Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?
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CAPÍTULO 17 - Donde duerme el viento
Vaelira tardó tres semanas en firmar el informe que convirtió a Luciano en aventurero de rango Vinculado.
No lo hizo cuando recuperó la movilidad completa de los dedos ni cuando Savia Carmesí dejó de detectar petrificación. Lo hizo después de una sesión en la que ordenó a Luciano soltar Estrato y él obedeció sin discutir.
—No pongas esa expresión —dijo ella al entregar el documento—. Aprobarte no significa que vuelva a confiar en tus decisiones bajo presión.
—Lo sé.
—Tendrás que reconstruir eso.
—También lo sé.
Vaelira esperó una broma. Luciano no hizo ninguna.
La Red confirmó el rango II y mantuvo una observación sobre su uso de Tierra. Edran añadió una condición propia: antes de buscar otro Nexo, Luciano debía demostrar movilidad sin utilizar el anclaje como respuesta a todo peligro.
Nyra se ofreció a enseñarle.
Luciano sospechó que la oferta incluía verlo caer desde lugares altos.
Tuvo razón.
Las Agujas de Vaelun se levantaban al oeste de Puerto Sair como columnas de piedra atravesadas por puentes naturales. El viento no soplaba entre ellas: giraba, ascendía y se hundía siguiendo canales invisibles. En las plataformas superiores anidaban corceles alados utilizados por mensajeros y exploradores.
No pertenecían a los aventureros que los montaban. Cada vínculo dependía de aceptación mutua, y los ejemplares salvajes podían rechazar a cualquier jinete.
—No venimos a cazar —explicó Nyra—. Los corceles mudan plumas etéreas durante los cambios de corriente. Necesitas recuperar una sin invadir el nido.
—Un material que cae solo. Por fin una expedición razonable.
Kargan miró el abismo a ambos lados del sendero.
—La piedra también cae sola.
Vaelira permaneció cerca de Luciano, pero ya no conectaba Savia Carmesí a su cuerpo sin pedir permiso. Aquella distancia medida resultaba más incómoda que su antigua provocación.
Edran se quedó en el campamento inferior. La prueba pertenecía a Nyra: Viento era su atributo principal y Doble Rastro estaba diseñado para convertir trayectorias en opciones.
—Primera lección —dijo la felina—. Deja de intentar controlar dónde termina cada movimiento.
Lanzó Huella hacia una columna. El hilo nodal se tensó y Nyra saltó al vacío. Eco salió en otra dirección, modificó el ángulo y la hizo girar alrededor de la roca hasta aterrizar sobre una plataforma superior.
—Eso parece exactamente controlar dónde termina el movimiento —gritó Luciano.
—Controlo las posibilidades. Elijo mientras me muevo.
Luciano desplegó el cable de Estrato. Sin Viento, la hoja seguía una trayectoria recta y regresaba por tensión mecánica. Nyra le indicó tres puntos de anclaje y le pidió alcanzar la siguiente aguja sin utilizar Tierra.
El primer intento terminó contra la pared.
El segundo lo dejó colgando boca abajo.
En el tercero calculó la longitud, el peso y el ángulo con precisión. Lanzó la hoja, saltó y llegó a la plataforma con los pies juntos.
Nyra lo empujó.
Luciano cayó de rodillas.
—¿Por qué hiciste eso?
—Porque preparaste una llegada perfecta para un mundo que no tiene obligación de dejarte terminarla.
—Podías expresarlo sin violencia.
—Podía. Pero tu expresión fue más informativa.
La frase pertenecía a Vaelira. Ella la reconoció y sonrió apenas.
Continuaron ascendiendo. Luciano aprendió a acortar el cable durante el balanceo, cambiar el punto de apoyo y utilizar la lanza como vara al aterrizar. Cada vez que perdía equilibrio, su instinto buscaba Tierra. Nyra golpeaba la ranura basal con el mango de Eco antes de que la activara.
