Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho
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Capítulo 17 — El verdadero enemigo
La voz volvió a resonar sobre la capital.
—Por fin... la heredera ha regresado.
Todos los presentes quedaron inmóviles.
Incluso Lucan perdió su sonrisa.
Aurelia miró la grieta que había aparecido en la plaza.
—¿Quién eres?
No recibió respuesta inmediata.
De las profundidades comenzó a surgir una figura.
Primero aparecieron unos zapatos negros.
Después un largo abrigo oscuro.
Finalmente, un joven salió de la grieta.
Tenía el cabello negro, la piel pálida y unos intensos ojos rojos.
Aurelia sintió un escalofrío.
Era exactamente el hombre que había visto en su visión.
Kael levantó su espada.
—¿Quién eres?
El desconocido lo observó.
—Tu reflejo.
Kael frunció el ceño.
—No entiendo.
El joven sonrió.
—Porque todavía no recuerdas quién eres.
Aurelia dio un paso adelante.
—Yo sí sé quién eres.
El joven la miró.
—Entonces dilo.
Aurelia recordó la visión de Elara.
El joven que había estado junto a ella.
El heredero de la oscuridad.
—Eres el verdadero descendiente del guardián de las sombras.
El desconocido sonrió.
—Correcto.
Kael se tensó.
—Entonces él...
El desconocido miró a Kael.
—Tú solo heredaste una pequeña parte de mi poder.
Kael apretó los dientes.
—¿Quién eres?
—Mi nombre es Raven.
Aurelia sintió que la Corona Astral reaccionaba.
—¿Por qué estás aquí?
Raven la observó.
—Porque tú abriste la puerta.
—Yo no quería hacerlo.
—No importa.
Raven levantó una mano.
La grieta comenzó a expandirse.
—Durante siglos, los humanos han utilizado la magia como si les perteneciera.
Una enorme sombra apareció detrás de él.
—Pero la magia existía antes que este imperio.
Elias palideció.
—La Primera Era...
Aurelia lo miró.
—¿Qué es eso?
—La época anterior a la creación del imperio.
Raven sonrió.
—La época en la que la magia gobernaba el mundo.
Aurelia comprendió.
—Quieres devolver el mundo a esa época.
—Exactamente.
Adrian se colocó junto a ella.
—No lo permitiremos.
Raven lo miró.
—La luz siempre cree que puede salvar a todos.
Adrian levantó su mano.
—Y la oscuridad siempre cree que puede destruirlos.
Kael se colocó junto a él.
—Quizá ninguno de los dos tenga razón.
Raven observó a Kael.
—Interesante.
—¿Qué?
—Tu voluntad es más fuerte de lo que esperaba.
Kael levantó su espada.
—No permitiré que controles mi vida.
Raven sonrió.
—Entonces demuéstralo.
Una enorme sombra salió disparada hacia Kael.
Aurelia reaccionó inmediatamente.
—¡Kael!
Una barrera dorada apareció.
El ataque chocó contra ella.
Aurelia sintió que sus brazos temblaban.
Raven la observó.
—Todavía no puedes utilizar todo tu poder.
—No necesito hacerlo.
—Sí lo necesitarás.
Raven levantó ambas manos.
El cielo comenzó a oscurecerse.
Miles de pequeñas criaturas de sombra descendieron sobre la ciudad.
Los soldados comenzaron a luchar.
Adrian creó una enorme barrera de luz.
—¡Aurelia!
Ella lo miró.
—¡Ve por Raven!
Aurelia asintió.
—Kael, conmigo.
Los dos corrieron.
Raven apareció frente a ellos.
Kael atacó primero.
Su espada chocó contra una hoja negra.
El impacto produjo una explosión.
Aurelia lanzó varias estrellas de energía.
Raven esquivó cada una.
—Son fuertes.
Kael volvió a atacar.
—¡Cállate!
Raven bloqueó.
—Pero todavía están divididos.
Aurelia frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Raven miró a ambos.
—Tú temes perder a las personas que amas.
Miró a Kael.
—Y tú temes convertirte en aquello que tu familia creó.
Kael se quedó inmóvil.
Raven sonrió.
—Mientras tengan miedo, no podrán utilizar la Corona completa.
Aurelia sintió algo extraño.
Raven tenía razón.
Su miedo había estado controlando cada decisión.
Desde que regresó, había intentado evitar la muerte de todos.
Pero no había pensado en algo.
Quizá no podía salvar a todos.
Quizá tenía que aceptar que algunas cosas estaban fuera de su control.
Aurelia cerró los ojos.
—Kael.
—¿Sí?
—Confío en ti.
Kael la miró.
—Yo también confío en ti.
La magia comenzó a cambiar.
La oscuridad de Kael dejó de parecer violenta.
Se volvió tranquila.
La luz de Adrian se unió desde lejos.
Y la Magia Astral de Aurelia envolvió ambas.
Raven abrió los ojos.
—No...
La Corona comenzó a reconstruirse.
Una nueva corona apareció sobre Aurelia.
Ya no era completamente dorada.
Tenía tres partes.
Una blanca.
Una negra.
Y una azul llena de pequeñas estrellas.
Elias observó desde la distancia.
—La Corona del Equilibrio...
Aurelia abrió los ojos.
—Raven.
Él retrocedió.
—Esto no termina aquí.
Aurelia levantó la mano.
—Lo sé.
Raven sonrió.
—Porque todavía falta una pieza.
Desapareció dentro de la grieta.
Aurelia intentó detenerlo.
Pero fue demasiado tarde.
La grieta se cerró.
La ciudad quedó en silencio.
Kael respiró profundamente.
—¿Se fue?
Aurelia asintió.
—Sí.
Adrian llegó hasta ellos.
—¿Lo derrotamos?
Aurelia miró la nueva corona.
—No.
Elias se acercó.
—Raven no vino para luchar.
—¿Entonces para qué?
Elias señaló el palacio.
—Vino para comprobar si ustedes tres podían despertar la Corona.
Aurelia sintió un escalofrío.
—¿Y ahora que lo sabe?
Elias respondió:
—Ahora irá por la última pieza.
Adrian preguntó:
—¿Cuál?
Elias miró a Aurelia.
—El corazón de la primera emperatriz.
Aurelia abrió los ojos.
—¿Dónde está?
Elias guardó silencio.
Después señaló hacia el norte.
—En la antigua ciudad de Elara.
Aurelia miró el horizonte.
—Entonces iremos allí.
Kael sonrió.
—Sabía que dirías eso.
Adrian suspiró.
—¿No podemos tener unas vacaciones normales?
Aurelia soltó una pequeña risa.
—Cuando sea emperatriz, te prometo que tendrás vacaciones.
Adrian sonrió.
—Lo recordaré.
Pero ninguno de los tres sabía que, en el norte, alguien ya los estaba esperando.
Y esa persona conocía un secreto sobre Aurelia que podía cambiarlo todo.
Elara no había elegido a Aurelia por ser su descendiente.
La había elegido porque, en una vida anterior, Aurelia ya había rechazado el destino.
Y ahora la verdadera razón de su regreso estaba a punto de revelarse.