Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 3: Otra noche de discusiones
Llegué a casa después de un día bastante pesado en la empresa. Había pasado prácticamente todo el día metido entre reuniones, llamadas y problemas que resolver. Cuando por fin salí de la oficina, lo único que quería era llegar a mi casa, quitarme los zapatos, sentarme un rato y descansar.
Manejé por las calles de Cali mientras pensaba en todo lo que tenía pendiente para el día siguiente.
Cuando llegué, estacioné el carro, tomé las llaves y entré.
Apenas cerré la puerta, escuché la voz de Valeria desde la sala.
—¡Por fin llegaste!
Suspiré.
—Buenas noches para vos también, Valeria.
Dejé las llaves sobre una mesa.
—¿Dónde estabas?
—En la empresa.
—¿Hasta esta hora?
—Sí. Tuve un día pesado.
Ella se levantó del sofá y cruzó los brazos.
—Siempre es lo mismo con vos, Santiago. Siempre estás trabajando.
—Porque tengo responsabilidades.
—¿Y nosotros qué? ¿Acaso no somos tu familia?
La miré tratando de mantener la calma.
—Claro que son mi familia.
—Pues no parece.
—Valeria, por favor, acabo de llegar. Estoy cansado.
—¿Y yo no estoy cansada?
—No estoy diciendo eso.
—Entonces hablame.
Respiré profundamente.
—¿De qué querés hablar?
—De nosotros.
Me quedé callado.
Otra vez esa conversación.
—Ya hemos hablado de esto muchas veces.
—Y nunca solucionamos nada.
—Porque cada vez terminamos peleando.
—¡Porque vos nunca querés reconocer nada!
—¿Reconocer qué?
—Que estás distante. Que ya no sos el mismo de antes.
Me pasé una mano por la cara.
—Han pasado quince años, Valeria. Las cosas cambian.
—¡Ah, claro! Ahora resulta que quince años son la excusa.
—No es ninguna excusa.
—Entonces decime la verdad.
La miré.
—¿Qué verdad querés que te diga?
—¿Ya no me querés?
La pregunta quedó flotando en medio de la sala.
Por unos segundos no respondí.
Valeria me miró esperando una respuesta.
—Santiago, contestame.
Bajé la mirada.
—No sé qué querés que te diga.
—La verdad.
—La verdad es que estoy cansado.
—¡Yo también estoy cansada!
—No estoy hablando solamente del trabajo.
Ella frunció el ceño.
—Entonces ¿de qué estás hablando?
Me quedé en silencio.
Por dentro sabía perfectamente qué quería decirle, pero todavía no encontraba el valor.
—Nuestra relación no está bien —respondí finalmente.
—¿Y por culpa de quién?
—No se trata de buscar culpables.
—¡Siempre decís lo mismo!
—Porque es cierto. Los dos sabemos que llevamos mucho tiempo discutiendo.
—Porque vos nunca estás presente.
—Estoy presente por nuestra hija.
Valeria se quedó mirándome.
—¿Solo por Selene?
Me arrepentí inmediatamente de haberlo dicho de esa manera.
—No quise decir eso.
—Sí quisiste.
—Valeria...
—¡No! Decime las cosas de frente.
—Estoy intentando hacerlo.
—Pues hacelo.
Me quedé completamente callado.
Ella esperó unos segundos y luego preguntó:
—¿Hay otra mujer?
La pregunta me tomó por sorpresa.
—No.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—Entonces ¿por qué estás tan distante?
—Porque ya no sé cómo seguir con esto.
Ella comenzó a caminar de un lado a otro de la sala.
—Después de quince años, ¿eso es todo lo que tenés para decirme?
—No es todo.
—Pues hablá.
La miré fijamente.
Por primera vez sentí que tenía que decirlo.
—Creo que deberíamos separarnos.
Valeria se quedó inmóvil.
—¿Separarnos?
Asentí lentamente.
—Sí.
—¿Me estás diciendo que querés dejarme?
—Estoy diciendo que este matrimonio ya no nos hace felices.
—¿Y ahora qué? ¿Después de quince años simplemente te vas?
—No quiero hacerte daño.
—¡Pues ya me lo estás haciendo!
Me quedé en silencio.
—Tenemos una hija, Santiago.
—Lo sé.
—¿Y qué va a pasar con Selene?
—Voy a seguir siendo su papá. Eso nunca va a cambiar.
—Ella va a sufrir.
—Por eso quiero que hagamos las cosas con calma y sin convertir esto en una guerra.
Valeria se sentó nuevamente en el sofá.
—No puedo creer que estés haciendo esto.
—Lo siento.
—¿Desde cuándo lo estás pensando?
Bajé la mirada.
—Desde hace bastante tiempo.
Ella respiró profundamente y se limpió las lágrimas.
—Entonces ya lo tenías decidido.
—Sí.
Hubo un silencio largo.
Por primera vez en mucho tiempo no estábamos gritándonos.
Solo estábamos enfrentando una verdad que ninguno de los dos quería aceptar.
—Necesito tiempo —dijo finalmente.
—Te lo voy a dar.
Tomé mis llaves y me dirigí hacia las escaleras.
Antes de subir, escuché su voz.
—Santiago.
Me detuve.
—¿Qué?
—¿De verdad ya no me amás?
Cerré los ojos por un instante.
—No como debería amar a mi esposa.
No dije nada más.
Subí lentamente a mi habitación, mientras en la casa quedaba un silencio completamente distinto al de otras noches.
Aquella vez no había gritos.
No había reclamos.
Solo quedaba la certeza de que nuestro matrimonio había llegado a un punto del que ya no podíamos regresar.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