SINOPSIS ~
Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente
Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz
Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería
Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar
Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos
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EL RUGIDO DE UNA BESTIA
El camino se extendía frente a ellos mientras el sol comenzaba a descender.
Habían pasado varias horas desde que abandonaron la pequeña mansión.
Ninguno había hablado demasiado.
Amaris caminaba delante, con la venda negra cubriendo sus ojos y sus dagas ocultas bajo la ropa.
Arnold iba cerca de ella.
Kael caminaba unos pasos detrás.
Aunque el ambiente entre los tres ya no era tan incómodo como al principio, todavía existía cierta distancia.
Después de todo, seguían sin conocerse completamente.
Amaris disminuyó el paso.
Había notado algo.
Kael miraba constantemente hacia atrás.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Finalmente se detuvo.
—Llevas rato mirando hacia atrás.
Kael levantó una ceja.
—¿Yo?
Amaris se giró hacia él.
—Sí, tú.
Arnold soltó una pequeña risa.
—Te descubrieron.
Kael lo miró.
—Nadie te preguntó.
Arnold sonrió.
—No hacía falta.
Amaris cruzó los brazos.
—¿Esperas a alguien?
Por un instante, Kael permaneció en silencio.
—No.
La respuesta llegó demasiado rápido.
Amaris inclinó ligeramente la cabeza.
No podía ver sus ojos, pero Kael tenía la sensación de que podía atravesarlo con aquella mirada oculta.
—Está bien.
Volvió a caminar.
Kael la observó unos segundos.
Sabía que no le había creído.
Pero tampoco tenía intención de contarle la verdad.
Después de un par de horas más, llegaron a un pequeño pueblo.
No era demasiado grande, pero había suficiente movimiento.
Personas caminando por las calles.
Comerciantes ofreciendo sus productos.
Mercenarios descansando en las tabernas.
Incluso podían verse personas utilizando pequeñas cantidades de magia para realizar sus trabajos.
Una mujer hacía que el agua saliera de un pozo sin siquiera tocar la cuerda.
Un hombre utilizaba fuego para mantener encendido un horno.
Un muchacho hacía que el viento empujara una carretilla cargada de mercancías.
Amaris observó todo en silencio.
—¿Qué miras? —preguntó Arnold.
—Nada.
—Llevas varios minutos mirando.
—Puedo mirar sin que sea importante.
Arnold sonrió.
—Sigues siendo difícil.
Amaris le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Y tú sigues hablando demasiado.
Kael observó la escena desde unos pasos atrás.
Aquella era otra parte de Amaris que casi nunca mostraba.
Con Arnold parecía diferente.
Más tranquila.
Más libre.
Como si no necesitara estar constantemente a la defensiva.
Kael no dijo nada.
Simplemente siguió caminando.
Mientras compraban algunas provisiones, Amaris sintió una presencia cerca.
Giró ligeramente la cabeza.
Al otro lado de la calle había un hombre observando.
No parecía interesado en ellos.
Al menos, eso aparentaba.
Sus ojos se detuvieron en Kael.
Solo unos segundos.
Después se marchó.
Amaris frunció el ceño.
—Kael.
—¿Sí?
—El hombre que estaba allí.
Kael miró hacia donde ella señalaba.
Ya no estaba.
—¿Qué pasa con él?
—Te estaba mirando.
Kael permaneció en silencio.
Arnold lo observó.
—¿Lo conoces?
—No.
Amaris no respondió.
Otra vez aquella respuesta rápida.
Algo no estaba bien.
Pero antes de poder preguntar, un grito llamó su atención.
—¡Dame la bolsa!
Tres hombres habían rodeado a un comerciante.
Uno de ellos lo sujetaba por el cuello mientras otro intentaba quitarle sus pertenencias.
Arnold dio un paso adelante.
—Parece que alguien necesita una lección.
Amaris sujetó su brazo.
—No.
—¿No?
—No sabemos cuántos son.
Arnold miró alrededor.
—Tres.
—Ahora.
Arnold sonrió.
—Eso significa que podemos encargarnos de ellos.
Kael suspiró.
—¿Siempre son así?
Amaris respondió sin mirarlo.
—Solo cuando es necesario.
Uno de los hombres levantó un cuchillo.
—¡Aléjense!
Kael dio un paso al frente.
—Será mejor que hagan caso.
El hombre se lanzó contra él.
Y entonces ocurrió.
Kael desapareció.
Amaris apenas pudo seguir su movimiento.
Un instante después, el atacante cayó al suelo.
El segundo intentó golpearlo.
Kael esquivó el ataque inclinándose hacia un lado.
Tomó su muñeca.
Giró.
El hombre cayó de rodillas.
Kael le dio un golpe preciso en el hombro y lo dejó inmóvil.
El tercero retrocedió.
—¿Qué eres tú?
Kael lo miró tranquilamente.
—Alguien que quiere terminar esto rápido.
El hombre sacó un cuchillo.
Kael ni siquiera esperó a que atacara.
Se movió.
Un paso.
Un giro.
Un golpe.
El cuchillo cayó al suelo.
El hombre terminó inconsciente.
