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Estoy De Vuelta

Estoy De Vuelta

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencarnación
Popularitas:936
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.

Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4: El fantasma del callejón.

La cena en el L’Sofis concluyó con sonrisas heladas y apretones de manos calculados. Tras despedir a Isabella en un taxi —excusándose con un repentino dolor de cabeza para no acompañarla a su departamento—.

Julián caminó en soledad paso a paso hacia el estacionamiento subterráneo. Necesitaba aire. Necesitaba escapar del sofocante perfume de rosas de su prometida y de la presencia venenosa de Marcos.

El silencio del carísimo sedán alemán que conducía solo sirvió para amplificar el zumbido en sus oídos. Se quitó la paja del cuello del esmoquin, aflojó el primer botón de la camisa y aceleró por las avenidas iluminadas.

El coche avanzaba de forma autómata hasta que un semáforo en rojo lo obligó a detenerse cerca del centro histórico de la ciudad. A su derecha, entre dos edificios antiguos, se abría la boca de un pasaje oscuro y angosto. La lluvia comenzaba a caer en finas gotas que repicaban contra el parabrisas.

Julián clavó la mirada en la penumbra del pasaje. De repente, el cuero pulido del volante pareció transformarse bajo sus dedos en el tacto rugoso y frío de un muro de ladrillos. El aroma a limpio de su auto se evaporó, reemplazado por el tufillo pestilente del agua estancada y la basura acumulada.

Un espasmo violento le atenazó el tórax. La garganta se le cerró de golpe.

«No puedo respirar», pensó en un ataque de pánico feroz. El recuerdo del mendrugo de pan atravesado en su esófago, el frío cortante del asfalto y la agonía solitaria de su muerte anterior regresaron como una ola fulminante. El aire no entraba a sus pulmones. El pecho le quemaba.

Desesperado, Julián puso el auto en marcha, lo estacionó de cualquier manera sobre la acera frente a una plaza y saltó del vehículo. Caminó a pasos agigantados, tropezando con sus propios zapatos italianos, buscando escapar del fantasma invisible que lo perseguía. La lluvia comenzó a empapar el saco de su esmoquin, pero a él no le importaba; solo necesitaba sentir que su cuerpo seguía vivo, que no estaba atrapado en la penumbra de aquel callejón.

Avanzó tres cuadras sin rumbo fijo, internándose en las calles bulliciosas del barrio popular que bordeaba el centro financiero. La arquitectura de lujo dio paso a marquesinas de lámina, grafitis y el ir y venir de la gente trabajadora que regresaba a sus casas tras una larga jornada.

Y entonces, un olor penetrante y cálido quebró la bruma de su ataque de pánico.

Olay a carne asada con especias, cebolla acaramelada, chile toreado y tortillas de maíz recién hechas. Era un aroma denso, vivo y reconfortante que inundó el aire frío de la noche.

Julián se detuvo en seco, rascándose el cuello con manos temblorosas. Siguió el rastro del olor hasta la esquina de una calle peatonal. Allí, bajo una lona azul que crujía con el viento y la lluvia, se erigía un Puesto de Comida Cobre y Acero Inoxidable iluminado por un foco amarillo incandescente que colgaba de un cable.

Detrás de la barra de metal, una joven con una pañoleta roja en la cabeza y un delantal limpio manejaba la espátula sobre un comal ardiente con una destreza hipnótica. Un letrero de madera pintado a mano sobre el puesto anunciaba en letras brillantes: "La Sazón de Jimena".

Alrededor del puesto, un par de trabajadores con impermeables disfrutaban de sus platos caliente, ajenos a las penas del mundo. Julián, vistiendo un esmoquin de miles de dólares ahora húmedo por la lluvia, permaneció a unos pasos, contemplando la escena como si fuera un oasis en medio de la tormenta de su mente. El calor que salía del comal y la energía vibrante del lugar comenzaron a disipar de inmediato el frío mortal de sus recuerdos.

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Maria Cristina Roldan Rodam
aparenta ser muy interesante
Isa Yguaro: Espero que sea de su agrado. Si tiene alguna sugerencia, la recibiré con gusto.
total 1 replies
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