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Olvidada Por Mi Marido

Olvidada Por Mi Marido

Status: Terminada
Genre:CEO / Pérdida de memoria / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:896
Nilai: 5
nombre de autor: 1x.santx

Ella se casó por amor.
Él, un poderoso CEO, perdió la memoria… y con ella, el corazón.
Después de un accidente, empieza a creer que solo lo quisieron por su dinero y la expulsa de casa sin piedad. Sola, embarazada y traicionada por quien más amaba, lucha por sobrevivir… hasta descubrir que lleva tres vidas en su vientre. Entre habitaciones baratas, trabajos extenuantes y noches frías en pasillos de hospitales, ella elige resistir.
Cuando la verdad finalmente sale a la luz y los recuerdos regresan, tal vez ya sea demasiado tarde para pedir perdón.
Porque algunas heridas no se borran… ni siquiera con amor.

NovelToon tiene autorización de 1x.santx para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Luisa

El cambio a la casa de Verónica sucedió demasiado rápido para que pudiera procesar algo. Un día Arthur estaba en el hospital, confundido, pero aún gentil. Al otro, estábamos entrando en aquella casa grande y silenciosa, donde cada mueble parecía cargar reglas invisibles.

"Es solo hasta que te recuperes", le dije, intentando sonar positiva mientras los empleados descargaban las maletas.

Arthur asintió, educado. "Tiene sentido", respondió, sin emoción.

Aquella falta de reacción dolía más que cualquier palabra dura. En los primeros días, intenté mantener una rutina. Me levantaba temprano, preparaba su café, separaba los medicamentos en los horarios ciertos, explicaba todo con paciencia. Arthur oía, agradecía, pero era como hablar con alguien por detrás de un vidrio grueso. Verónica observaba todo. Siempre presente. Siempre silenciosa demasiado.

"No necesitas esforzarte tanto", comentó cierta mañana, mientras yo colocaba la bandeja sobre la mesa. "Arthur necesita tranquilidad".

"Cuidar de él no es esfuerzo", respondí. "Es natural para mí".

Ella sonrió de aquel modo que no llegaba a los ojos. "Claro. Haz como quieras", dijo con su voz fría.

Los días fueron pasando y yo siempre ayudaba a Arthur, él ya conseguía andar derecho y las heridas ya estaban mejor. Mientras yo arreglaba el cuarto, Arthur comentó que necesitaba más ropa.

"Voy a casa a buscar", hablé de inmediato. "Vuelvo rápido".

El trayecto hasta nuestra casa me apretó el pecho. Todo aún estaba del mismo modo. Las fotos en la estantería, la taza que él usaba, el abrigo olvidado en la silla. Sentí una náusea leve así que entré en el cuarto. Ignoré. Pensé que era cansancio. Separé ropas, documentos, el reloj de él. Cuando me agaché para coger una maleta, un mareo me hizo sentar en el suelo por algunos segundos.

"Es solo estrés", murmuré para mí misma.

En el camino de vuelta, necesité parar el coche para respirar hondo. La náusea volvió, más fuerte. Mi menstruación estaba atrasada, percibí de repente, pero empujé el pensamiento para lejos. No ahora. No en aquel caos. Yo pensé por un instante y entonces decidí ir en la farmacia cerca de casa, compré un test y volví. Así que llegué, hice el test y lo que yo temía había acontecido, yo estaba embarazada

Suspiré intentando calmar los pensamientos, un bebé, un hijo mío y de mi marido que ahora ni siquiera se acordaba de mí. Salí de mis pensamientos calmándome, guardé el test en el bolso y terminé de arreglar las cosas de Arthur y salí de casa yendo para la casa de Verónica. Cuando llegué, el clima estaba diferente. Silencioso demasiado. Entré y oí voces venidas de la sala. Era Arthur. Y Verónica. Paré en el corredor sin hacer ruido.

"Necesitas tener cuidado", Verónica decía, la voz baja, controlada. "Ni todo el mundo se aproxima por amor".

"¿Qué quieres decir?", Arthur preguntó confuso, como si no supiese dónde estaba.

"Luisa", ella respondió sin hesitar. "Ella siempre supo quién tú eras. Un hombre rico, poderoso. Un CEO".

"Ella dijo que somos casados".