Arnold silbó.
—Eso... fue impresionante.
Kael se encogió de hombros.
—He tenido práctica.
Amaris permaneció callada.
Había visto su velocidad antes.
Pero aquello era diferente.
Kael no desperdiciaba movimientos.
Cada ataque era preciso.
Cada esquive parecía calculado.
Era como si supiera exactamente dónde golpear.
Entonces uno de los hombres que parecía inconsciente abrió los ojos.
Tenía otro cuchillo escondido.
Se levantó rápidamente.
Y corrió directamente hacia Amaris.
—¡Amaris!
Ella se giró.
Demasiado tarde.
Kael levantó una mano.
Su expresión cambió.
—Protégela.
El aire se volvió pesado.
El suelo comenzó a vibrar.
Una sombra apareció detrás de Amaris.
Ella se quedó inmóvil.
Primero escuchó unas garras tocar la tierra.
Después, una respiración profunda.
Y finalmente...
Un rugido.
Todos retrocedieron.
Una enorme criatura emergió de la oscuridad.
Cuatro patas.
Pelaje negro como la noche.
Un cuerpo gigantesco.
Garras afiladas.
Colmillos largos.
Y unos intensos ojos verdes.
Amaris levantó lentamente el rostro.
No podía verlo con claridad detrás de su venda.
Pero podía sentir su presencia.
Arnold abrió los ojos.
—¿Qué demonios es eso?
Kael permaneció tranquilo.
—Un Fenrir.
El hombre que intentaba atacar a Amaris quedó paralizado.
La criatura mostró los colmillos.
Amaris no se movió.
El Fenrir se colocó delante de ella.
Protegiéndola.
Kael dio un paso hacia ellos.
—Nox.
Los ojos verdes de la criatura brillaron.
Amaris inclinó ligeramente la cabeza hacia la izquierda.
—¿Nox?
Kael asintió.
—Es su nombre.
El Fenrir giró la cabeza hacia Amaris.
Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio.
Amaris sintió algo extraño.
No era miedo.
Era la sensación de que aquella criatura estaba observándola de una manera diferente.
Como si pudiera percibir algo que los demás no podían.
—Es enorme —murmuró.
Kael sonrió ligeramente.
—Y todavía no has visto todo lo que puede hacer.
Arnold cruzó los brazos.
—¿Y estás seguro de que puedes controlarlo?
Kael miró a Nox.
—No necesito obligarlo.
El Fenrir permaneció junto a Amaris.
—Él decide escucharme.
Arnold levantó una ceja.
—Eso sonó mucho más preocupante.
Kael soltó una pequeña risa.
—Probablemente lo sea.
Amaris volvió a observar al Fenrir.
—Nox...
La criatura levantó la cabeza al escuchar su nombre.
Por alguna razón, aquello hizo que Amaris sonriera ligeramente.
Una sonrisa pequeña.
Casi imperceptible.
Kael la vio.
Pero no comentó nada.
—Nox —repitió ella.
El Fenrir se acercó un poco.
Amaris permaneció quieta.
Entonces Nox se detuvo frente a ella.
No la amenazó.
No gruñó.
Simplemente la observó.
Amaris extendió lentamente una mano.
Pero antes de tocarlo, recordó algo.
Retiró la mano.
Y se Agusto la verdad que se había aflojado un poco
—Será mejor que nos vayamos.
Kael hizo un pequeño gesto con la cabeza.
—Nox.
El Fenrir desapareció lentamente entre una nube de sombras.
El lugar volvió a quedar en silencio.
Arnold miró a Kael.
—Definitivamente eres más peligroso de lo que parecías.
Kael sonrió.
—Nunca dije que no lo fuera.
Amaris comenzó a caminar.
—Ahora tengo todavía más preguntas.
Kael la siguió.
—Eso parece ser algo habitual contigo.
—Y tú pareces tener demasiados secretos.
Kael guardó silencio.
Amaris sonrió apenas.
—Lo imaginé.
Mientras los tres recorrían las calles del pueblo, alguien los observaba desde lejos.
El mismo hombre que había estado siguiendo sus pasos.
Había visto al Fenrir.
Había visto a Kael.
Pero no mostró ninguna emoción.
Simplemente continuó su camino
después de unas horas llegó a una pequeña posada, se acercó al dueño.
—¿Ha pasado por aquí un grupo de tres viajeros?
El hombre negó con la cabeza.
—No que yo recuerde.
El desconocido asintió.
—Entiendo.
Se dio la vuelta para marcharse.
—¿Los está buscando? —preguntó el dueño.
El hombre se detuvo.
—Sí.
—¿Son peligrosos?
Hubo unos segundos de silencio.
—Eso no me corresponde decidirlo.
—¿Y qué hará cuando los encuentre?
El hombre miró hacia el camino.
Su rostro permaneció completamente inexpresivo.
—Depende de lo que me ordenen.
Y siguió caminando.
Sin saber que, cada vez, estaba más cerca de encontrarlos.
Mientras tanto, tres figuras desaparecían entre los árboles.
Y con ellos viajaba ahora un secreto más.
~ NOX ~
fenrir de Kael