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CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

nada es para siempre

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16

Taras carraspeó, sintiendo el calor del chorizo y la salsa brava subiendo por su garganta, aunque sabía perfectamente que el verdadero causante de su agitación era la mirada coqueta de la chica. Intentó recuperar su porte de hombre de negocios, enderezando la espalda descubierta.

—La verdad... soy muy bueno con todo —declaró con una media sonrisa, intentando sonar seguro de sí mismo.

Roberta soltó una carcajada limpia y sonora, apoyando una mano en su cadera y negando con la cabeza ante la audacia del extranjero.

—Ok... Qué modestia la tuya, de verdad. Qué humilde me saliste, grandote.

Taras se dio cuenta de inmediato de cómo había sonado aquello y sintió que el rubor se le extendía por las orejas. Se acomodó los lentes apurado, agitando una mano en el aire para corregir el malentendido.

—No, no... No me refería a eso, no quería que sonara así, de verdad —se apresuró a decir, notablemente nervioso—. Ok, cambiemos de tema. Mejor dime tú... ¿Cómo es que eres... mmm, eso?

Roberta no necesitó que terminara la frase. Sabía perfectamente a qué se refería con "eso". Su estatus de inocencia, ahora salía a flote en la barra de un penthouse de lujo. Se encogió de hombros con total ligereza latina.

—¿Virgen? Pues así, simplemente no he dado ese paso todavía —explicó ella, dándole un sorbo a su propia taza de café—. A ver, ya estoy grande, ya estoy lista, pero la verdad es que no había aparecido nadie con quién valiera la pena. No había con quién.

Taras se la quedó mirando, genuinamente asombrado. La observó con detenimiento bajo la luz dorada de la mañana.

—Pero... eres muy hermosa —admitió él en un susurro, dejando que sus ojos claros la recorrieran sin tapujos—. Bueno, y tienes unas piernas increíbles... y ni hablar de tus... —Taras se detuvo en seco, tragando saliva al darse cuenta de que su mirada se había desviado hacia el escote de la playera gigante—. Oye... ¿No tienes calor? Yo siento muchísimo calor .

Roberta soltó otra risita ahogada, sumamente divertida por el efecto que causaba en el imponente ruso. Se cruzó de brazos, acentuando aún más las curvas que ponían nervioso a su anfitrión.

—Sí, sí, ya te entendí perfectamente —bromeó ella, guiñándole un ojo—. Soy todo un manjar, jaja. Descuida, grandote, que el uniforme de mesera esconde bien las curvas, pero de noche salgo a ganar.

El rostro de Taras recuperó una seriedad madura, dejando de lado el juego por un instante. Recordó los fragmentos de la noche anterior, la intensidad de los toqueteos en la camioneta y la fuerza contenida en sus propias manos. Miró sus palmas y luego levantó la vista hacia Roberta.

—Pero hablando en serio... Si yo te hubiera tocado anoche, si hubiéramos llegado al final en el estado en el que yo estaba... Pude haberte lastimado, Roberta. Y más siendo tu primera vez —confesó con un tono de sincera preocupación caballeresca.

Roberta abrió los ojos de par en par, sumamente intrigada por la advertencia y el tono posesivo y oscuro que el ruso había adoptado de repente. Se inclinó un poco más hacia él sobre la barra.

—Ooo... ¿O sea que eres algo así como el Señor Grey de las estepas rusas? —preguntó con un brillo de pura picardía y curiosidad en los ojos.

Taras desvió la mirada, sintiendo que la situación se le escapaba de las manos una vez más con la audacia de la mexicana.

—Mmm... Por así decirlo —respondió de forma evasiva, cortando la tensión dramática al dar otro bocado a su plato para disimular—. Oye, cambiando de tema en serio, esto está buenísimo. Exquisito. Deberíamos despertar a mi primo para que lo pruebe. Le va a encantar.

Roberta arqueó una ceja, confundida por la sugerencia.

—¿A quién? —preguntó, mirando hacia el pasillo vacío del departamento.

—A mi primo, Dmitriy —explicó Taras, señalando la puerta de la otra habitación con el tenedor—. Anoche él también estaba en el club y...

—No, mi cielo —lo interrumpió Roberta, dibujando una sonrisa cómplice en sus labios—. Él se quedó anoche con mi amiga Azul, pero definitivamente no aquí en este departamento.

Taras se congeló con el tenedor a medio camino de la boca. Toda la tranquilidad de la mañana se esfumó en un segundo, reemplazado por su instinto protector y la responsabilidad que cargaba sobre los hombros el imperio familiar. Dejó el cubierto sobre el plato con un golpe seco.

—¿Qué? ¿Entonces dónde carajos están? —preguntó Taras, con la voz cargada de una repentina alarma.

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