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El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

NovelToon tiene autorización de Violeta. E para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4.

Seis años en la costa del sur pasan rápido si aprendes a ignorar el pasado.

La villa sobre la colina se convirtió en un refugio perfecto.

El aire olía a sal, pinos y pan recién horneado.

Aeryn Ash ya no usaba vestidos de seda con corsés asfixiantes.

Ahora prefería camisas de lino holgadas y faldas simples de algodón que le permitían caminar descalza por la arena de la playa.

Para los pescadores del pueblo, ella era solo una viuda noble que buscaba tranquilidad. Una Beta reservada que cuidaba su jardín con esmero y pagaba siempre a tiempo con monedas de plata limpia.

Nadie sospechaba la verdad.

Nadie sabía que sus supresores de aroma costaban una pequeña fortuna mensual.

Y nadie, absolutamente nadie, conocía el origen del niño de cinco años que corría por el jardín persiguiendo gaviotas.

Ian.

El pequeño tenía el cabello negro azabache, lacio y perfectamente alineado, idéntico al del Alfa de aquella noche en el invernadero abandonado.

Pero lo que más preocupaba a Aeryn eran sus ojos.

Usualmente eran de un marrón oscuro, casi común. Sin embargo, cuando el niño se emocionaba o se enojaba, un destello rojo carmesí cruzaba sus pupilas por una fracción de segundo.

—Mamá, mira lo que encontré —anunció Ian, corriendo hacia el porche de madera.

Aeryn dejó la taza de té sobre la mesa.

—¿Qué tienes ahí, Ian?

El niño abrió sus pequeñas manos, mostrando un gorrión con el ala rota. El ave piaba débilmente, agonizando por el dolor.

—Se cayó del nido —dijo el pequeño, con los ojos fijos en el animal—. No quiero que muera.

Antes de que Aeryn pudiera levantarse para buscar un vendaje, las manos del niño comenzaron a emitir un tenue brillo dorado. Un calor místico e imponente, impregnado con un sutil aroma a menta helada, llenó el porche.

El ave dejó de piar.

El ala rota se acomodó sola en un parpadeo, las plumas sanando instantáneamente.

El gorrión sacudió las alas y voló hacia el cielo, completamente recuperado.

Aeryn se quedó helada en su asiento. El pulso se le aceleró de golpe.

—Ian... —su voz sonó más firme de lo habitual, conteniendo el pánico—. ¿Qué hiciste?

El niño la miró, sus ojos destellando en un carmesí brillante antes de volver al marrón normal.

—Solo quise que sanara, mamá. Sentí un fuego en el pecho y pasó.

Mara, que acababa de salir al porche con una canasta de frutas frescas, dejó caer el mimbre al suelo. Las manzanas rodaron por la madera.

La mujer Beta miró a Aeryn con el rostro pálido.

—Mi lady... eso no fue magia ordinaria.

Aeryn apretó los puños bajo la mesa, sintiendo que los seis años de paz absoluta se desmoronaban como un castillo de arena frente a la marea.

—Ian, ve a la cocina con Mara —ordenó Aeryn, poniéndose de pie con la elegancia fría de la Consejera de Hierro—. Tengo que revisar unos documentos en el despacho.

El niño asintió, ajeno a la gravedad de la situación, y corrió hacia el interior de la villa.

Mara se acercó a Aeryn, bajando la voz.

—Si alguien en el pueblo vio ese brillo, los rumores llegarán a la capital en menos de una semana. Un cachorro con ese poder...

—Nadie lo vio, Mara. El porche está cubierto —la interrumpió Aeryn, frotándose las sienes—. Pero la fiebre de crecimiento va a comenzar pronto. Si su instinto Lycan despierta por completo a los seis años, su cuerpo no lo soportará sin la guía adecuada.

—¿Qué va a hacer, mi lady?

Aeryn miró hacia el horizonte, donde el mar se unía con el cielo gris.

Para salvar a su hijo, necesitaba respuestas que solo se encontraban en la gran biblioteca del ducado de los Ash, el lugar que había jurado no volver a pisar. Tenía que regresar al nido de víboras. Debía enfrentar a su ex-prometido y a su hermana, ocultando la identidad del heredero imperial a toda costa.

—Prepara los baúles, Mara —dijo Aeryn, su mirada volviéndose tan gélida como el norte—. Las vacaciones terminaron.

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