Separados al nacer en canastas para salvarlos de una masacre, los gemelos de la estirpe real de Blood Moon crecieron sin saber el uno del otro. Cinthya pasó su infancia en el orfanato de una manada, conociendo y dominando desde pequeña la ferocidad de su loba interna. Al cumplir la mayoría de edad, deja el centro sin haber sido adoptada, momento en el que la directora le entrega una carta de sus padres biológicos y una caja misteriosa. Fiel a su promesa, Cinthya se muda al mundo humano y no abre el legado hasta el día en que se gradúa de la universidad. Es en ese instante cuando la verdad se revela, dando inicio a la búsqueda de su hermano gemelo.
Su hermano, Alexei, fue dejado en otro orfanato lejano antes de ser adoptado por los líderes de la poderosa manada Shadow Fang, creciendo junto a Paul como su hermano adoptivo y sin saber que sus padres adoptivos son los alfas de la manada en la que vive.
El hilo del destino guía los pasos de Cinthya hasta la ciudad donde vive Alexei. Allí, el vuelco de su existencia es total: no solo se reencuentra de forma emotiva con su gemelo Alexei, sino que el lazo la golpea al ponerla cara a cara con Paul, el imponente futuro Alfa de la manada y hermano adoptivo de su hermano. La conexión entre Paul y Cinthya es inmediata, feroz y despiadadamente posesiva. Mientras su amor se consolida, Alexei encontrara a su pareja destinada en la hija del Beta.
Unidos por la sangre y respaldados por la fuerza absoluta de sus mates, los hermanos deberán coordinar a sus soldados para adentrarse en las profundidades de las minas olvidadas del norte. Allí, donde sus padres biológicos languidecen encadenados con plata pura por la tiranía de su cruel tío Lionel, se librará una guerra despiadada y sangrienta. La estirpe real ha regresado para purificar sus tierras de origen. ¿Podrán derrocar al dictador y reclamar el imperio indestructible que les pertenece, o la traición consumirá el legado de Blood Moon para siempre?
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PROLOGO
Antes de dar paso a la historia, quiero comentar que esta novela ya hace algún tiempo que la escribi y que aprovechando mis vacaciones he decidido convertir en una saga y comprende varios libros que aun estoy escribiendo, empiezo por compartir el primero y el que me ha llevado a los demas. Espero que la disfruten, saludos.
PROLOGO
Me llamo Cinthya, tengo veintidós años y soy una mujer lobo. Ahora es cuando ustedes esperan que les diga que soy un bombón de noventa, sesenta, noventa, con una larga y sedosa cabellera rubia. Pues déjenme decirles que nada más lejos de la realidad. Más bien soy una mujer llena de curvas imperfectas pero adorables. Mi altura está dentro de la media y, en lugar de una melena de infarto, llevo el pelo rapado por los lados con una capa más larga en la parte de arriba. Nunca utilizo maquillaje. Mi aspecto es bastante masculino, pero me siento muy cómoda así; además, me ayuda a espantar con mayor facilidad a los pesados que se me acercan y no me interesan.
No tengo familia. Siendo todavía una bebé, me dejaron metida dentro de una canastilla en la puerta del orfanato de la manada River Blue. Pasé toda mi infancia deseando ser adoptada para tener un hogar de verdad, pero, a pesar de que siempre venían muchas parejas, ninguna se quedó conmigo. Por eso crecí encerrada en aquel lugar. Aunque al menos suponía tener un techo bajo el que vivir, donde me atendían y me daban de comer, aquello no se asemejaba en nada a lo que yo imaginaba que debía ser una familia.
Rosmira, la directora, era una persona muy fría y distante. Nos trataba con una rectitud implacable tanto a los niños como a las omegas encargadas de atendernos. Yo constantemente me metía en líos porque era una niña muy inquieta; siempre acababa en su despacho llevándome una buena regañina y el consiguiente castigo.
En medio de esa soledad hice una amiga. Se llamaba Lili. Éramos inseparables, nos llamábamos hermanas y pasábamos las horas juntas soñando con que llegara el día en que cumpliéramos los dieciocho años para poder ser libres y vivir juntas en otro lugar. Fueron días muy felices a su lado; nos dábamos fuerzas y nos animábamos la una a la otra para sobrellevar la vida en ese sitio, pero poco podíamos imaginar que nuestra felicidad iba a ser sesgada antes de lo que pensábamos.
Todo sucedió muy rápido aquel fatídico día en que las vidas de todos dieron un giro de ciento ochenta grados. Nos levantamos temprano, como todas las mañanas, y después de asearnos bajamos al comedor a desayunar. Lili y yo, como siempre, nos sentamos juntas y conversábamos animadamente de nuestros planes futuros cuando, de pronto, la alarma de la manada comenzó a sonar con fuerza. Estábamos siendo atacados.
