La descartaron como a un paquete devuelto.
Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.
Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.
Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.
Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.
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Capítulo 15: La noche antes de la boda
Ese día, Tania no respondió a la pregunta de Adrián.
Tomó su bolso y salió a paso rápido. Raquel la siguió, echándome en cara que hubiera aireado los trapos sucios de la familia, mientras Bernardo se limitaba a decir que hablaríamos del dinero después de la boda. Las tres maletas siguieron en la cajuela cuando el auto abandonó el patio.
Semana y media más tarde llegó la noche antes de la boda.
La casa, siempre tranquila, se llenó de cajas de regalos, pilas de sillas y aroma a jazmín. La carpa de la recepción ya estaba montada en el patio. Desde la ventana de mi cuarto vi a unos muchachos del pueblo terminando de colgar las luces, mientras desde la cocina de atrás llegaban las voces de las mujeres que preparaban los aliños.
Doña Mina estaba sentada en el suelo de mi habitación, con las piernas cruzadas y el vestido blanco de novia extendido sobre el regazo. Metía el hilo por el ojo de la aguja entornando los ojos.
—Madre, ya es suficiente. La costura ni se nota.
—La cintura todavía queda floja.
—Si mañana como bastante, va a quedar perfecta.
Ella rió por lo bajo y volvió a coser. Tenía las manos ásperas y sus movimientos no eran tan rápidos como los de una costurera de la ciudad, pero cada puntada la hacía con una entrega que no me dejaba corazón para quitarle el vestido de las manos.
—Antes pensaba que nunca te llevaría del brazo hasta el altar —dijo tras un largo silencio—. Cuando supe que habías crecido en la capital, solo rezaba para que allá te quisieran. Y resulta que te mandaron aquí, tú sola.
—Ya no estoy sola.
Doña Mina me miró.
—¿De verdad quieres casarte con Adrián? ¿No es por miedo a volver a la capital?
La pregunta no me ofendió. Precisamente porque era mi madre, tenía derecho a asegurarse.
Pasé los dedos por el pequeño bordado del puño.
—Al principio solo quería sobrevivir. Pensé que, si era un buen hombre, podríamos respetarnos y cada quien haría su vida.
—¿Y ahora?
Se me vino a la cabeza la oficina de la ganadería. El dedo raspado, un aliento tibio en la piel, las orejas de Adrián enrojecidas cuando lo regañé. Y me acordé de cómo se paró a mi lado frente a Bernardo, Raquel y Tania, sin quitarme la voz ni una sola vez.
—Ahora espero el sonido de su moto cada tarde —confesé—. Si se retrasa, me la paso mirando el reloj. No se siente como dos personas que simplemente comparten una casa.
Doña Mina sonrió, con los ojos brillantes.
—Entonces no tengo de qué preocuparme.
—Aun así puede preocuparse un poquito.
—Una madre siempre se preocupa. —Ató el último hilo—. Solo me pesa no haber podido hacer todo esto desde que eras chica. Coser tu uniforme, regañarte cuando llegabas tarde, guardar dinero para tu boda.
La abracé por el costado.
—No podemos volver a coser los años que se perdieron. Pero todavía puede ayudarme a ponerme este vestido mañana.
Doña Mina lloró sin hacer ruido. Yo lloré con ella y después nos reímos, temiendo despertar con los ojos hinchados en la mañana.
Cuando el vestido quedó colgado, me ayudó a revisar los estuches de joyas. Todo estaba anotado, sellado y guardado en el ropero de mi cuarto. No había una sola pieza confiada a la familia de la capital.
Doña Mina sacó de su bolso un pañuelo viejo. En una de las esquinas había una florecita bordada con hilo rojo.
—Esto no vale nada —dijo—. Lo hice cuando todavía te esperaba. Después de que te cambiaron, lo guardé porque no sabía a quién dárselo.
El hilo estaba desvaído y la tela, delgada por los años. Y sin embargo, aquel pañuelo hacía que los estuches de oro que teníamos al lado parecieran insignificantes.
—¿Puedo llevarlo mañana?
—Es tuyo, mija.
Doblé el pañuelo y lo metí en el bolsito que llevaría durante la boda. Por primera vez, algo de los días anteriores a que conociera los nombres de Bernardo y Raquel volvía de verdad a mis manos.
Luego doña Mina me peinó como una madre que quiere resarcir mil noches de una vez. Me contó que Aldo, de niño, esperaba a menudo a que su hermanita volviera a casa, aunque la bebé que se habían llevado del hospital no era yo. Nicolás y Mateo hasta habían peleado alguna vez por quién se sentaría a mi lado el día que por fin llegara.
—Todavía pelean por eso —dije.
—Entonces hay cosas que no cambian.
Nos sonreímos con los ojos otra vez húmedos.
—Duerme —dijo doña Mina—. Mañana vas a estar sentada mucho rato.
La acompañé al cuarto de abajo. Rafael y Bruno ya dormían junto a Nicolás y Mateo. Sasa dormía entre dos almohadas, con una mano aferrada al borde de la cobija. La casa empezó a quedar en silencio después de que se fuera el último trabajador.
En el pasillo del segundo piso me crucé con Adrián.
Acababa de bañarse; tenía el cabello todavía húmedo. Los dos nos detuvimos, como si nunca nos hubiéramos encontrado en ese mismo corredor.
—¿No se ha dormido? —preguntó.
—Ya voy a dormir.
—Mañana hay que madrugar.
—Lo sé.
Él asintió, pero no se movió. Yo tampoco.
—¿Está nervioso, Adrián?
—No.
La respuesta llegó demasiado rápido.
Sonreí.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Lara.
Mi nombre me acompañó hasta dentro del cuarto.
Unos minutos después de que la puerta de Lara se cerrara, Adrián entró a su despacho.
Cerró con llave y abrió el cajón de más abajo del escritorio con una llavecita que siempre llevaba consigo. Debajo de las carpetas de contratos guardaba una credencial de oficial, algunas condecoraciones en un estuche de terciopelo y un viejo uniforme doblado con esmero.
Sus dedos se detuvieron en el escudo de la unidad, en la manga del uniforme.
Los rostros de varios hombres del pasado emergieron junto con el sonido de disparos que llevaba años tratando de enterrar. Al día siguiente vendrían los viejos camaradas. Tendría que ponerse otra vez ese uniforme, no para una misión, sino para pararse al lado de una mujer que aún no conocía todo el peso de su apellido.
Adrián cerró el estuche de las condecoraciones y guardó todo de nuevo.
Después echó llave al cajón una vez más, como quien cierra bajo llave un pasado que jamás le había contado a Lara.
°\🙄/-
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦♀️
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷♀️🙎♀️
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🙎♀️
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷♀️😒🙎♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~~°
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎♀️
Y al rechazar ése compromiso, automáticamente esa familia que recibió esa dote, debe de regresarla íntegramente.☝️🧐
Ya que al no haber boda...¡No hay dinerito!.🫰💵💷💶💴
La que se friega y parte el lomo es ella y ustedes solo la ganancia ¿no?. °\🤨/°
¡Y no el mentado pollo con soya?.🤷♀️ Que si lo hace una vez más pronto les saldrá plumas. °~~°