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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NO TIENES QUE PAGARME CON NADA

La mañana llegó lentamente.

Los primeros rayos del sol entraron por los enormes ventanales de la habitación.

Lia abrió los ojos.

Durante unos segundos no recordó dónde estaba.

Miró el techo de madera.

Las paredes.

La cama.

La tranquilidad.

Entonces recordó todo.

La calle.

El desconocido.

El desmayo.

El médico.

Y aquel hombre que se había presentado como…

Kiran Navares.

Lia se incorporó lentamente.

Su cuerpo todavía estaba débil.

Tenía algunas molestias por las heridas y sentía una especie de cansancio profundo que parecía haber llegado hasta sus huesos.

Miró alrededor.

Sobre una mesa había un vaso con agua y algunos medicamentos.

También había comida.

Una bandeja con un desayuno sencillo.

Lia la observó durante varios segundos.

No tocó nada.

No porque no tuviera hambre.

Sino porque algo dentro de ella estaba acostumbrado a desconfiar.

Cada vez que alguien le ofrecía algo…

Había una condición detrás.

Con Brayan había sido así.

Primero habían sido palabras bonitas.

Después favores.

Después exigencias.

Y finalmente…

Lia cerró los ojos.

No quería recordar.

Se abrazó a sí misma.

—No…

Murmuró.

—Aquí no.

Intentó convencerse.

Pero el miedo seguía ahí.

La puerta se abrió.

Lia se sobresaltó.

Kiran apareció acompañado por el médico.

—Buenos días —dijo él.

Lia bajó inmediatamente la mirada.

—Buenos días.

El médico se acercó para revisarla.

—¿Cómo te sientes?

—Cansada.

—Es normal. Tu cuerpo necesita tiempo.

Kiran dejó algo sobre una silla.

Era una bolsa con ropa limpia.

—Te trajeron esto.

Lia levantó la mirada.

—¿Para mí?

—Sí.

—¿Cuánto cuesta?

Kiran frunció ligeramente el ceño.

—Nada.

—Pero…

—No tienes que pagarla.

Lia permaneció en silencio.

El médico continuó revisándola.

—Necesitas comer un poco.

Lia miró la bandeja.

—No tengo mucho apetito.

—Aunque sea unas cucharadas.

Kiran tomó la bandeja y la acercó a la cama.

Lia inmediatamente se tensó.

Kiran lo notó.

Se detuvo.

—¿Qué sucede?

—Nada.

—Lia.

Ella negó con la cabeza.

—Estoy bien.

Pero no lo estaba.

Kiran dejó la bandeja sobre la mesa.

—No voy a obligarte a comer.

Lia lo miró sorprendida.

—¿No?

—No.

—Entonces…

No terminó la frase.

Kiran entendió.

—¿Crees que porque te estoy dando comida espero algo de ti?

Lia se quedó completamente quieta.

No respondió.

Y ese silencio fue suficiente.

Kiran la observó unos segundos.

Después habló con mucha calma.

—¿Eso te hicieron creer?

Lia bajó la mirada.

—Brayan nunca daba nada gratis.

La expresión de Kiran cambió.

No de una manera violenta.

Sino de una forma mucho más seria.

—Yo no soy Brayan.

Lia tragó saliva.

—Ya lo sé.

—Entonces quiero que entiendas algo desde ahora.

Kiran señaló la comida.

—Eso es comida.

Después señaló la ropa.

—Eso es ropa.

Y finalmente miró hacia la puerta.

—Esta habitación es un lugar donde puedes descansar.

Lia no entendía.

—¿Y qué quieres a cambio?

Kiran respondió inmediatamente.

—Nada.

Lia lo miró fijamente.

—¿Nada?

—Nada.

Ella apretó las manos.

—Pero siempre hay algo.

—No conmigo.

Aquella respuesta la dejó sin palabras.

El médico intervino con suavidad.

—Lia, por ahora lo más importante es que recuperes fuerzas.

Ella asintió.

El médico terminó de revisar sus heridas y salió de la habitación.

Kiran permaneció allí.

Lia evitaba mirarlo.

Había algo que necesitaba preguntar.

Algo que le daba vergüenza.

Pero necesitaba saberlo.

—Kiran…

—¿Sí?

Ella respiró profundamente.

—¿Por qué me ayudas?

—Ya te lo dije.

—Quiero saber de verdad.

Kiran tomó asiento en un sillón cercano.

—Te encontré en la calle.

—Eso ya lo sé.

—Estabas herida.

Lia permaneció callada.

—Y necesitabas ayuda.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo.

Ella apretó los labios.

—¿No quieres… algo?

Kiran frunció el ceño.

—¿Qué podría querer?

Lia no respondió.

Pero sus ojos se llenaron de miedo.

Kiran comprendió entonces que la pregunta no era sobre dinero.

Era algo mucho más doloroso.

—Lia…

Ella desvió la mirada.

—Brayan decía que si alguien hacía algo por mí, tenía que devolverlo.

Kiran permaneció en silencio.

Lia continuó.

—Y muchas veces quería que le pagara de una manera que yo no quería.

No dio más detalles.

No hacía falta.

Kiran entendió.

—¿Crees que yo voy a hacerte lo mismo?

Lia bajó la mirada.

—No lo sé.

Kiran no se molestó.

Al contrario.

Su voz se volvió todavía más tranquila.

—Entonces no tienes que confiar en mí todavía.

Lia lo miró.

—¿No estás enojado?

