Al mirarse en el imponente espejo que cubría la pared, cualquiera habría quedado deslumbrado por su apariencia. Poseía una belleza clásica, angelical y magnética; sus facciones eran delicadas, enmarcadas por un cabello oscuro que siempre recogía con pulcritud, y unos ojos grandes y expresivos que parecían capaces de narrar una historia completa sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Sin embargo, cuando Emmeline se miraba al espejo, no veía su belleza física. Solo observaba la línea de sus hombros, la rectitud de su postura y la simetría perfecta que la coreógrafa principal exigía con voz de hierro.
—Más alto el en dehors, Emmeline. El mundo no espera a las que se cansan —resonó la voz firme de Madame Grimaldi, la directora de la academia, rompiendo el silencio del salón.
Emmeline no respondió con palabras; su respuesta fue un movimiento fluido, una extensión perfecta que arrancó un asentimiento silencioso de la estricta maestra. Madame Grimaldi rara vez elogiaba a alguien, pero con Emmeline era diferente. Todos en la compañía sabían que la joven no era simplemente una bailarina talentosa; era la promesa más brillante que la nación había visto en décadas. Los críticos de arte ya escribían sobre ella en los diarios locales, usando adjetivos como "sublime" e "invaluable". Se rumoreaba que los directores del Royal Ballet de Londres y de la Ópera de París ya tenían emisarios viajando exclusivamente para presenciar su próximo gran debut en el papel principal de El Lago de los Cisnes.
El peso de esas expectativas habría aplastado a cualquier otra muchacha, pero a Emmeline la alimentaba. Cada ampolla en sus dedos, cada sesión de fisioterapia para calmar los dolores de su espalda y cada renuncia a una vida social normal valían la pena cuando la música de Tchaikovsky comenzaba a sonar. En ese instante, ella dejaba de ser una simple mortal para convertirse en arte puro. Su técnica era impecable, ejecutando los giros más complejos con una facilidad pasmosa que hacía parecer fácil lo que a otros les tomaba una vida entera intentar. Pero lo que realmente la diferenciaba del resto de sus compañeras era su alma. Emmeline no solo bailaba; ella sentía cada nota, transmitiendo una melancolía y una fuerza que conmovían hasta las lágrimas a quienes la veían ensayar.
Al mediodía, el salón comenzó a llenarse con el resto del cuerpo de baile. Las miradas de admiración se mezclaban a veces con inevitables destellos de envidia, pero Emmeline siempre se mantuvo al margen de las intrigas y los murmullos de los camerinos. Su enfoque era absoluto. Sabía que la belleza y el talento eran dones efímeros que debían protegerse con un trabajo diario e incansable. Mientras las demás descansaban y compartían confidencias en los rincones, ella aprovechaba cada minuto libre para repasar mentalmente la coreografía, buscando la perfección en el ángulo de sus manos y en la caída exacta de su tutor de tul azul.
Al terminar la jornada de ensayos, cuando el teatro volvió a quedar en penumbras y el silencio regresó a apoderarse de los pasillos, Emmeline se sentó en el suelo de madera del escenario principal. Con manos temblorosas por el esfuerzo físico, comenzó a desatar las cintas de satén de sus zapatillas de punta. Sus pies mostraban las heridas de guerra invisibles para el público: rozaduras, vendajes improvisados y el cansancio acumulado de años de entrega total. A pesar del dolor físico, una sonrisa de profunda satisfacción se dibujó en sus labios angelicales. Miró hacia la inmensidad de la sala vacía, imaginando los palcos abarrotados, las luces apuntando directamente hacia ella y el clamor del público que pronto se convertiría en una realidad palpable.
Emmeline se puso de pie con dificultad, sintiendo el rigor del entrenamiento en cada articulación, pero caminó hacia la salida con el porte aristocrático y la elegancia natural que la caracterizaban incluso fuera del escenario. Al cruzar las puertas del teatro, el aire fresco de la tarde la recibió, recordándole que existía un mundo allá afuera. Un mundo que, muy pronto, estaría rindiéndose por completo ante sus pies. Ella estaba en la cúspide de sus días de gloria, saboreando el dulce preludio del éxito internacional, sin imaginar siquiera que el destino ya estaba moviendo sus hilos en una lejana playa, preparando el escenario para una tormenta que cambiaría su vida para siempre.
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SIGNIFICADO
En el ballet clásico, el término francés en dehors (que se pronuncia aproximadamente "an deor") significa literalmente "hacia afuera".
Es uno de los principios fundamentales de la danza clásica y se utiliza en dos contextos principales:
La rotación de las piernas (Turnout): Se refiere a la acción de rotar toda la pierna hacia afuera desde la articulación de la cadera, logrando que los pies apunten hacia los lados en lugar de hacia el frente. Esto es lo que permite la amplitud de movimiento, la flexibilidad y la línea estética tan característica de una bailarina.
La dirección de los giros (Piruetas): Cuando se hace un giro o pirueta en dehors, significa que la bailarina gira en dirección de la pierna que está levantada (hacia el lado de afuera del cuerpo, alejándose de la pierna de apoyo).