—Si te anclas en el aire, Estrato elegirá la primera roca disponible y te arrancará el hombro.
—Parece una limitación de diseño importante.
—Parece un usuario que quiere que todas sus herramientas le resuelvan el miedo.
Al mediodía alcanzaron las zonas de muda. Plumas translúcidas flotaban entre las corrientes y desaparecían cuando tocaban piedra. Solo conservaban esencia mientras permanecían suspendidas; debían atraparlas con un recipiente antes de que el Viento se dispersara.
Un grupo de corceles alados cruzó sobre ellos. Tenían cuerpos esbeltos, alas largas y crines que se deshacían en nubes finas. Uno descendió hasta una plataforma cercana y observó al grupo sin permitir que se aproximaran.
Nyra señaló una pluma atrapada dentro de una corriente circular.
—Esa tiene pureza suficiente.
Luciano estudió el recorrido. La corriente pasaba entre dos agujas, subía junto al nido y regresaba sobre el vacío. Podía esperarla desde una plataforma inferior.
—Tardará dos vueltas —dijo Kargan.
—Una —respondió Luciano.
Desplegó el cable antes de que Nyra lo autorizara.
La hoja se ancló en la aguja opuesta. Luciano saltó, cruzó la corriente y extendió el recipiente hacia la pluma.
La atrapó.
Durante un instante, la maniobra fue perfecta.
Después el corcel alado batió las alas.
La corriente cambió de altura. El cable de Estrato perdió tensión y Luciano descendió varios metros. Activó Tierra por reflejo. La hoja se endureció dentro de la roca y el tirón le atravesó el hombro.
—¡Desactívala! —gritó Nyra.
Luciano la liberó. La corriente lo lanzó contra una saliente. Vaelira alcanzó su brazo con Savia Carmesí, pero el impulso casi la arrastró con él.
Esta vez Luciano soltó Estrato antes de que el vínculo pudiera anclarla.
Kargan sujetó a Vaelira y Nyra recuperó a Luciano con ambas cuchillas.
Los cuatro terminaron sobre la plataforma inferior.
El recipiente había desaparecido.
Luciano miró el abismo.
—Tenía la pluma.
—Y ahora no tienes pluma, posición ni hombro útil —dijo Nyra—. Confundiste libertad con hacer lo primero que deseabas.
—El cálculo funcionaba antes de que cambiara el viento.
—El viento siempre cambia.
Vaelira examinó la articulación sin tocarlo.
—¿Puedo?
Luciano asintió. Savia Carmesí rodeó su hombro y estabilizó la lesión.
—Soltaste el arma —dijo ella.
—Tarde.
—Pero antes de arrastrarme.
No era perdón. Era un primer dato distinto.
Nyra canceló la búsqueda por ese día. Descendieron hasta una plataforma segura mientras una tormenta se formaba lejos de las Agujas. El corcel que había alterado la corriente los siguió desde el aire, quizá curioso por el humano que no sabía caer.
Luciano vio un destello dentro de su crin.
La pluma etérea había quedado atrapada entre los filamentos de nube del animal. El corcel descendió frente a Nyra, sacudió las alas y dejó que la pluma flotara hacia ella.
Nyra no intentó tomarla. Abrió un recipiente y esperó.
La pluma entró por sí misma.
—Aceptación, no captura —dijo al cerrarlo—. Ese es tu catalizador. No significa que hayas superado la prueba.
Luciano recibió el recipiente con la mano sana.
Una corriente surgió entre las rocas.
No figuraba en los mapas de Nyra. No respondía a la tormenta ni a los movimientos de los corceles. Giró alrededor de Estrato, tocó el recipiente y tiró de Luciano hacia un puente prohibido al norte de las Agujas.
Los animales alados se alejaron al mismo tiempo.
Nyra desenvainó Huella y Eco.
—Esa corriente no pertenece a Vaelun.
El viento imposible volvió a tirar.
Esta vez pronunció el nombre de Luciano.