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Turquesa Eterno: Memorias De Un Amor En Varadero.

Turquesa Eterno: Memorias De Un Amor En Varadero.

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:382
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Romance en Playa Varadero ( Cuba)

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El fuego de la noche.

El atardecer dio paso a la noche con la lentitud de un suspiro. El cielo se cubrió de estrellas, tantas y tan brillantes que parecían imposibles. Sin la contaminación lumínica de las ciudades, la Vía Láctea se desplegaba sobre ellos como un río de leche cósmica, un espectáculo que dejó a Álix sin aliento.

—Nunca había visto tantas estrellas —dijo, tumbado boca arriba sobre la toalla, con la cabeza apoyada en el regazo de Marina.

—En Cuba, las estrellas son parte de la familia —respondió ella, acariciándole el cabello con una ternura que a él le hizo cerrar los ojos de placer—. Mi abuelo me enseñó a orientarme por ellas. Esa de ahí es la Osa Mayor. Y aquella, la estrella Polar. Si alguna vez te pierdes, solo tienes que buscarla y te guiará hacia el norte.

—Yo ya me he perdido —murmuró Álix, abriendo los ojos para mirarla—. Pero no quiero que nadie me encuentre.

Marina se inclinó sobre él y le dio un beso en la frente, un beso tan tierno y tan puro que a Álix se le encogió el corazón.

—Tengo frío —dijo ella, aunque la temperatura era perfecta.

—¿Quieres que volvamos?

—No. Quiero que hagamos una fogata.

Recogieron ramas secas y madera de deriva esparcida por la playa, y Álix, con la destreza de un antiguo boy scout, montó una pequeña hoguera cerca de la orilla. Las llamas pronto crepitaron, lanzando chispas al cielo y dibujando sombras danzantes en sus rostros. Se sentaron el uno junto al otro, envueltos en la misma toalla, contemplando el fuego en un silencio cómplice.

—Hoy ha sido un día perfecto —dijo Marina, apoyando la cabeza en el hombro de Álix.

—Perfecto —asintió él—. Pero no quiero que se acabe.

—Nada bueno dura para siempre, francés.

—No digas eso.

—Es la verdad. Tú te irás dentro de diez días. Yo me quedaré aquí, con mis corales y mis tortugas. Y esto... —hizo un gesto vago abarcando la playa, la hoguera, el beso—. Esto será un recuerdo bonito.

Álix se giró hacia ella, tomándola por los hombros con una intensidad que rayaba en la desesperación.

—No quiero que seas un recuerdo. No quiero volver a París y pasar el resto de mi vida preguntándome qué habría pasado si me hubiera quedado.

—Álix...

—Hablo en serio, Marina. He viajado por medio mundo. He conocido cientos de lugares, miles de personas. Pero nunca, jamás, había sentido lo que siento contigo. Es como si... como si todo en mi vida me hubiera estado conduciendo a esta playa, a esta noche, a ti.

Las lágrimas asomaron a los ojos turquesa de Marina, brillando a la luz del fuego como gemas líquidas.

—No me hagas esto —susurró, con la voz rota—. No me hagas soñar con algo que no puede ser.

—¿Y por qué no puede ser?

—Porque soy cubana, Álix. Porque mi vida está aquí. Porque no puedo marcharme así como así. Y porque no quiero enamorarme de alguien que va a desaparecer.

—¿Es que no te has dado cuenta? —dijo él, acercando su rostro al de ella—. Ya me he enamorado.

El beso que siguió fue diferente al de antes. No era tierno ni exploratorio. Era un beso urgente, apasionado, cargado de toda la tensión y el deseo que habían estado acumulando desde el primer instante. Marina se aferró a Álix como si fuera un náufrago a una tabla de salvación. Él la tumbó suavemente sobre la arena, sintiendo la tibieza de su cuerpo bajo el suyo, y la besó en los labios, en las mejillas, en el cuello, en cada centímetro de piel que encontraba a su paso.

El vestido blanco de Marina se deslizó por sus hombros, revelando la piel dorada y suave, iluminada por el resplandor anaranjado del fuego. Las manos de Álix recorrieron su cuerpo con reverencia, como quien acaricia una obra de arte. Cada curva, cada lunar, cada suspiro de ella se grababa en su memoria con la precisión de un cincel sobre mármol.

—Eres tan hermosa —murmuró él contra su oído, y sintió el escalofrío que recorrió el cuerpo de Marina al escucharlo.

Ella no respondió con palabras. Lo hizo con las manos, que se deslizaron bajo la camisa de él, explorando los músculos de su espalda, la textura de su piel, el calor que emanaba de su pecho. Lo atrajo hacia sí con una fuerza que contradecía su aparente fragilidad, y se besaron de nuevo, con los cuerpos entrelazados sobre la arena blanca, mientras el fuego crepitaba y las olas susurraban su canción eterna.

No hubo prisa. No hubo torpeza. Todo fluyó con la naturalidad de lo que está destinado a suceder. Hicieron el amor bajo las estrellas, envueltos en la calidez de la hoguera y en la magia de una noche que ninguno de los dos olvidaría jamás. Cada caricia era un poema. Cada gemido, una confesión. Cada mirada, un juramento silencioso que no necesitaba palabras.

Cuando por fin, exhaustos y felices, se quedaron tumbados el uno junto al otro, con los cuerpos aún entrelazados y la respiración agitada, Álix besó la frente de Marina y susurró:

—Te prometo que esto no es solo un recuerdo. Te prometo que voy a luchar por nosotros.

Marina no respondió, pero apretó su mano contra la de él, y en ese gesto había más esperanza que en mil palabras.

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Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️❤️
Norys Alvarez Alfonso
Bravo 👌
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