Rápidamente, nuestras cuidadoras nos llevaron al refugio subterráneo debajo del orfanato y nos encerramos todos allí, esperando a que los guerreros nos vinieran a buscar cuando hubiera acabado la batalla. Nuestra manada era muy grande, por lo que el Alfa había mandado construir varios búnkeres para proteger a las mujeres y a los niños; además del que había en los sótanos de su propia casa, también se habían colocado en el colegio, el hospital y el orfanato. El tiempo se nos hizo eterno. Fueron horas de angustia que casi parecieron días enteros, hasta que finalmente dos guerreros de la manada abrieron la puerta. El peligro había pasado, así que nos dijeron que volviéramos a nuestras habitaciones mientras la directora era requerida ante el Alfa.
Durante la cena, Rosmira nos explicó la situación. Habíamos sido atacados por un grupo de rogues y vampiros. Todos los enemigos estaban muertos, pero habían causado muchas bajas entre los nuestros. Muchos pequeños de la manada habían quedado huérfanos y, aunque en ese momento estaban en el hospital, se incorporarían en unos días al orfanato. Esto provocaba que no hubiera suficiente espacio para todos, por lo que el Alfa y la Luna decidieron que en una semana abrirían las puertas del centro al resto de las manadas vecinas para que pudieran adoptarnos.
La semana pasó rápido y llegó el día en que vendrían para conocernos. Me levanté muy nerviosa; tenía un miedo horrible de que nos separaran, mientras que Lili, en cambio, se mantenía serena. Nos hicieron bajar a todos al patio y las familias comenzaron a entrar. Había muchas parejas que nos miraban y preguntaban cosas. Poco a poco fuimos viendo cómo la mayoría de los niños eran adoptados. Al final, tan solo quedaban un par de parejas. Ya casi respiraba aliviada porque Lili y yo aún seguíamos juntas, cuando los ojos de la mujer de una de las parejas se posaron fijamente sobre ella. Se dirigió a mi amiga, la levantó en sus brazos, la besó y se la llevaron. Nos despedimos con un abrazo apresurado y me quedé llorando en mitad del patio, viendo cómo se alejaba el coche que se llevaba a mi mejor y única amiga, a mi hermana, a mi única familia.
Subí corriendo a mi habitación, me metí en la cama y no quise levantarme ni comer durante días. Solo quería llorar y llorar; me ahogaba la tremenda soledad de saber que nunca más volvería a ver a Lili. Al segundo día de no querer bajar, una omega que se llamaba Sally vino a buscarme a la habitación. Me obligó a comer, me animó a salir de ese encierro y, gracias a ella, poco a poco volví a sonreír. Sally fue lo más parecido a una mamá para mí y se convirtió en mi única confidente, ya que decidí distanciarme por completo del resto de los niños que estaban en el orfanato.
Los años pasaron y por fin cumplí mi mayoría de edad. Con ella llegó mi primera transformación, donde conocí a mi loba, que se llama Tanja, y además obtuve mi ansiada libertad. Era el momento de poder marcharme del orfanato y empezar a realizar la vida que siempre había soñado. Preparé una mochila con las pocas cosas que tenía y salí para despedirme de Sally. Me hubiera gustado que viniera conmigo, pero ella no quiso; decía que había más niñas pequeñas que la necesitaban hasta que se hicieran mujeres fuertes como yo. La abracé fuertemente, la besé en la mejilla y me dirigí al despacho de la directora. Toqué a la puerta y ella me dijo que entrara con su habitual voz seria.
—Querida Cinthya, hoy ya nos dejas para empezar tu propio camino —me dijo mirándome a los ojos—. Me siento orgullosa de la mujer fuerte en la que te has convertido. Sé que soy muy dura con todos ustedes, pero es mi deber enseñaros que la vida ahí fuera no será un camino de rosas. Recuerda que siempre tendrás aquí un lugar al que volver si en algún momento pierdes tus pasos. Antes de que te vayas, he de entregarte esto.
Rosmira abrió un cajón y sacó una caja de madera junto a un sobre.
—Esto lo dejaron junto contigo dentro de la canasta. No podía dártelo hasta que cumplieras tu mayoría de edad, tal y como dejaron escrito en la nota que los acompañaba. Solo me queda desearte mucha suerte y un buen viaje.
—Gracias, directora. No la olvidaré —respondí con sinceridad.
No dije nada más. Solo la abracé de forma breve y salí del orfanato sin mirar atrás. Me subí al taxi que ya me esperaba en la entrada y me marché directo al mundo de los humanos. No quería vivir en ninguna manada, no quería encontrar a mi mate y no quería saber nada de la jerarquía lobuna. Solo quería vivir como una humana más, disfrutando de una vida tranquila de la que pudiera ser mi propia y única dueña.