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LAS REGLAS DE GREY

LAS REGLAS DE GREY

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Enfermizo / Mafia
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 17: EL VESTIDO SIMPLE

Anastasia se durmió a un día de casarse.

Se durmió con jeans rotos y con la camisa blanca de Damián encima, con el anillo _MITAD Y MITAD_ en el bolsillo y el arete de luna puesto. Con la cabeza en el pecho del lobo que ya no era lobo.

Se despertó casada.

No fue como en las películas. No hubo 200 invitados, ni iglesia grande, ni Vonn gritando con papeles. Hubo cuatro sillas en la sala de la mansión negra. Un juez viejo que no hacía preguntas porque era amigo de los Grey. Un ramo de flores simple que Killian compró en la gasolinera porque se le olvidó. Y un vestido simple, blanco, de dos kilos, no de cinco, con el que podía correr si se arrepentía.

Anastasia bajó las escaleras descalza a las once de la mañana, con el vestido simple. No tenía cola enorme. No tenía brillo. Tenía el arete de luna de Luna en una oreja y nada en la otra, a propósito, mitad y mitad. Tenía el anillo mitad y mitad en el dedo.

Abajo estaban tres personas y media.

Su madre Elena, con vestido prestado de Sofía, llorando ya, sentada.

Sofía, con un vestido rosado grande, grabando todo con el celular.

Luna, con vestido negro, de verdad, corto, con botas, con los brazos cruzados, pero ahí. Había venido. Con el pelo recién pintado de negro y rojo para la boda.

Y Damián. De traje negro, pero sin corbata. Con el pelo peinado para atrás. Con el tatuaje del lobo tapado por la camisa blanca, pero se le veía un poco en el cuello. Con las manos temblando. Damián Grey, el que nunca temblaba, temblando.

—Llegaste —dijo, cuando la vio.

—Dije que volvía ayer, ¿no? —dijo Anastasia, bajando el último escalón descalza—. Y dije que diría que sí hoy.

El juez viejo abrió un libro.

—¿Anastasia Sterling, aceptas a Damián Grey como esposo?

Anastasia miró a su madre, que lloraba. Miró a Luna, que tenía cara de "si dices que no, te saco corriendo". Miró a Damián, que la miraba como si se fuera a ir corriendo.

Pensó en el contrato quemado a la mitad. En la puerta de la cocina a las tres de la mañana. En los panqueques de Killian. En los besos en la frente que tenía que pedir.

—Sí —dijo—. Sí, acepto. Mitad y mitad. Pero sí.

—¿Damián Grey, aceptas a Anastasia Sterling como esposa?

—Sí —dijo Damián, rápido, antes de que el juez terminara—. Sí, toda. Aunque sea mitad Sterling. Sí.

—Entonces los declaro marido y mujer —dijo el juez—. Puede besar a la novia.

Y por primera vez, Damián no preguntó "¿puedo?". Porque el juez ya le había dado permiso. Y porque ella ya había dicho que sí a todo.

La besó en la sala, frente a su madre, frente a Luna con vestido negro, frente a Sofía grabando. No fue un beso en la frente. Fue un beso de casados. Largo. Con la mano de él en su cintura del vestido simple.

Luna aplaudió una vez, fuerte, sarcástica.

—Bien, lobo. Ahora si le rompes el corazón, te rompo la cara. No las manos. La cara.

Elena lloró más.

Sofía gritó: ¡Vivan los novios mitad y mitad!

Killian desde la cocina gritó: ¡Ya pueden comer panqueques de casados!

Comieron panqueques en la sala, con el vestido simple puesto, con traje negro, los cinco. No hubo fiesta grande. No hubo Vonn. Vonn no quiso venir porque dijo que una boda de cuatro personas no era boda Grey. Damián le dijo que entonces no era Grey, era de ellos.

A las tres de la tarde, todos se fueron. Elena a casa de Sofía. Sofía y Luna a la tienda, con promesa de volver mañana.

La mansión negra se quedó vacía. Solo la cama negra enorme arriba, deshecha de la mañana.

Anastasia subió con el vestido simple todavía puesto. Damián detrás. Sin decir nada. Los dos nerviosos. Casados de verdad, no de contrato quemado.

—Regla seis —dijo Damián en la puerta de la habitación, con voz baja, temblando otra vez—. ¿Puedo?

Anastasia tenía el vestido simple, el arete de luna, el anillo mitad y mitad. Tenía 19 años y hace un mes trabajaba en una librería y hoy era señora Grey.

—Sí —dijo—. Hoy sí. Todo sí. Porque quiero. No porque firmé.

Damián la cargó como el primer día, cuando la subió a la cama con su vestido puesto, pero ahora distinto. La acostó en la cama negra con su vestido simple puesto. Le quitó los zapatos despacio. Le desabotonó la espalda del vestido, uno por uno, como aquella vez que se desmayó, pero ahora ella estaba despierta y lo miraba.

