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VALLA DON PANCRACIO

VALLA DON PANCRACIO

Status: Terminada
Genre:Comedia / Completas
Popularitas:127
Nilai: 5
nombre de autor: Lohendy G

Divierte

NovelToon tiene autorización de Lohendy G para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El dia que fue alcalde por un dia

San Pancracio del Valle amanecía aquel día con banderas de colores y música a lo lejos. El verdadero alcalde había tenido que salir de prisa a la capital por un asunto imprevisto, y antes de irse, le dijo a su secretaria: —“Busca a alguien serio, de confianza, para que me reemplace en la ceremonia de la plaza. Alguien de respeto”.

Y la secretaria, que andaba con mucha prisa, vio a Don Pancracio caminando por la acera con su sombrero ladeado, el paso firme y una expresión tan seria que parecía un ministro.

—¡Don Pancracio! —le llamó—. ¡El pueblo le necesita! Usted será el alcalde por hoy. ¡Le toca presidir el acto y dar el discurso!

Don Pancracio se quedó de una pieza. ¿Él? ¿Alcalde? ¡Claro que sí! Se acomodó el sombrero, se enderezó la espalda y dijo con voz grave: —“Cuente conmigo. El pueblo está en buenas manos”.

Lo que no sabía Don Pancracio era que, mientras él se sentaba en el estrado entre aplausos, en la primera fila ocurría algo mucho más peligroso que cualquier discurso: Doña Loli y Doña Candelaria se habían encontrado cara a cara.

Hace tres días que no se hablaban. Todo había empezado por que don Pancracio alzó la vista y vio que una teja del techo de su casa se había descolgado y colgaba amenazantemente pero el sube en una escalera para areglar el techoo pero el tuvo un accidente y doña loli decide ayudar y doña calendaria que es su esposa de hace 30 años molesta a raiz de esto empezaron a pelear por don pancracio.

Ninguna saludaba a la otra, ninguna se cruzaba por la misma calle, y el pobre Don Pancracio andaba como alma en pena, sin saber qué hacer ni a dónde mirar.

Aquella mañana, sentadas una al lado de la otra por casualidad, el silencio era tan pesado que se podía tocar con las manos. Don Pancracio, desde lo alto del estrado, las vio y sintió que se le secaba la garganta. Quiso hablar, pero las palabras no le salían. Y en ese momento, vio algo que le dio una idea desesperada: entre el público, caminando tranquila y orgullosa, estaba Doña Cleotilde, su gallina más querida, de plumas rojas y paso de reina.

—¡Pueblo mío! —gritó Don Pancracio de pronto, improvisando—. Hoy quiero hablarles de lo que de verdad importa: el amor y la amistad. Miren a Doña Cleotilde, que camina por aquí sin pelear con nadie, sin envidias, sin rencores. Ella nos enseña que la vida es más bonita cuando nos llevamos bien. ¡Y saben qué? ¡Esta gallina tiene dos dueñas en el corazón! ¡Las dos mujeres más valiosas de este pueblo! —Y señaló con ambas manos—: ¡Doña Loli y Doña Candelaria!

Todas las miradas se giraron hacia ellas. Doña Loli se puso roja como un tomate. Doña Candelaria bajó la vista. Y Don Pancracio siguió hablando, con voz temblorosa pero sincera:

—Yo no soy más que un hombre sencillo, que siembra al revés y se pierde en su propio jardín. Pero lo que sí sé es que el cariño no se debe pelear, sino compartir. Doña candelaria es mi vida, mi compañera, la que me aguanta desde que éramos jóvenes llevo 30 años con ella Y Doña loli es una vecina muy antigua generosa, que siempre ayuda a quien lo necesita. ¿Por qué pelear por mi amistad? ¡Si yo quiero a las dos! Y si ustedes dos se quieren, el pueblo entero será más feliz.

Doña Cleotilde, como si hubiera entendido todo, se acercó despacio, picoteó el borde del vestido de Doña Loli, y luego fue a hacer lo mismo con el de Doña Candelaria. Las dos mujeres soltaron una pequeña risa a la vez. Se miraron. Y entonces, Doña Candelaria extendió la mano:

—Tienes razón, Doña Loli. Fuimos tontas. Un hombre tan bueno como Pancracio merece que nos llevemos bien.

Doña candelaria la miró, y una sonrisa dulce venció su enojo y dijo :

—Tienes razón, doña loli . No vale la pena pelear por celos tontos. Sabes que él solo tiene ojos para mí... aunque a veces se le caigan a los lados —añadió, y ambas rieron de verdad.

Se dieron la mano y luego un abrazo, mientras el pueblo aplaudía emocionado. Don Pancracio suspiró aliviado, limpiándose el sudor de la frente. ¡Por fin! Había logrado la paz. Pero justo cuando iba a seguir hablando, vio que Doña Cleotilde, aprovechando que todos miraban hacia arriba, se había subido al estrado, se había sentado justo sobre sus papeles del discurso... y estaba poniendo un huevo allí mismo, delante de todo el mundo.

—¡Eh, Cleotilde! —susurró Don Pancracio desesperado—. ¡No ahora, por favor! ¡Bájate de ahí!

Pero la gallina, muy digna, terminó su labor, dio un graznido fuerte como diciendo “¡listo!”, y se quedó mirando a los presentes con aire de importancia. Don Pancracio se quedó mirando el huevo, luego miró al público, luego miró a las dos amigas que reían en primera fila. Y sin saber qué más hacer, levantó el huevo en alto y exclamó:

—¡Y como ven... hasta la gallina aprueba la paz! ¡Y además nos regala lo mejor que tiene! ¡Viva la amistad! ¡Viva San Pancracio del Valle!

El pueblo entero estalló en risas y aplausos, tan fuerte que se oía al otro lado del río. Don Pancracio no terminó el discurso que había preparado. Tampoco importó. Bajó del estrado cargando a Doña Cleotilde y su huevo, y fue recibido por dos sonrisas cálidas: la de su esposa y la de su vecina.

—¡Vaya, Don Pancracio! —le dijo Doña Loli tomándole del brazo—. Hasta para arreglar peleas necesitas que te ayude una gallina.

—Es que Cleotilde es más sabia que yo —respondió él, acariciando las plumas de la gallina—. Y además, ella nunca se confunde de camino. A diferencia de su dueño... que hoy no sabía ni dónde estaba parado.

Doña loli se despidió amablemente, y Doña cleotilde se llevó a su esposo a casa. Al llegar, Don Pancracio guardó aquel huevo en una cajita, como un tesoro. Y cada vez que alguien le recordaba aquel día, él se reía y decía:

—Sí, me quedé perdido y sin saber qué decir... pero gracias a mi gallina, gané algo mucho más grande: ¡que las dos mujeres más importantes de mi vida dejaran de pelearse! Así que, ¿qué importa si me perdí un poco? ¡Lo importante es que al final encontré la paz!

Y así, Don Pancracio demostró una vez más que, aunque muchas veces ande perdido y confundido, su corazón siempre encuentra el camino correcto... aunque a veces necesite que una gallina le indique por dónde ir.

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