NovelToon NovelToon
Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Caballo de Troya

El viernes por la noche, la mansión de Julián Torres en el norte de la ciudad era un despliegue de opulencia, música electrónica de vanguardia y luces de neón que cortaban la penumbra. Los inversores más influyentes del país se paseaban con copas de champaña en la mano, ajenos a la guerra silenciosa que estaba a punto de estallar bajo sus pies.

A las nueve en punto, Alana Vega cruzó el umbral de la fiesta. Llevaba un vestido de satén rojo sangre con la espalda completamente descubierta y una abertura en el muslo que desafiaba cualquier norma corporativa. Había soltado su cabello en ondas salvajes y sus labios lucían un carmín intenso. Se veía espectacular, peligrosa, una mujer dispuesta a matar. Pero el accesorio más importante no estaba a la vista: en su bolso de mano llevaba una elegante memoria USB de titanio, el regalo que Ethan había programado con precisión milimétrica.

A dos calles de distancia, dentro del sedán negro con los vidrios polarizados, Ethan Blackwood estaba sentado frente a tres pantallas portátiles. Llevaba los auriculares puestos, conectado al micrófono oculto que Alana portaba en uno de sus pendientes. Sus ojos grises, fijos en las líneas de código que parpadeaban en su monitor principal, destilaban la frialdad de un verdugo.

—Estás dentro, Alana. Te tengo en el radar —susurró Ethan a través del canal privado. Su voz sonó ronca y posesiva en el oído de ella—. Torres se está moviendo hacia tu posición desde la barra. Mantén la calma. Recuerda que soy yo quien te cuida desde las sombras.

Alana no parpadeó. Sintió un escalofrío de anticipación recorrerle la columna. Sabiendo que Ethan escuchaba cada una de sus respiraciones, esperó a que Julián se acercara.

—Sabía que vendrías, muñeca —dijo Julián, apareciendo a su lado con una sonrisa de suficiencia, ofreciéndole una copa—. Una mujer como tú sabe reconocer una oferta ganadora cuando la ve. ¿Traes lo que te pedí?

Alana le dedicó una sonrisa felina, una que combinaba la ternura fingida con una lujuria fría que Julián, en su arrogancia, interpretó como sumisión.

—No me gusta hacer esperar a mis socios, señor Torres —respondió ella en voz baja, abriendo sutilmente su bolso para mostrar el destello del titanio—. Aquí están los códigos de la división de robótica. Pero comprenderá que no voy a entregárselo en mitad de la pista de baile.

Los ojos de Julián brillaron con una codicia desmedida. Creía que le había ganado la partida al gran Ethan Blackwood, que le había robado a su mejor empleada y sus secretos más valiosos.

—Acompáñame a mi oficina privada en el segundo piso. Ahí podremos cerrar el trato... y celebrar como te mereces —insinuó él, colocándole una mano en la parte baja de la espalda.

En el auto, Ethan apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos le crujieron, pero se obligó a respirar. Su software estaba listo para el contraataque.

—Déjalo que te guíe, Alana —ordenó Ethan, con una voz gélida—. La trampa está abierta.

Alana subió las escaleras junto a Julián, entrando a un despacho lujoso, decorado con maderas oscuras y una enorme computadora de escritorio conectada a la red privada de su fondo de inversión. Julián cerró la puerta con llave y se giró hacia ella, relamiéndose los labios.

—Entrégamelo —pidió él, extendiendo la mano.

Alana sacó el dispositivo de titanio y se lo entregó. Julián, sin perder un segundo, lo conectó al puerto principal de su terminal. En la pantalla, un archivo titulado "Robotics_Core_Access.bin" apareció, solicitando una clave de desencriptación.

—¿Cuál es la contraseña? —preguntó Julián, tecleando con impaciencia.

—«Eros» —pronunció Alana, mirando fijamente la pantalla.

En el coche, Ethan esbozó una sonrisa letal y presionó la tecla Enter de su propia computadora.

—Ejecutando troyano —murmuró Ethan.

En la pantalla de Julián, la barra de carga llegó al 100% en un parpadeo, pero en lugar de abrir los planos de robótica, la interfaz se tiñó por completo de negro. Un logotipo con la silueta de un lobo estilizado —la marca personal de hackeo de Ethan— parpadeó en rojo.

—¿Qué demonios es esto? —Julián comenzó a golpear el teclado, pero el sistema no respondía. Sus monitores secundarios empezaron a parpadear, mostrando transferencias de archivos masivas a una velocidad aterradora.

—Lo que pasa, señor Torres —dijo Alana, dando un paso atrás, su tono profesional regresando como un golpe de látigo—, es que acaba de conectar un software de intrusión militar a su red central.

En ese instante, las luces del despacho privado de Julián se apagaron y se encendieron en un bucle frenético. El teléfono celular del inversor comenzó a vibrar sin detenerse, inundado de notificaciones de pánico de sus socios financieros.

—¡¿Qué hiciste, maldita perra?! —gritó Julián, abalanzándose hacia ella con el rostro descompuesto por la furia.

Pero antes de que pudiera tocarla, la gran pantalla de la oficina se iluminó, mostrando la videollamada en alta definición de Ethan Blackwood. El CEO estaba sentado en su auto, con los auriculares puestos y una expresión de superioridad absoluta que heló la sangre de Julián.

—No le hables así a mi secretaria, Torres —la voz de Ethan tronó a través de los altavoces de la oficina, gélida, implacable, cargada de una autoridad destructiva—. En los últimos sesenta segundos, mi troyano ha vaciado las cuentas puente de tu fondo de inversión. Hemos filtrado tus registros de evasión fiscal a la división de delitos financieros y, para cuando termine la noche, la junta directiva habrá revocado tu licencia de corretaje. Estás acabado, Julián. Has intentado jugar al espionaje en mi red, y yo soy el dueño del sistema.

Julián cayó de rodillas frente a su escritorio, mirando las pantallas que confirmaban la pérdida total de sus activos y las alertas de congelamiento de cuentas. El gran tiburón financiero de la mañana se había convertido en un cadáver corporativo en cuestión de minutos.

Alana miró al hombre destruido en el suelo con absoluto desprecio. Se giró hacia la pantalla donde el rostro de Ethan la observaba con una adoración salvaje.

—Trabajo terminado, señor Blackwood —dijo ella, con una sonrisa ardiente.

—Sal de ahí, Alana. El auto está en la puerta trasera. Tu recompensa te espera —respondió Ethan, con los ojos grises encendidos de puro deseo.

Alana dio media vuelta, abrió la puerta del despacho y bajó las escaleras con paso firme, dejando atrás el imperio en ruinas de Julián Torres. Habían cazado juntos, y ahora era el turno de Ethan de pagar el precio de la victoria.

1
Lujan Ayala
me encantoooooooooo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play