NovelToon NovelToon
La Gordita que el Multimillonario Nunca Olvidó

La Gordita que el Multimillonario Nunca Olvidó

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / Grandes Curvas / Embarazada fugitiva / Completas
Popularitas:15
Nilai: 5
nombre de autor: Rafaella Sol

La noche en que su novio la humilló delante de todo un restaurante, Rosária Ferreira creyó que ya no le quedaba nada que perder. Gorda, pobre y con el corazón hecho pedazos, bebió hasta olvidar hasta su propio nombre… y terminó llamando a la puerta equivocada del hotel más lujoso de São Paulo.

Del otro lado estaba Gerson Bittencourt, heredero de un imperio y hombre convencido de que el amor es veneno. Harto de mujeres que lo querían por su apellido, encontró en aquella desconocida, que ni sabía quién era él ni quiso saberlo, la única noche verdadera de su vida. Y por la mañana, ella había desaparecido sin dejar más que un fajo de billetes… y una pregunta que jamás lo dejaría en paz.

Cinco años después, una ejecutiva brillante y blindada cruza la puerta de su empresa con una hija de la mano y un secreto que podría destruirlo todo. Ya no es la mujer que se encogía para caber en el mundo. Y él, el chairman al que nadie se atreve a decirle que no, está a punto de descubrir lo que significa perseguir a alguien que no está en venta.

Pero hay una familia poderosa que pagó muy caro para que esa noche no existiera nunca, y una verdad que, cuando salga a la luz, los obligará a elegir entre el miedo y el amor.

¿Se puede amar a quien se esconde de ti? ¿Y a quien ya no cree merecer ser amada?

NovelToon tiene autorización de Rafaella Sol para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo-013

Capítulo 13

POV: Rosária

Cinco años caben en una maleta y no caben en el pecho. Empaqué toda mi vida en Lisboa en tres maletas grandes y una mochila de Sofia llena de peluches, y aun así tenía la sensación de estar dejando algo atrás.

La mujer que se miró en el espejo del departamento vacío, la última mañana en Lisboa, no era la que había llegado ahí.

Había perdido veintisiete kilos a lo largo de los años, no con una dieta de desesperación, sino despacio, entre correr detrás de Sofia, estudiar, trabajar y por fin aprender a comer sin castigarme. El cuerpo había cambiado. El pelo, antes siempre recogido por vergüenza, ahora caía suelto. Usaba ropa que me quedaba, tacones cuando quería, y sabía entrar a una sala de juntas y hacer callar a treinta ejecutivos.

Por fuera, era otra persona. Eso fue lo que me prometí aquella madrugada de Navidad, cinco años antes, y lo había cumplido.

—Mami, ¿el avión va a pasar por encima del mar? —preguntó Sofia, desde el asiento de al lado, en el carro rumbo al aeropuerto de Lisboa.

—Sí, hija. Un océano entero.

—¿Y si se cae al mar?

—No se va a caer. —Le acomodé el pelo—. Los aviones no se caen, mi amor.

—Tomás dijo que sí se caen.

—Tomás dice muchas tonterías.

Se rio, satisfecha, y volvió a conversar con su jirafa de tela. Sofia tenía cuatro años, era demasiado lista para mi gusto y alta para su edad.

Leonardo había regresado a Brasil semanas antes para dejar todo listo. El puesto nuevo fue idea suya. Vértice Tecnologia estaba abriendo una operación fuerte en São Paulo y necesitaban gente buena, gente de confianza. Una gerencia sénior, con equipo, con oficina, con un sueldo que la Rosária de veintitrés años no habría creído.

Cinco años antes yo era analista junior en el Grupo Monteiro, escondiendo el cuerpo bajo ropa holgada, agradeciendo cada vez que alguien me prestaba atención. Había estudiado con beca, la del ProUni, el programa de becas del gobierno, y me había graduado en Administración a costa de noches en vela. En Lisboa terminé un posgrado, aprendí inglés de verdad, aprendí a negociar, aprendí que mi cabeza siempre había valido, solo que nadie me había dejado usarla. Volvía con un currículum que abría puertas.

Y aun así, la víspera del viaje, me pasé la noche haciendo y deshaciendo la maleta, con miedo de que la ciudad me mirara y viera, bajo el traje bien cortado, a la misma niña gorda del vestido que no cerraba.

—Tú no eres esa niña —me había dicho Daniel cuando le confesé el miedo—. Y aunque lo fueras, esa niña nunca tuvo nada de malo. Lo malo fue la gente.

Sabía que tenía razón. Saberlo no era lo mismo que sentirlo.

