⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️
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El infierno tenía el aroma de su captor
La tormenta estalló finalmente sobre la mansión, pero el estruendo de los truenos era un susurro comparado con el sonido del cuero golpeando el aire. Ethan estaba de rodillas sobre la alfombra, con las manos aún encadenadas a la cabecera de la cama, lo que lo obligaba a mantener la espalda arqueada y tensa. El sudor frío le recorría la columna, mezclándose con el calor punzante de la droga que seguía circulando por sus venas.
Lantz caminaba a su alrededor con la elegancia de un lobo que admira a su presa antes de devorarla. En su mano derecha sostenía una fusta de cuero negro, corta y flexible. En la otra, el frasco de aceite que brillaba bajo la luz tenue.
-Tus amigos han estado molestando a mi hermano.- Su voz era suave, casi un arrullo, lo que la hacía más aterradora -Y cuando Franz se molesta, yo tengo que trabajar el doble para mantener el orden. Alguien debe pagar por esa falta de respeto.-
-Mátame de una vez…- Jadeó Ethan. Sus rodillas temblaban por el esfuerzo de mantener la postura -No vas a… conseguir nada de mí.-
El alfa soltó una carcajada seca y, sin previo aviso, descargó la fusta contra la espalda del detective. El chasquido resonó en la habitación seguido de un grito ahogado. Ethan apretó los dientes hasta que sintió que se le romperían, pero no bajó la cabeza. Una línea roja y caliente cruzaba ahora su piel blanca.
-No quiero tu muerte, Ethan. Eso sería un desperdicio.- El alfa se inclinó y vertió un poco de aceite frío sobre la herida reciente. El contraste entre el ardor del golpe y la frialdad del líquido hizo que Ethan sufriera un espasmo -Quiero que cada fibra de tu cuerpo entienda que tu vida anterior ha muerto. Tu esposa, Ari, ya firmó los papeles para borrarte de su mundo. Eres un fantasma para ellos. Pero para mí, eres carne y hueso.-
Lantz volvió a golpear, esta vez en los muslos. El policía cayó de lado, pero las cadenas lo tiraron violentamente de las muñecas, manteniéndolo en vilo. La humillación de estar desnudo y sometido dolía más que el cuero. El mafioso se arrodilló detrás de él y comenzó a masajear el aceite por toda la espalda de Ethan, presionando los músculos tensos con una fuerza innecesaria.
-Tu cuerpo está cambiando.- Susurró al oído de Ethan, lamiendo la marca de la mordida que le había dejado el día anterior -Siento tu calor. Siento cómo tus feromonas de Omega están empezando a luchar por salir. Estás suplicando que te marque de verdad, que te llene, que te quite este dolor que la droga te está causando.-
El alfa dejó la fusta y usó sus manos para girar a Ethan, obligándolo a sentarse sobre sus talones mientras él quedaba de frente. Con una brutalidad repentina, Lantz lo agarró del cabello y lo obligó a abrir la boca, introduciendo sus dedos con arrogancia. Ethan intentó morderlo, pero el mafioso presionó un punto nervioso en su mandíbula que lo hizo gemir de dolor.
-Eres tan rudo, tan policía…- Se burló, observando las lágrimas de frustración que rodaban por las mejillas de Ethan -Pero mira hacia abajo. Mira cómo me respondes.-
Ethan bajó la vista y la vergüenza lo consumió. A pesar del castigo, su miembro estaba endurecido, palpitando por la estimulación de la droga y la presencia dominante del alfa. Su biología lo estaba traicionando de la forma más cruel posible.
Lantz desabrochó su propio pantalón con una lentitud tortuosa. No había amor en sus movimientos, solo una necesidad posesiva de marcar lo que consideraba suyo. Agarró al policía por la cintura y lo atrajo hacia sí con un tirón seco. El contacto de la piel caliente contra la piel aceitada hizo que Ethan soltara un sollozo.
-Hoy vas a aprender qué significa ser propiedad de un Schwarz- Dijo el alfa.
Sin ningún preámbulo suave, Lantz sometió a Ethan a un encuentro físico crudo y violento. No hubo besos dulces, solo mordiscos en los hombros y manos que dejaban marcas moradas en sus costados. Ethan luchó al principio, golpeando con sus hombros y forcejeando con las cadenas, pero la superioridad física de Lantz y el efecto del "despertar" biológico terminaron por quebrar su resistencia. Se hundió en la entrada de Ethan usando un poco del aceite, aun así los pliegues en el interior no estaban preparados. El policía soltaba gritos desgarradores.
Cada embestida del alfa era una declaración de poder. El detective sentía que su mente se fragmentaba, mientras escurría sangre y sus propios fluidos. Por un lado, su honor le gritaba que resistiera, por el otro, su cuerpo, hambriento por años de un matrimonio frío y sin deseo, absorbía cada gramo de esa pasión oscura y destructiva. El placer era tan intenso que resultaba doloroso, una sobrecarga sensorial que lo hacía gritar el nombre de su captor entre jadeos.
-Dime… dime de quién eres.- Le exigió Lantz, apretándole el cuello hasta que Ethan empezó a ver manchas oscuras.
-Tuyo…- Logró decir, quebrado, con la voz rota por el llanto y la excitación -Soy… tuyo… maldita sea.-
Lantz rugió, completando el acto con una ferocidad que dejó a Ethan sin aliento. El Alfa lo sujetó contra su pecho, dejando que sus alientos se mezclaran en el aire viciado de la habitación. Por unos segundos, el silencio solo fue roto por los sollozos bajos de Ethan.
Lantz se separó lentamente, mirando el cuerpo destrozado y aceitado del hombre que una vez fue el detective más respetado de la ciudad. Ethan tenía la mirada perdida en el techo, las muñecas sangrando por el roce de las cadenas y el alma hecha pedazos.
-Buen chico.- Dijo, limpiándose con una toalla pequeña que arrojó después al suelo -Mañana, Franz vendrá a verte. Quiero que vea en lo que te has convertido. Quiero que entienda que ni siquiera el hombre más íntegro puede resistirse a su verdadera naturaleza cuando yo decido despertarla.-
El mafioso salió de la habitación y cerró la puerta con doble llave. Ethan se quedó acurrucado en posición fetal sobre la alfombra, todavía encadenado. El frío de la habitación comenzó a calarle los huesos, pero el calor de la marca en su cuello y el dolor en su cuerpo le recordaban que ya no había vuelta atrás.
Había cruzado la línea. El detective había muerto en ese encuentro, y lo que quedaba en el suelo era algo nuevo, algo que Lantz había moldeado con dolor y deseo a la carne.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, Martin y Cecil observaban la mansión a través de binoculares térmicos desde un risco cercano.
-Hay mucho movimiento.- susurró Cecil, ajustando la frecuencia de su radio -Franz acaba de llegar en el deportivo. Parece que hay una celebración.-
Martin apretó el gatillo de su rifle de largo alcance, aunque no disparó. Su rostro estaba sombrío.
-Si no entramos esta noche, Cecil, me temo que lo que encontremos dentro ya no será Ethan. Conozco a los de su clase. No solo rompen huesos... rompen la voluntad.-
-¿Estamos listos?- Preguntó ella, cargando su propia arma.
-No- Respondió Martin—. Pero vamos a entrar de todos modos. Por Richter.-
Los dos ex-policías se deslizaron por la ladera, internándose en los dominios de los Schwarz, sin saber que dentro de esas paredes, su amigo acababa de aceptar, por primera vez, que el infierno tenía el aroma de su captor.