—Si te duele algo, dices no —dijo él—. Si no quieres, dices no. Regla seis todavía vale aunque estemos casados.

—No voy a decir que no —dijo ella, con el corazón rápido.

Tuvieron intimidad. No fue como en los libros que ella leía en la librería. No fue perfecto, ni de película. Fue despacio, con nervios, con el vestido simple en el suelo, con la camisa negra de él también en el suelo. Fue con respeto, con ella diciendo que sí todo el tiempo, con él preguntando si estaba bien. Fue su primera vez de verdad, de los dos, juntos, sin contrato.

Después, se quedaron acostados en la cama negra, tapados con la sábana negra, ella con la cabeza en su pecho de lobo, él con el brazo alrededor.

—Anastasia Grey —susurró él.

—Sterling Grey —corrigió ella—. Mitad y mitad. No me quites la mitad.

—Sterling Grey —repitió él, besándole el pelo—. Mitad y mitad.

Se quedaron en silencio un rato. Solo la lluvia afuera.

—Tengo que decirte algo —dijo Damián, de repente serio—. Ahora que eres mi esposa de verdad.

—¿Qué? —dijo ella, asustada de que fuera otra regla.

—Soy mafioso —dijo él, directo, sin adornos—. No te lo dije bonito. Vonn no es abogado. Es mi socio. Hacemos cosas malas. Vendemos cosas. La gente nos tiene miedo por algo. Y tú ahora eres mi esposa. Y eso te hace débil para ellos. Mi debilidad.

Anastasia se incorporó un poco, tapándose con la sábana.

—¿Me van a hacer daño?

—No si yo puedo evitarlo. Pero no puedo estar a tu lado todo el día. Y Killian ronca y no siempre está. —Damián le agarró la mano con el anillo mitad y mitad—. Por eso te voy a contratar a alguien. No a una niñera. A alguien que te entrene.

—¿Entrenarme?

—Sí. A pelear. A disparar. A manejar armas. A defenderte si yo no estoy. Porque si alguien te toca, Luna con vestido negro no va a poder con cuchillo de cocina. Tienes que poder tú.

Anastasia lo miró. Hace un mes no sabía ni abrir una puerta con llave por fuera. Ahora su esposo mafioso le decía que iba a aprender a disparar.

—¿Tú quieres que aprenda a pelear?

—Quiero que nadie te vuelva a encerrar en una habitación con llave por fuera. Ni siquiera yo. Quiero que si mañana alguien entra por la puerta de la cocina a las tres de la mañana, no sea Luna con cuchillo, seas tú con algo más grande y sepas usarlo. Porque eres Sterling Grey. Y las Grey no lloran en la cocina. Pelean.

Anastasia sintió miedo, pero también algo raro. Fuerza.

—¿Y quién me va a entrenar? —preguntó.

—Una mujer —dijo Damián—. Se llama Irina. Era de Vonn. Ahora es mía. No le gustan los Grey, pero le gustan las chicas que dicen que no y luego dicen que sí porque quieren. Como tú. Empieza mañana.

—¿Mañana? ¿Recién casada?

—Recién casada, recién entrenada —dijo Damián, y la volvió a acostar a su lado—. Pero hoy no. Hoy solo es hoy. Hoy eres mi esposa con vestido simple en el suelo.

Anastasia se acurrucó otra vez en su pecho.

—Damián —dijo, ya con sueño.

—¿Mmm?

—Regla nueva. Regla once. Si me entrenas a pelear, yo te entreno a ti a hacer panqueques. Porque Killian los quema.

Damián se rió. Fuerte. Por primera vez en la cama negra, se rió fuerte, de verdad.

—Trato —dijo—. Mitad y mitad. Tú me enseñas panqueques, yo te enseño a disparar.

Y se durmieron casados. Con el vestido simple en el suelo. Con la mansión negra sin llave por fuera . Con Luna en su tienda con vestido negro guardado, pensando que tal vez el lobo no era tan lobo. Y con Elena en casa de Sofía, rezando porque su hija mitad y mitad fuera feliz aunque fuera mitad Grey.

*[FIN DEL CAPÍTULO 17

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Natalia Moreno Sajonero
🥰
Sunny
repite muchas palabras frases desespera leer así
Natalia Moreno Sajonero: gracias por tu opinión lo tendré en cuenta en los siguientes capítulos saludos
total 1 replies
Amparo Muñoz
ese man esta loco q la conquiste con cariño sonrisa y ternura asi podra naser un amor entre parejas 🥰
Natalia Moreno Sajonero: así es ☺️
total 1 replies
Amparo Muñoz
portate bien obedientd y te ira bien este trato es paea salvar a tu mami haslo por ella
Natalia Moreno Sajonero: saludos gracias por leer mi novela 👏
total 1 replies
Natalia Moreno Sajonero
espero que le den mucho amor a mi historia y la apoyen los amo gracias
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