NovelToon NovelToon
EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:815
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

celos...

natalia

Cuando desperté, ya estaba en mi habitación.

Aunque ya no me sorprendía que, cuando me quedaba dormida, Alex me cargara hasta allí.

Por lo menos esta vez sí me había dejado en mi propia cama.

Mientras me cambiaba, un recuerdo de la noche anterior apareció en mi cabeza.

Había soñado que le pedía a Alex que se quedara conmigo.

Sacudí la cabeza inmediatamente.

—Ay, no… No. Menos mal que fue un sueño.

Suspiré y bajé a desayunar.

La mesa ya estaba preparada y Alex estaba sentado allí.

—Buenos días.

Me acerqué para saludarlo y fruncí el ceño al sentir su piel.

Estaba helado.

—¿Estás bien? Estás congelado.

—Sí. Solo estoy resfriado.

Me senté frente a él.

—Me voy a ir a correr a la playa.

Dije mientras miraba mi taza.

—Bueno… le voy a decir a Mirko que te acompañe.

Lo miré confundida.

—¿Es necesario?

—Sí. Hoy no voy a poder acompañarte. Tengo algunas cosas que hacer.

Era extraño.

Alex siempre estaba pendiente de mí.

Siempre quería acompañarme.

Y no entendía por qué, pero esta vez no me alegraba que quisiera dejarme sola.

Había algo diferente en él.

Algo que no lograba entender.

Y, por alguna razón, la sensación de la noche anterior seguía dando vueltas en mi cabeza.

No pregunté nada.

Simplemente asentí.

Estaba a punto de levantarme cuando mi celular comenzó a sonar.

Era mi padre.

—Hola, hija. Ya estamos de regreso. Voy con tus hermanos.

No supe qué responder.

Por alguna razón, lo primero que pensé fue que, si ellos volvían, Alex quizás se iría.

Y no volvería a verlo tan seguido.

Basta, Natalia.

Mis hermanos tenían que volver de todas formas.

Además, Alex era amigo de Nico y de Gonzalo.

Quizás incluso se quedaría.

—Está bien.

Colgué.

Miré a Alex.

—Mi padre dijo que ya están viajando para acá.

Me miró durante unos segundos.

Después volvió la mirada hacia su celular.

—Está bien.

—Cuando lleguen avisame, así le digo a Mirko.

Hizo una pausa.

—No te preocupes. No vas a notar que está ahí.

Rodé los ojos.

—Ya sé que va a estar ahí. Aunque se aleje, sigo sabiendo que está.

Lavé mi taza y subí a cambiarme.

Cuando salí de mi habitación, Alex ni siquiera levantó la mirada.

Fruncí el ceño.

Definitivamente estaba raro.

No sabía qué le pasaba.

Pero tampoco pensaba preguntárselo.

Llegué a la playa y me senté cerca del agua.

Mirko se había quedado unos metros atrás.

—Mirko, vení. Sentate un rato. Por ahora no me voy a mover de acá.

—No se preocupe, señorita. Estoy bien aquí.

—Sentate. Así charlamos un poco.

Finalmente se sentó.

No demasiado cerca, pero lo suficiente para poder hablar.

Estuvimos conversando durante bastante tiempo.

Después volvimos caminando a casa.

Ya había anochecido y Alex todavía no había vuelto.

Me preparé un ramen, me envolví en una manta y estaba a punto de subir a mi habitación para ver una película cuando escuché la cerradura de la puerta.

Me giré.

Ahí estaba él.

Me miró sorprendido y soltó una pequeña risa.

—¿Qué estabas haciendo?

—Estoy por ver una película.

Me di media vuelta.

Alex pasó junto a mí y sentí el roce de su cuerpo contra el mío mientras subía las escaleras.

Lo miré y fruncí el ceño.

¿Qué le pasaba?

Subí a mi habitación.

Preparé la película, apagué las luces y dejé el ramen sobre la cama.

Estaba a punto de darle play cuando un pensamiento apareció en mi cabeza.

No lo pensé demasiado.

Salí de mi habitación y golpeé la puerta de la suya.

Ya era demasiado tarde para arrepentirme.

Cuando abrió, estaba como siempre.

Shorts.

Sin camisa.

Intenté no mirar demasiado su torso.

—¿Querés ver la película conmigo?

—¿Ahora?

Lo miré con sarcasmo.

—No. Ayer.

No respondió.

Simplemente cerró la puerta detrás de él y me siguió.

Entró a mi habitación y se sentó en la cama.

—¿Querés ramen? Está un poco picante.

No respondió.

Agarró los palillos y comenzó a comer mientras miraba atentamente la película.

Cada vez que hacía algún comentario o reaccionaba a alguna escena, lo miraba de reojo.

Y cada vez que recordaba que estaba en mi habitación, sin camisa, sentía un extraño cosquilleo en el estómago.

Intenté respirar con normalidad.

No quería que notara mis nervios.

A mitad de la película, mi celular volvió a sonar.

Estaba sobre una mesa cerca de Alex.

—¿Me lo alcanzás, porfa? Debe ser mi padre.

Alex se estiró y me lo entregó.

Después puso la película en pausa.

Miré la pantalla.

Era Marcos.

Me sorprendió que llamara tan tarde.

—Hola, Marcos. ¿Cómo estás?

