⚠️🔞🚫La Trampa de la Dulzura.
Christopher es impecable. Cocina para Tayler, lo cuida durante sus celos y lo defiende. Tayler se enamora perdidamente. Sin embargo, detrás de cámaras, el alfa está destruyendo las rutas de suministro del padre de Tayler y manipulándolo para que confiese secretos de la organización "sin querer". El maltrato aquí es la mentira: Christopher desprecia la inocencia de Tayler, viéndola como una debilidad de la sangre de un asesino. CONTIENE MALTRATO EMOCIONAL.🚫🔞⚠️
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Ellos no tuvieron piedad de nosotros
La noche era cerrada y el frío calaba hasta los huesos, pero para Tayler, el calor provenía de la mano de Christopher, que lo guiaba de regreso a la seguridad de su habitación tras una velada perfecta. El omega se sentía flotando, la cita había sellado su destino. Estaba convencido de que su esposo era el alfa que el universo le había enviado para rescatarlo de la soledad de la mafia.
-Descansa, Tayler.- Christopher en el umbral de la puerta, dándole un beso en la frente que se sintió como una bendición -Tengo que revisar unos informes de la guardia antes de dormir. No tardaré.-
-No trabajes demasiado, por favor.- Respondió Tayler con voz dulce, su aroma a violetas desprendiendo una nota de absoluta devoción -Te estaré esperando.-
El mafioso sonrió. Una sonrisa que el omega guardó en su corazón como un tesoro, sin saber que era la máscara de un verdugo. En cuanto la puerta se cerró, la expresión del alfa se volvió de piedra. Se dirigió a la oficina de seguridad, pero no a revisar informes, sino a dar la orden que cambiaría todo.
-Ahora- Dijo por su comunicador privado.
Veinte minutos después, el horizonte se tiñó de un naranja violento. Una explosión masiva sacudió los cimientos de la mansión Michelle, a pesar de estar a kilómetros de distancia del puerto. El Patriarca había perdido su cargamento más valioso: no solo armas, sino los documentos físicos que lo vinculaban con los políticos más poderosos del país.
El caos estalló en la mansión. Los guardias corrían de un lado a otro, las alarmas gritaban y el aroma a tabaco rancio del Patriarca se volvió una nube tóxica de rabia y desesperación.
-¡Me han traicionado!- Rugía el padre de Tayler en el gran salón, derribando una mesa de cristal de un golpe -¡Alguien filtró la ruta exacta y la clave de las cajas de seguridad! ¡Alguien que conoce mis movimientos!-
Tayler bajó las escaleras temblando, envuelto en una bata, buscando instintivamente a su alfa. Lo encontró de pie junto a su padre, con el rostro serio y la mirada alerta, actuando como el soldado más leal.
-Señor, he enviado a dos equipos a asegurar el perímetro.- Dijo, su voz cortando el aire como un cuchillo -Pero esto no fue un ataque externo al azar. Alguien les dio la llave de la casa.-
El Patriarca miró a su alrededor con ojos inyectados en sangre. Sus sospechas recayeron en sus lugartenientes, en sus socios, en cualquiera menos en su propio hijo. Miró a Tayler, que estaba pálido y con lágrimas en los ojos por el miedo.
-Tayler, ve a tu habitación.- Ordenó el Patriarca bruscamente -Eres demasiado ingenuo para entender lo que está pasando. No quiero que veas la limpieza que voy a hacer esta noche.
-Pero papá… Christopher dice que…-
-¡Christopher tiene razón!- Lo interrumpió el viejo -Al menos él tiene la cabeza fría. Tú solo sirves para oler a flores y decorar la casa. ¡Vete!-
Tayler retrocedió, herido por las palabras de su padre. Christopher aprovechó el momento. Caminó hacia el omega, lo tomó por los hombros con una firmeza que parecía protectora y lo alejó del salón.
-Ven conmigo.- Susurró, su aroma a nieve y pino intensificándose para calmar el pánico del omega -Tu padre está fuera de sí. No permitas que su amargura te toque.-
Una vez en la seguridad de su habitación, Tayler se derrumbó en llanto sobre el pecho de su esposo. El maltrato emocional de Christopher aquí era sutil: no gritaba, no golpeaba. Simplemente alimentaba el odio de Tayler hacia su propio padre mientras él se presentaba como el único refugio.
-Él siempre me trata así.- Sollozó -Como si no valiera nada. Gracias por estar aquí. Si no fuera por ti, me sentiría tan solo en esta familia.-
El alfa lo rodeó con sus brazos, sintiendo el latido acelerado del corazón del chico contra su propio pecho. Sus dedos acariciaban el cabello del omega con una suavidad mecánica.
-Siempre estaré aquí. Tu padre no sabe valorar el tesoro que tiene. Él solo piensa en el poder y el dinero. Pero yo… yo veo quién eres realmente.-
"Eres el tonto que me dio la clave de la caja fuerte", pensó Christopher, disfrutando del sabor de la victoria. La explosión en el muelle era solo el principio. Había destruido la mitad de la fortuna de los Michelle en una noche, y lo mejor de todo era que el Patriarca ahora confiaba plenamente en él, el "yerno devoto", para investigar la traición.
Christopher hundió su nariz en el cuello de Tayler, inhalando el aroma a amanecer y violetas. Por un breve segundo, el instinto alfa sintió una punzada de culpa al escuchar los sollozos de su omega. Pero la voz de su pasado fue más fuerte: "Ellos no tuvieron piedad de nosotros, no la tengas tú de ellos".
-Todo estará bien.- Dijo, susurrando la mentira más grande de todas -Mañana será un nuevo día.-
Mientras Tayler se quedaba dormido en sus brazos, creyéndose amado, Christopher miraba hacia la ventana, viendo el resplandor lejano de los incendios en el puerto. El imperio Michelle estaba empezando a arder, y él se encargaría de que el omega fuera el último en darse cuenta de que el fuego lo había iniciado el hombre con el que dormía cada noche.