"Dijo", Verónica concordó. "Pero tú no recuerdas de nada, ¿recuerdas? No recuerdas de cómo ella apareció en su vida. De cómo se encajó rápido demasiado".

Hubo un silencio. "¿Tú crees que ella mentiría?", Arthur preguntó. "Ella parece sincera cuando yo dije que yo la amaba".

"Yo creo que algunas personas hacen de todo por confort", Verónica respondió con suavidad cruel. "Ella siempre cuidó de todo, siempre tuvo acceso a todo. Ahora que tú estás vulnerable, ella insiste en quedarse".

Mi corazón disparó.

"Ella no parece ese tipo de persona", Arthur dijo, hesitante.

"Personas interesadas no acostumbran parecer quién son de verdad", Verónica retrucó. "¿Tú no percibes como ella fuerza intimidad? ¿Como toca en ti como si tuviese derecho?"

Sentí la náusea volver con fuerza.

"Yo no siento nada cuando ella me toca", Arthur confesó. "Solo disconformidad, es todo muy extraño para mí".

Verónica suspiró, como si estuviese triste por él. "Eso es su instinto te protegiendo".

No oí más nada. Me alejé en silencio, las manos temblando. Cuando entré en la sala minutos después, Arthur estaba sentado, serio. Frío.

"Hola..." hablé, forzando una sonrisa. "Traje tus cosas".

Él levantó los ojos despacio. "Gracias", dijo, seco.

Verónica se levantó. "Voy a dejar que conversen", dijo, satisfecha.

Así que nos quedamos solos, el peso cayó.

"Te tardaste", Arthur comentó.

"El tránsito", respondí. "¿Tú estás bien?"

"Estoy", respondió rápido. "Luisa, nosotros necesitamos conversar".

Me senté despacio. La náusea estaba allí de nuevo, en verdad, ni había salido, pero decidí ignorar.

"Yo creo mejor que tú pares de quedarte aquí el tiempo todo", él dijo. "Eso me confunde".

Confunde. La palabra ecoó.

"Yo soy tu esposa", hablé con cuidado. "Es normal yo estar aquí, yo necesito cuidar de ti".

Él respiró hondo. "Pero yo no siento eso. No siento nada. Y eso me deja irritado".

Mi pecho apretó. "Yo no estoy cobrando sentimientos, Arthur. Solo presencia".

"Es justamente eso", él rebató. "Tú actúas como si tuvieses derecho".

Quedé en silencio por un instante. "¿Alguien te dijo eso?"

Él desvió la mirada. "No importa".

Importaba. Yo sabía.

"Yo te amo", dije bajo. "Por eso estoy aquí cuidando de ti todos los días".

Él se levantó. "Yo necesito de espacio".

"¿Cuánto?", pregunté.

"Ahora", respondió, firme. "Tú necesitas irte".

Mi mundo inclinó. "¿Irte?", repetí. "Arthur, esa también es mi casa".

"No", él dijo, frío. "Es la casa de Verónica y era de mi padre. Y yo no quiero tú aquí".

Sentí la náusea subir violentamente. Llevé la mano a la boca.

"¿Tú estás bien?", él preguntó, distante.

"Estoy", mentí respirando hondo para contener la náusea. "Solo estoy cansada".

Él abrió la puerta. "Arregla tus cosas. Yo voy a pedir para un chofer te llevar".

Quedé parada por algunos segundos, intentando entender cómo todo había llegado allí. "¿Entonces es eso?", pregunté. "¿Tú vas a mandarme irme?"

"Yo necesito protegerme", respondió. "Y tú no haces parte de eso ahora".

"¿Cómo no si yo soy tu mujer?!", pregunto ya frustrada y con lágrimas queriendo caer.

"¡Tú no pasas de una extraña para mí!", él gritó.

"Todo bien, entendí. Voy a darte el espacio que tú tanto quieres", aseguré las lágrimas y salí de la sala.

Caminé hasta el cuarto, las piernas flacas, el estómago revuelto, el corazón en pedazos. Mientras cerraba la maleta, una certeza silenciosa se formó dentro de mí. Yo no estaba solo perdiendo mi marido. Yo estaba cargando algo que cambiaría todo. Y él estaba expulsándome antes mismo de saber. Cuando atravesé aquella puerta, sentí que no era solo de la casa que yo estaba siendo arrancada. Era de la vida de él.

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