Miré de reojo a Alex.

Su expresión había cambiado.

Ya no parecía relajado.

Parecía… molesto.

—Hola, Natalia. Perdón que te llame a esta hora. Quería saber si querías salir. Me enteré de que viene tu padre con tus hermanos y después voy a estar bastante ocupado otra vez.

Volví a mirar a Alex.

Me estaba observando fijamente.

—No vas a salir a ningún lado, Natalia.

Lo dijo en voz baja.

Muy cerca de mi oído.

Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.

—Lo siento, Marcos, pero no puedo. Tengo demasiado trabajo que terminar antes de que llegue mi padre.

De repente, Alex se levantó.

Se dirigió hasta la puerta.

Lo miré confundida.

Antes de que Marcos pudiera responder, Alex habló en voz alta.

—Natalia, vamos. Te ayudo a terminar.

Me miró directamente a los ojos.

Y sentí un extraño cosquilleo recorrerme el cuerpo.

Le hice una pequeña seña con la mirada.

¿Qué estás haciendo?

—¿Estás con Alex todavía?

El tono de Marcos cambió.

—Sí… ¿Te acordás que te comenté que se está quedando en casa?

—¿Querés que vaya y te ayude? Así Alex puede descansar.

Antes de que pudiera responder, Alex volvió a hablar.

—¿Con quién hablás tanto? Te estoy esperando. Apurate, que quiero mostrarte algo.

Lo miré.

Era evidente que estaba celoso.

Y, por alguna razón, eso me gustó más de lo que debería.

—No hace falta, Marcos. Gracias. Además, es algo sobre unas armas nuevas que tengo que aprender a manejar y Alex es el encargado de eso.

Hice una pausa.

—Pero gracias. Nos vemos mañana. Besos.

—Está bien. Hasta mañana.

Colgué.

Alex ya estaba sentado en el borde de la cama.

—¿Cómodo?

—¿Por qué te llama tan tarde?

Su tono era serio.

—Es nuestro amigo y se preocupa. Nada más.

Me miró fijamente.

—A veces sos muy ingenua, Natalia.

Fruncí el ceño.

—¿De qué hablás? Además, ¿por qué dijiste eso?

—Le gustás a Marcos.

Abrí los ojos.

—¿Qué?

—Es obvio. Y también es obvio que sos la única que no se da cuenta de que le gustás a alguien.

Se acercó un poco más.

Demasiado.

Su voz bajó.

—¿Terminamos de ver la película?

Lo miré sin saber qué decir.

—Sí.

Se acomodó nuevamente y comenzó a mirar la pantalla.

—¿Ves?

—¿Qué?

No respondió.

Simplemente siguió mirando la película.

Unos minutos después me levanté.

—Ahora vengo. Voy al baño.

No sabía qué me estaba pasando.

Sentía el corazón demasiado acelerado.

Intenté ignorarlo.

Pero apenas entré al baño, el mareo me golpeó de repente.

Me apoyé contra la pared.

Todo comenzó a dar vueltas.

Mi cuerpo perdió fuerza.

Y caí al suelo.

Unos minutos después escuché la voz de Alex.

—¿Natalia?

No podía responder.

Volvió a llamarme.

—Natalia.

Nada.

Escuché sus pasos acercándose.

Su sombra apareció debajo de la puerta.

Y, unos segundos después, entró.

—Natalia…

No podía hablar.

Me levantó con cuidado y me llevó nuevamente hasta la cama.

Me dio agua y se quedó a mi lado.

Poco a poco comencé a recuperar el aire.

—¿Qué te pasó?

Su voz sonaba realmente preocupada.

—No sé… Me empezó a latir muy fuerte el pecho y después se me aflojó todo el cuerpo. Me caí.

Intenté moverme, pero el golpe me había dejado adolorida.

Alex se sentó a mi lado.

Me abrazó.

Y simplemente se quedó ahí.

—Gracias.

Lo dije casi en un susurro.

—Tontita.

Hizo una pausa.

—Todavía no lo entendés.

Lo miré.

—¿Entender qué?

—Nunca te vas a dar cuenta.

—Y vos tampoco.

Lo dije casi sin pensar.

Pero él lo escuchó.

Se quedó completamente quieto.

—¿Qué?

—Nada.

—Repetilo, Natalia.

—Nada. Olvidalo.

Me tomó el rostro con cuidado y me obligó a mirarlo.

Sus ojos estaban clavados en los míos.

—¿En serio no te das cuenta, Natalia?

Se quedó en silencio unos segundos.

—Yo te juro que lo intento, pero…

No terminó la frase.

No hizo falta.

Porque en ese instante lo entendí.

Él también lo sentía.

Mi corazón volvió a acelerarse.

¿Cómo podía explicarle lo que sentía yo?

—Alex… yo entiendo, pero no sé cómo reaccion…

No pude terminar.

Sus labios se encontraron con los míos.

Por un instante, todo desapareció.

No hubo palabras.

No hubo dudas.

Solo ese beso.

Cuando se separó, me quedé mirándolo, completamente paralizada.

Alex tampoco parecía saber qué hacer.

Hasta que volvió a acercarse.

—¿Ahora sí entendiste?

Tragué saliva.

—Sí.

Bajé lentamente la mirada.

Y sentí cómo apoyaba su frente contra la mía.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play