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Viaje A Un Mundo Paralelo

Viaje A Un Mundo Paralelo

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:524
Nilai: 5
nombre de autor: Sandi Lobatos

Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...

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MISTERIO OCULTO

 Kyros:

Hoy, una semana después de la firma del tratado de paz, cuando mi padre el Emperador organizó esta gran celebración en su honor, no podía esperar más para volver a verla, para estar cerca de ella y demostrarle una vez más lo mucho que significa para mí.

Cuando las puertas del Gran Salón se abrieron y ella apareció, el tiempo pareció detenerse para mí. Todos los presentes se quedaron en silencio, pero yo solo tenía ojos para ella. Llevaba una ropa que nunca había visto antes, tan diferente a las túnicas tradicionales que usamos en la corte: un conjunto que se ajustaba a su figura con una elegancia y una belleza que me dejó sin palabras.Caminaba con una seguridad y una gracia que la hacían destacar entre todos los demás, y en cuanto la vi, sentí cómo mi corazón empezaba a latir con fuerza en mi pecho.

Me acerqué a ella en cuanto entró, sin importarme que hubiera otras personas delante, y la saludé con una sonrisa que no pude ocultar:

Mi Diosa... te esperaba con muchas ganas. Estás más hermosa que nunca.

Ella me devolvió la sonrisa, esa sonrisa que me llena de alegría y de calma al mismo tiempo, y me respondió con voz suave:Hola, Kyros. Me alegra verte también. Gracias por tus palabras.

No pude evitar quedarme mirándola un momento más, admirando cada detalle de su rostro, cada movimiento que hacía. Todavía recordaba todo lo que pasó aquella noche, cuando nos dijimos todo lo que sentíamos y cuando terminamos durmiendo todos juntos en su cama. Y aunque después ella se sintió tan avergonzada que nos sacó de allí lo más rápido posible, yo no podía olvidar nada de lo que pasó. Todo lo que dije esa noche, todo lo que hice, salió de lo más profundo de mi corazón, y no me arrepentía de nada. Al contrario, solo me daba más ganas de estar con ella, de decirle una y otra vez lo que sentía.

Mientras todos seguían celebrando, comiendo y riendo, me acerqué a ella de nuevo, me puse a su lado y le dije con toda la sinceridad de mi corazón:

Pearl, tú sabes lo que siento por ti, tú llegaste y cambiaste todo. Con solo tus palabras, con solo tu presencia, lograste lo que nosotros no habíamos podido hacer en meses. Nos has dado la paz, nos has salvado de años de sufrimiento y muerte, y por eso te estaré agradecido por el resto de mi vida. Pero lo que más me importa es que tú estás aquí, con nosotros, y que yo puedo estar cerca de ti.

Ella me miró con sus ojos hermosos, y pude ver en ellos una mezcla de emociones: gratitud, cariño, pero también esa confusión que a veces le veo, esa duda que sé que tiene en su corazón.

Kyros —me respondió ella con voz suave. Tú eres un hombre valiente, fuerte y decidido. Te admiro mucho por todo lo que haces por tu pueblo, por tu familia, por todo lo que te rodea. Yo solo hice lo que debía hacer por el reino es mi deber como mis creyentes debo ayudar.

No, Pearl, la interrumpí con firmeza, sin poder contenerme.Tú eres única, eres maravillosa, eres todo lo que yo siempre he querido. Y lo que pasó aquella noche... todo lo que dije, todo lo que hice, fue verdad. No fue por el alcohol, no fue por la emoción del momento. Fue porque lo siento de verdad. Te quiero, Pearl. Te quiero más que a mi propia vida, más que a cualquier cosa en este mundo. Y quiero estar contigo, quiero ser parte de tu vida, quiero hacerte feliz, quiero protegerte y cuidarte siempre.A pesar de que tú eres un Diosa y que hay diferencia de poder quiero ser tu apoyo

Ella se quedó en silencio por un momento, con la mirada baja, como si estuviera pensando en lo que le acababa de decir. Yo esperaba su respuesta con el corazón en la mano, sin saber qué iba a decir, pero con la esperanza de que mis palabras llegaran a su corazón.

Entonces me anime y le di un beso no me esquivo me lo correspondió fue tan sublime.Ella me dijo, eres...

 Eres una persona maravillosa, y me importas mucho. Pero tú sabes que tengo mis dudas, que todavía me cuesta asimilar muchas cosas.Todavía no me acostumbro a la idea de compartir mi vida con tres hombres, cuando siempre he creído que el amor es para dos. Pero quiero que sepas que no te rechazo, que me importas mucho, y que estoy dispuesta a intentarlo, a ir poco a poco, a ver qué pasa con el tiempo.

Al escuchar sus palabras, sentí una alegría inmensa que me llenó todo el cuerpo. Sabía que todavía había obstáculos, que todavía había cosas que resolver, pero el hecho de que ella me dijera que me importaba, que estuviera dispuesta a intentarlo, era suficiente para mí.

Gracias, le dije, tomando su mano con suavidad. No te preocupes por nada. Yo esperaré todo el tiempo que sea necesario. No te presionaré, no te obligaré a hacer nada que no quieras. Solo quiero estar contigo, ayudarte en todo lo que necesites, estar a tu lado en los buenos y en los malos momentos. Y estoy seguro de que con el tiempo, todo se aclarará, y que seremos felices.

Ella me sonrió, y yo sentí que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda mi vida.

Seguimos celebrando durante horas, comiendo la comida deliciosa que ella había traído, bebiendo el té con leche y los refrescos, riendo y hablando con los demás. Yo me quedé a su lado todo el tiempo, sin querer alejarme ni un solo momento de ella. Vi cómo todos los presentes le daban las gracias, cómo le aplaudían, cómo le decían lo mucho que le debían, y me sentí muy orgulloso de estar a su lado.