—¿Estás segura? —me preguntó Daniel en el aeropuerto, abrazándome fuerte—. ¿De volver allá?

—No. —Fui sincera—. Pero necesito hacerlo.

—¿Por qué?

Pensé un poco antes de responder.

—Porque esa ciudad me convenció de que yo no valía nada. Y no voy a pasar la vida entera huyendo de un lugar. Quiero volver, pisar de nuevo ese suelo y sentir que ahora soy yo quien manda en la historia.

Sonrió, con esa sonrisa calmada suya, y me soltó.

—Entonces ve. Pero llama todos los días. Y, Ro... —Me sostuvo la barbilla—. Ya vales, ¿sabes? No es el boleto de regreso lo que va a probarlo. Ya vales desde hace mucho.

Quise creerle. Pero allá en el fondo, la de veintitrés años y un vestido que no cerraba seguía en silencio, esperando.

El vuelo fue largo. Sofia durmió la mayor parte, con la cabeza en mi regazo, y yo me quedé mirando el mapita de la pantalla, el avioncito cruzando el Atlántico despacio, en dirección contraria a la que yo había hecho embarazada.

Hice terapia en Lisboa durante tres años. Aprendí a ponerle nombre a las cosas. La gordofobia que yo había internalizado, la voz que me llamaba inútil, la certeza de que solo sería amada si me volvía aceptable. Aprendí que el problema nunca había sido mi cuerpo. Todo eso lo aprendí con la cabeza. Pero hay una distancia enorme entre saber algo y sentirlo, y yo todavía estaba cruzándola.

Pensé en Bianca, que me había esperado todos esos años, que llamaba cada semana sin falta, que ahora tenía su propio lounge en el Lumière y juraba que iba a arrastrarme de vuelta a la vida. Pensé en mis papás, a quienes tendría que volver a ver, que todavía creían que yo estaba casada de verdad con Leonardo. Cada reencuentro venía envuelto en una mentira que yo había construido para proteger a mi hija, y cada mentira era un peso que cargaba sola.

Y pensé, contra mi voluntad, en la noche única. En el hombre sin rostro. En el padre de Sofia, en algún lugar de esa ciudad inmensa, viviendo su vida, sin saber que existía una niña de ojos oscuros que preguntaba por él todas las noches.

Había jurado no buscarlo nunca. Había jurado esconder a Sofia de cualquier sombra que viniera de ese mundo de gente poderosa. Y iba a cumplirlo. Volver a São Paulo no cambiaba eso. Solo me dejaba más cerca del peligro, y tendría que ser lo bastante lista para que nadie uniera los puntos.

Cuando el comandante avisó que iniciábamos el descenso a Guarulhos, Sofia despertó y pegó la cara a la ventanilla.

—¿Aquí vamos a vivir ahora?

—Sí, hija.

—¿Es bonito?

Miré por encima de su hombro. Allá abajo, al final de la tarde, São Paulo se extendía infinita, ese mar de concreto gris donde yo había nacido, donde me habían humillado, donde me habían amenazado, donde había perdido y había ganado lo más importante de mi vida.

—Es grande —dije—. Muy grande.

—¿Vamos a tener una casa con patio? —preguntó—. Matilde tiene patio.

—Tal vez patio no. Pero un cuarto solo para ti, con una ventana alta. Te va a gustar.

—¿Y va a haber escuela?

—Va a haber una escuela nueva. Vas a hacer amigos nuevos.

Se quedó callada un instante, con los ojos en la ciudad allá abajo.

—Mami. —Su voz se volvió pequeña—. ¿Y si nadie quiere ser mi amigo?

Eso me atravesó, porque era mi propio miedo saliendo de la boca de una niña de cuatro años. Le tomé la cara entre las manos y la giré hacia mí.

—Escucha una cosa, Sofi. Quien no te quiera es porque no te conoce bien. Y ese es problema de esa persona, no tuyo. ¿Entendiste? —Asintió, seria—. Eres lo mejor que me ha pasado. Si alguien no ve eso, el burro es esa persona.

Se rio del "burro", y el miedo se le pasó por la cara como pasa una nube. Ojalá se me hubiera pasado a mí tan fácil.

El avión atravesó las nubes, y la ciudad fue subiendo hacia nosotras, edificio por edificio, avenida por avenida. Tomé la manita de mi hija y sentí el peso de todo caer sobre mí junto con el avión.

De vuelta al lugar que me destruyó, pensé, con el corazón latiéndome fuerte. Pero esta vez no vengo como víctima.

Las ruedas tocaron el suelo de São Paulo con un golpe seco, y respiré hondo. La historia iba a empezar de nuevo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play