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Café Amargo Y Miel Silvestre

Café Amargo Y Miel Silvestre

Status: Terminada
Genre:CEO / Yuri / Omegaverse / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda

En las frías calles de Ottawa, Alexandra Morozov es una fuerza de la naturaleza: una Alfa rusa, calculadora y letal, cuyo aroma a café amargo mantiene a todos a una distancia prudente. Ella no cree en el destino, solo en el control y en los negocios de su poderosa familia.
​Pero todo cambia en una noche de nieve espesa, cuando la voz de una chica rompe su armadura de hielo. Rosalie, una joven canadiense de espíritu libre e hiperactiva, emana un aroma a miel y vainilla que despierta los instintos más posesivos de la Alfa. Rosalie no es una Omega común; es una Gama, una jerarquía tan rara como impredecible, y su naturaleza rebelde no está dispuesta a doblegarse ante nadie.
​Alexandra ha decidido que Rosalie le pertenece, pero ¿podrá su amor tóxico y controlador atrapar a una chica que nació para ser libre? En este juego de poder, el café más amargo está a punto de mezclarse con la dulzura más peligrosa.

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capítulo 17

El amanecer trajo consigo una lista de demandas que poco tenían que ver con la logística de una gala y mucho con el quebranto de una voluntad. Para Anya, no bastaba con que Rosalie estuviera presente; necesitaba verla consumirse.

​—Esa escultura de mármol en el ala norte —dijo Anya, señalando una pieza de casi ochenta kilos que representaba a un antepasado Morozov—. No encaja con el flujo de los invitados. Muévela al salón de baile, Rosalie.

​Rosalie, cuya naturaleza de Gama no le otorgaba la fuerza bruta de un Alfa, apretó los dientes. Sola, bajo la mirada burlona de los guardias que tenían prohibido ayudarla, empujó, tiró y arrastró la piedra fría sobre el suelo encerado. Sus músculos gritaban y el sudor empapaba su camisa de seda, pero no emitió una sola queja.

​Cuando finalmente la colocó en el sitio indicado, con las manos temblorosas por el esfuerzo, Anya entró en la estancia balanceando una copa de cristal.

​—No —suspiró la heredera con un desdén ensayado—. Ahora que la veo aquí, resulta... pretenciosa. Devuélvela a su lugar original. O mejor, al sótano. Me aburre.

​Rosalie la miró. El agotamiento físico empezaba a nublarle la vista, pero la furia la mantenía en pie. Sin decir palabra, volvió a sujetar el mármol. Sabía que no se trataba de decoración; se trataba de ver cuánto peso podía soportar una "pieza de recambio" antes de romperse.

La tarde cayó sobre la mansión con una luz grisácea y mortecina. Anya convocó a Rosalie al vestíbulo principal, que estaba decorado con cientos de jarrones rebosantes de rosas rojas, carmesíes y púrpuras. El aroma era embriagador, un estallido de vida en medio de tanta frialdad.

​—Son vulgares —sentenció Anya, arrugando la nariz—. Demasiado coloridas. Parecen sacadas de un mercado de pueblo. Quiero que quites cada una de ellas y las reemplaces por rosas blancas. Inmaculadas. Como debería ser esta casa.

​—El florista no llegará hasta mañana, Anya —respondió Rosalie, con la voz rasposa por el cansancio.

​—Entonces ve al invernadero trasero. Corta las blancas tú misma. Tienes dos horas antes de que lleguen los decoradores de iluminación.

​Rosalie caminó hacia el invernadero bajo la nieve que empezaba a arreciar. Allí, las rosas blancas crecían en arbustos densos y descuidados. Al no ser manipuladas por profesionales, las espinas eran largas y afiladas como agujas.

​Comenzó a cortar. No había guantes de protección para ella, solo unas tijeras oxidadas que encontró en un rincón. Con cada tallo que arrancaba, las espinas se hundían en sus yemas, en sus palmas, desgarrando la piel fina de sus manos de cantante.

​Gotas de sangre roja comenzaron a manchar los pétalos blancos, una ironía que no pasó desapercibida para ella. Blanco para los Morozov, sangre para los demás, pensó mientras un pinchazo especialmente profundo le atravesaba el pulgar. Rosalie no se detuvo. Cambió cada jarrón del vestíbulo, subiendo y bajando escaleras con los brazos cargados de flores que parecían cuchillos.

​Al terminar, el vestíbulo lucía fantasmal, despojado de toda calidez. Rosalie se quedó de pie en el centro, con las manos ocultas en los bolsillos de su chaqueta para que nadie viera el temblor ni las heridas abiertas.

​Fue en ese momento cuando la puerta principal se abrió y Alex entró, trayendo consigo el frío de la calle y el aroma a tormenta. Se detuvo en seco al ver la transformación del lugar, pero sus ojos se desviaron rápidamente hacia Rosalie. Notó su palidez, la forma en que evitaba mostrar las manos y el agotamiento que emanaba de su esencia de Gama.

​—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Alex, su voz vibrando con una advertencia Alfa.

​—Solo seguía las instrucciones de la futura señora Morozov —respondió Rosalie, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.

​Alex se acercó, intentando tomar sus manos, pero Rosalie retrocedió un paso, escondiéndolas más profundamente. El veneno de la casa ya estaba haciendo efecto: la distancia empezaba a ser su única defensa.

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dora leidy Yara bonilla
y el resto de novela
{ᥣׁׅ֪υׁׅꪱׁׁׁׅׅׅ}:3: ya está n camino la segunda temporada 🥰
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