Cuando la celebración llegó a su fin, y todos empezaron a retirarse, me acerqué a ella una vez más, antes de que se fuera.

Gracias por todo, Pearl le dije. Por la paz que nos has dado, por esta comida deliciosa, por estar aquí con nosotros, por escucharme y por decirme lo que sientes. Espero que pronto podamos volver a vernos, que podamos pasar más tiempo juntos, que podamos conocernos mejor.

Ella me respondió con una sonrisa dulce:

Yo también lo espero, Kyros. Gracias por todo lo que me has dicho, por tu paciencia y por tu cariño. Hasta pronto.

Mientras me alejaba de ella, sentí una felicidad inmensa en mi corazón. Sabía que todavía había cosas que resolver, que todavía había dudas y confusiones, pero también sabía que lo que sentíamos era real, que el amor que nos unía era más fuerte que cualquier obstáculo. Y estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera necesario para que todo saliera bien, para que ella se sintiera cómoda, para que fuera feliz, y para que pudiéramos estar juntos por el resto de nuestras vidas.

Mientras la música seguía sonando y las risas llenaban cada rincón del Gran Salón, el bullicio de la celebración se mezclaba con el aroma de la comida y la alegría de todos los presentes. El Emperador seguía conversando con sus consejeros, Ian, Kyros y Emmanuel permanecían cerca de Pearl, riendo y compartiendo los manjares que ella había traído, y todos los demás se movían de un lado a otro, disfrutando de este día de paz y gratitud.

Pero si uno se alejaba del centro del salón, si se dirigía hacia la parte más oscura, donde las luces no llegaban con tanta intensidad y el ruido de las conversaciones se oía más como un murmullo lejano, se podía ver algo que casi nadie había notado.

Allí, en la última mesa del salón, apartada de todas las demás, donde nadie se había sentado hasta ahora, había una persona.

Estaba sentado con la espalda recta, apoyado contra el respaldo de la silla, y sus ojos estaban fijos en el grupo principal, donde se encontraban la Diosa Pearl y los tres hombres que la rodeaban. No se había acercado a ellos, no había pedido comida ni bebida, no había participado en las felicitaciones ni en los aplausos. Solo estaba allí, observando todo lo que pasaba con una calma que contrastaba con la alegría que reinaba en el resto del lugar.

Su rostro permanecía en la sombra, pero se podía distinguir que no mostraba ni alegría ni tristeza, ni admiración ni rechazo. Era una expresión neutra, como si estuviera analizando cada detalle, cada movimiento, cada palabra que se intercambiaba entre ellos.

Miraba a Pearl con atención. Veía cómo se movía con gracia, cómo sonreía, cómo respondía a las palabras de los príncipes y del general con amabilidad y dulzura. Veía cómo sus ojos se iluminaban cuando hablaban con ella, cómo sus gestos revelaban que, a pesar de todo lo que había pasado, se sentía cómoda y feliz entre ellos.

Luego desviaba la mirada hacia los tres hombres. Observaba a Ian, que la miraba con una admiración profunda, con una ternura que se notaba en cada uno de sus gestos. Observaba a Emmanuel, que la escuchaba con respeto y cariño, atento a cada palabra que salía de su boca. Y observaba a Kyros, que no podía apartar la mirada de ella, que se acercaba una y otra vez para hablarle, para tocar su mano con suavidad, para demostrarle lo mucho que la quería.

La persona de la última mesa seguía observando todo esto sin moverse, sin hacer ruido, sin llamar la atención. Parecía que no era parte de la celebración, sino más bien un espectador que había llegado para ver cómo se desarrollaban los acontecimientos, para tomar nota de cada detalle, para entender qué estaba pasando realmente entre esas cuatro personas.

De vez en cuando, inclinaba un poco la cabeza, como si estuviera pensando en algo, como si estuviera tratando de encontrar el sentido a todo lo que veía. Y luego volvía a mirar, con la misma atención, con la misma calma, sin que nada de lo que pasaba pareciera sorprenderle o conmoverle.

Nadie se acercó a esa mesa. Nadie se dio cuenta de que esa persona estaba allí, observando todo desde la distancia. La celebración seguía su curso, la música seguía sonando, las risas seguían llenando el salón, y esa persona seguía sentada allí, viendo el panorama completo, viendo cómo la Diosa Pearl se había convertido en el centro de todo, viendo cómo los tres príncipes y el general la rodeaban con amor y gratitud, viendo cómo la paz que ella había traído se reflejaba en cada uno de los rostros de los presentes.

Era como si esa persona estuviera esperando algo, como si supiera que esto era solo el principio, que lo que estaba viendo hoy era solo el comienzo de algo mucho más grande, mucho más complejo, mucho más importante para el futuro de este imperio y de todas las personas que vivían en él.

Y así permaneció allí, hasta que la celebración llegó a su fin, hasta que todos empezaron a retirarse, hasta que la Diosa Pearl y los tres hombres se despidieron y se marcharon por caminos separados. Solo entonces, cuando el salón quedó casi vacío, cuando las luces empezaron a apagarse, esa persona se levantó lentamente de la silla, dio una última mirada hacia el lugar donde había estado el grupo principal, y se alejó en silencio, desapareciendo entre las sombras, como si nunca hubiera estado allí.

Nadie sabía quién era, nadie sabía por qué estaba allí, nadie sabía qué pensaba o qué planeaba. Solo se sabía que había estado observando todo, desde la última mesa, viendo el panorama completo, viendo cómo todo cambiaba gracias a la presencia de la Diosa Pearl y al amor que le tenían los príncipes y el general.

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