—¿Por qué estaría enojado?

—Porque no confío en ti.

—Después de lo que viviste, sería extraño que confiaras inmediatamente.

Lia sintió un nudo en la garganta.

Kiran se levantó.

Pero antes de acercarse demasiado, se detuvo a cierta distancia.

—Escúchame bien.

Lia levantó la mirada.

—Nunca voy a pedirte que uses tu cuerpo para pagarme nada.

Ella se quedó inmóvil.

—Ni por comida.

—…

—Ni por ropa.

—…

—Ni por el lugar donde estás.

Lia comenzó a llorar silenciosamente.

Kiran continuó.

—Tampoco tienes que agradecerme de ninguna manera que te haga sentir incómoda.

Una lágrima recorrió la mejilla de Lia.

—¿Entonces por qué?

Kiran respondió con sencillez.

—Porque ayudar a alguien no debería convertirlo en una deuda.

Lia se cubrió el rostro con las manos.

Y lloró.

No porque estuviera triste únicamente.

Sino porque aquellas palabras eran completamente nuevas para ella.

Durante demasiado tiempo había pensado que todo tenía un precio.

Que su cuerpo era lo único que podía ofrecer.

Que si alguien le daba algo…

En algún momento vendría a cobrarlo.

Kiran salió de la habitación unos minutos.

Lia pensó que quizá se había molestado.

Pero poco después regresó.

Traía una pequeña taza.

—Te traje algo caliente.

Lia miró la taza.

—¿Qué es?

—Una bebida caliente.

—¿Tiene algo?

Kiran negó con la cabeza.

—No.

La dejó sobre la mesa.

—Puedes tomarla cuando quieras.

Lia observó la taza.

Después lo miró a él.

—¿Vas a quedarte aquí?

—Solo si quieres compañía.

Aquella respuesta la sorprendió.

—¿Y si te digo que no?

—Entonces salgo.

Lia pensó unos segundos.

—Puedes quedarte.

Kiran asintió.

No se acercó.

No hizo preguntas.

Simplemente tomó un libro y se sentó en el sillón.

El silencio llenó la habitación.

Por primera vez…

No era un silencio incómodo.

Era tranquilo.

Lia tomó lentamente la taza.

Bebió un pequeño sorbo.

Después otro.

Y comenzó a comer.

Kiran no la observó directamente.

No quería hacerla sentir vigilada.

Pero de vez en cuando levantaba la mirada para comprobar que estuviera bien.

Cuando Lia terminó una parte del desayuno, dejó los cubiertos.

—Ya no puedo.

—Está bien.

—¿No vas a decirme que tengo que terminar?

—No.

Ella lo miró.

—¿Siempre eres así?

Kiran arqueó una ceja.

—¿Así cómo?

—No sé.

Lia buscó las palabras.

—Tranquilo.

Kiran soltó una pequeña sonrisa.

—No siempre.

Por primera vez desde que había llegado…

Lia sonrió ligeramente.

Fue apenas un gesto.

Pero estaba ahí.

Kiran lo notó.

Y no dijo nada.

---

Durante los siguientes días…

Kiran comenzó a cuidar de ella.

Sin invadirla.

Sin exigirle explicaciones.

El médico acudía regularmente para revisar su recuperación.

Le preparaban comidas pequeñas porque su cuerpo todavía no podía acostumbrarse de golpe a grandes cantidades.

Kiran se aseguraba de que tomara suficiente agua.

Si necesitaba algo, se lo conseguía.

Si quería descansar, nadie entraba a la habitación.

Y si Lia tenía miedo…

Kiran no la presionaba para hablar.

Una tarde, Lia despertó sobresaltada después de una pesadilla.

Se incorporó rápidamente.

Su respiración estaba acelerada.

Miró hacia la puerta.

Kiran estaba allí.

Pero no se acercó.

—Fue un sueño —dijo.

Lia se abrazó las piernas.

—Lo sé.

—¿Quieres que me vaya?

Ella negó con la cabeza.

—No.

Kiran permaneció en silencio.

—¿Puedes quedarte ahí?

—Claro.

Y se quedó.

Sin tocarla.

Sin hacer preguntas.

Simplemente permaneció sentado.

Después de unos minutos, la respiración de Lia comenzó a tranquilizarse.

Ella miró sus manos.

—Nunca había tenido un lugar así.

Kiran no respondió inmediatamente.

—¿Un lugar así?

—Donde puedo decir que no.

Aquellas palabras hicieron que Kiran guardara silencio.

—Aquí puedes decir que no —respondió finalmente.

Lia levantó la mirada.

—¿Siempre?

—Siempre.

Ella respiró profundamente.

—Entonces…

Hizo una pequeña pausa.

—Quiero quedarme.

Kiran asintió.

—Puedes hacerlo.

Lia bajó la mirada.

Todavía tenía miedo.

Todavía había heridas.

Todavía creía que quizá en algún momento Kiran cambiaría y le exigiría algo.

Pero, por primera vez…

Tenía la oportunidad de descubrir que quizá no todas las personas eran como Brayan.

Y eso…

Era un comienzo.

No sabía cuánto tiempo tardaría en volver a confiar.

No sabía cuánto tardaría en recuperar sus fuerzas.

No sabía qué sería de su vida.

Pero había algo que comenzaba a comprender:

Su cuerpo no era una moneda.

Su ayuda no era una deuda.

Y ella…

No tenía que entregarle nada a nadie para merecer que la cuidaran.

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