NovelToon NovelToon
SOMBRAS DE AETHELGARD

SOMBRAS DE AETHELGARD

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor prohibido / Amor-odio / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa
SOMBRAS DE AETHELGARDEn el corazón de Aethelgard, los secretos pesan más que las coronas.

Isolde tiene solo diecisiete años, ojos del color del cielo y una fragilidad que parece quebrarse con el viento. Criada para obedecer, es entregada como un trofeo al hombre más temido del reino: Alaric "El Carnicero". Un gigante de casi dos metros con mirada de asesino y manos acostumbradas a la sangre. Todos dicen que es un monstruo, un mujeriego sin alma, y el miedo de Isolde es tan real como el frío de las paredes del castillo.

Pero tras los muros de su habitación, la realidad es otra. Mientras Isolde intenta demostrar que ya es una mujer y exige el lugar que le corresponde en su cama, Alaric la rechaza con una brutalidad que la deja sin aliento. La sujeta con manos de hierro, la maltrata con palabras cortantes y la mantiene a una distancia que ella no comprende. Él la ve como una niña; ella lo ve como su dueño.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SOMBRAS DE AETHELGARD Capítulo 1: La Noche de las Máscaras

El gran salón del castillo de Aethelgard ardía en mil antorchas. Los candelabros de hierro forjado colgaban desde techos de piedra oscura, derramando una luz dorada y temblorosa sobre los nobles que bailaban, bebían y susurraban con máscaras que ocultaban sus verdaderas intenciones. El olor a vino especiado y cera caliente llenaba el aire mientras los laúdes y tambores marcaban un ritmo hipnótico que hacía vibrar el suelo de mármol.

Isolde no bailaba. Estaba de pie junto a la columna más alejada del salón, pequeña como una flor entre robles, con su vestido de terciopelo azul celeste que le abrazaba la cintura y caía en cascada hasta el suelo. Su cabello rubio, dorado como el trigo bajo el sol de agosto, estaba recogido en una trenza elegante con cintas de oro entretejidas. Sus ojos, azules como el cielo de mediodía, miraban la fiesta con una mezcla de asombro y terror silencioso.

Llevaba apenas seis horas siendo la esposa de Alaric de Aethelgard.

Seis horas desde que le pusieron esa argolla de plata en el dedo frente al altar, mientras ella apretaba los dientes para no llorar y él ni siquiera la miró durante la ceremonia. Seis horas desde que su madre le apretó la mano por última vez y le susurró al oído lo que toda mujer noble aprendía desde niña:

—Obedece. Calla. Sobrevive.

—¿Por qué no estás bailando?

La voz llegó desde detrás como un trueno en cielo despejado. Profunda, ronca, sin cortesía alguna. Isolde se tensó de golpe y giró apenas la cabeza. No hacía falta ver su cara para saber quién era. Lo sintió antes de verlo, como se siente una tormenta antes de que llegue la lluvia.

Alaric estaba recostado contra la misma columna, tan cerca que ella podía oler el cuero de su armadura ceremonial y algo más oscuro por debajo, como pino quemado y hierro frío. Su altura hacía que la antorcha más cercana apenas le iluminara el mentón. Tenía el cabello oscuro suelto sobre los hombros, la barba bien marcada, y esos ojos café que no miraban, sino que atravesaban. Su boca, sin embargo, no sonreía. Era una línea recta, dura, como todo en él.

—No me invitaron —respondió Isolde en voz baja, mirando al frente.

Un silencio.

Luego, algo que no era exactamente una risa. Más bien un sonido breve y despreciativo que salió de su garganta.

—Eres la señora de este castillo —dijo Alaric sin moverse— . Nadie necesita invitarte. Simplemente vas.

—No conozco a nadie —murmuró ella.

—Y eso es un problema mío, ¿supones?

Isolde apretó los labios. Sintió el calor subirle al rostro pero no respondió. Su madre le había dicho que callara. Que obedeciera. Que sobreviviera.

Alaric se separó de la columna con una lentitud calculada y se colocó frente a ella. De cerca era todavía más imponente, como una montaña que de repente decidiera caminar. Isolde tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos y ese solo gesto, esa pequeña diferencia de escala entre los dos, le recordó exactamente en qué posición estaba en ese matrimonio.

—Baila —ordenó él simplemente, extendiendo una mano enorme hacia ella.

No era una invitación. Era un comando.

Isolde miró esa mano. Las cicatrices sobre los nudillos. La firmeza en cada dedo. Las manos de un hombre que había matado sin parpadear.

—No quiero bailar —dijo ella, y le sorprendió que su voz no temblara.

El silencio que siguió fue tan denso que podría cortarse.

Los ojos de Alaric se entornaron apenas, un movimiento tan pequeño que casi pasaba desapercibido. Pero Isolde lo vio. Y vio también cómo su mandíbula se tensaba debajo de la barba.

Su mano grande se cerró alrededor de la muñeca de Isolde con una firmeza que no dejaba espacio para la negativa. No le hizo daño, pero fue como quedar atrapada entre dos piedras. La jaló hacia el centro del salón sin decir una sola palabra más, y Isolde tuvo que caminar deprisa con sus pequeños pasos para no tropezar con su propio vestido.

Los nobles se apartaron a su paso como el mar se abre ante una roca.

—Sonríe —le susurró Alaric mientras la posicionaba frente a él para el baile, su mano ahora en su cintura, presionando con una autoridad que la dejó sin aliento—. O finge que lo haces. Aquí todos mienten de todas formas.

1
Helizahira Cohen
voy a empezar esta, lei tu primera novela entre Mareas muy bonita
Nelida Fuenteseca
Bastante caprichosita!!!
b zamitiz
🙂
Alexandra Ortiz Posada
Buen comienzo, gracias por compartir tu talento, bendiciones
mailyn rodriguez
Hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi. gracias.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play