Esta es la historia de Glenn, un joven criado en la forja, que narra su historia desde sus origenes.
Debera afrontar retos y malos presagios que deparan en su vida, ademas desvelara los secretos y corrupción que existe en el reino magico de Magnolia, para así luchar por consolidar y crear un mundo donde la magia cumpla su verdadero propósito.
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Inesperado
Mis padres estaban peleando con un poder que yo no podía concebir, solo alcanzaba a ver como cadenas, explosiones y fuego había por doquier. La tierra temblaba y algo del calor abrasador llegaba hasta nosotros, el muro mágico se había bajado notablemente su resistencia hace un tiempo, pero quería sentirme seguro de que este lo estuviera cuando volviera a bajar su resistencia.
Pero eso sucedió muy rápido, pasado un tiempo surgieron del suelo unas enormes cadenas. En aquel instante sentí como el muro se había debilitado bastante, yo creo que tendría menos de una tercera parte del poder que tenía antes.
/Glenn/- ¡Patrona!
/Patrona/- ¿Qué sucede Glenn?
/Glenn/- Ya esta, el muro se ha debilitado bastante.
/Patrona/- Excelente, vamos a mandar rápido la señal muchacho, ahora hazlo.
Tome el pergamino qué tenía guardado y a la mano para cuando esto sucediera, corrí un poco lejos de donde estaba la gente, había muchas explosiones y fuertes estruendos, así que cerré mis ojos y espere a que hubiera un silencio notable para que mi señal fuese escuchada y no confundido con otros estruendos. Finalmente, hubo un momento de silencio después de que una poderosa explosión derrumbara las cadenas gigantes.
Extendí el pergamino y de este salió un avfénixix hecho solamente de fuego y voló a tanta velocidad qué el aire que aventó hacia mí me tumbo al piso. En 2 o 3 parpadeos al fin llego al cielo y simplemente exploto de manera sumamente estruendosa. Tenía que regresar a mí puesto para acompañar a los habitantes del pueblo por lo que empecé a correr y esperar a que mis padres derrumbaran el muro, aunque aún me sentía inquieto por lo que Triboulet me había dicho antes, sobre la otra habilidad de aquel apóstol que mis padres desconocían.
En el campo de batalla, se escuchó el estruendo que Gonzalo y Sandra reconocieron al instante, era la señal. Habían obligado al apóstol a usar más magia de la que podía manejar para mantener aquel muro, solo que había un enorme problema y es que ya habían usado poder equiparable a seis flechas:
Primera flecha azul, cuando acabo con las cadenas al caer del risco, que hacia explotar todo a su paso.
Segunda flecha amarilla, la que utilizo para dañar al apóstol y generar un gran dolor para distraerlo, esta atravesaba todo a su paso hasta hacer contacto con el objetivo deseado.
Tercera flecha verde, esta es una fusión de las anteriores flechas, puesto que combinaban el poder explosivo y capacidad de atravesar con todo lo que se desea extinguir en llamas. Era tanto el poder de estas y una cualidad tan especifica que era equivalente a tres.
Cuarta, uso otra flecha explosiva azul para hacer estallar las cadenas gigantes.
Quedaba a su disposición un último tiro, después de usarlo y en las condiciones en las que estaban quien sabe si aún serían capaces de mantener la fusión. Tanto Sandra como Gonzalo eran conscientes de eso, y aunque Asmar había usado mucho poder mágico, aún estaba en bastante mejor condición que la pareja. Tenían que derrumbar ese muro y luego entretener al apóstol para que su hijo y el resto escaparan.
Estaban frente a frente, y aunque Asmar no comprendía por qué hubo una explosión en el cielo totalmente ajeno a su combate, además de que tenía un gran dolor por aquella flecha clavada, en cada intento de querérsela quitar esta le quemaba la mano y ardía más en donde estaba clavada.
/Asmar/- ¿Qué demonios es esta flecha? ¡Agh, arde! Supongo que no me la podré quitar aún.
/Gonzalo/- ¿Quieres que te clave otra? /Pensaba mientras apuntaba su arco a la cabeza de Asmar/[Tengo que acercarme lo más posible al muro y derribarlo].
/Asmar/- Puede que te haya subestimado, pero tú también lo haces conmigo. No sé qué clase de hechizo usaron estando dentro de esa cúpula, pero estoy seguro de que no puedes seguir lanzando tantas de esas flechas tuyas, ja, ja, ja.
Asmar aunque era un joven temerario y violento. Viendo las sorpresas que su oponente podía darle, no quería quitarle los ojos de encima. Pero Gonzalo lo sabía, gracias a su habilidad mágica que compartía con su hijo, él podía ver que la magia del apóstol estaba desgastada y que ya podía seguir el ritmo con el que había empezado la pelea.
/Gonzalo/- Puedo ver claramente como también desgastaste demasiado tu magia con eso que hiciste, aun eres inexperto usando tu propio poder.
/Asmar/- Tú no sabes nada sobre mí.
/Gonzalo/- Solo puedes controlar cadenas, potenciarlas con magia. Invocarlo y darle casi las formas que tú quierhas. Tu habilidad es muy predecible.
/Asmar/- ¡Deja de decirle predecible a mi magia! ¡TE JURO QUE VOY A...!
Un brillo se acentuó en los ojos del apóstol, lo sintió en su ser, solo él se percató de ello, algo se había desbloqueado dentro de sí; no pudo evitarlo, pero su hermoso rostro se volvió a desfigurado por desvariar en risa.
/Asmar/- Al fin, al fin, al fin. Ya había demorado mucho.
/Gonzalo/- ¿Eh, que tanto dices?
Asmar deshizo su escudo y al hacerlo, una pequeña bolsa negra cayó al suelo, Gonzalo al no detectar amenaza o intensión de ataque solo se mantuvo al margen con su arco mágico. Aquella bolsa cayó al suelo y desató una gran nube de humo, y luego solo se escucharon pisadas veloces. No había necesidad de perseguirlo si este decidía huir. La imagen mental de Sandra apareció en la mente de Gonzalo, ella teniendo todo su atuendo bañado en sangre y tomando su brazo derecho el cual estaba todo herido:
/Sandra/- Deprisa hay que derribar el muro, no podre soportar mucho tiempo la fusión, además...
/Gonzalo/- Lo sé, el tiempo se nos va a consumir muy pronto.
El cuerpo junto con la armadura empezaban a volverse traslúcidos, estaban desintegrándose y este empezó por la mano izquierda. Empezaron a correr en dirección al muro para lanzar la flecha lo más cerca del muro para asegurar que la fuerza de la misma fuese lo suficiente para acabar con eso de un golpe y quizás tener la oportunidad de ver a Glenn una última vez y despedirse.
Después de unos minutos por fin Gonzalo había llegado bofeado fuera del pueblo. Podía ver a la distancia a los habitantes del pueblo y ahí es cuando se preparo para lanzar el último flechazo directo al muro, inyecto lo más que pudo de magia su flecha qué sería una azul que extinguiria todo el muro, hasta que finalmente justo cuando había soltado con sus dedos la flecha el arco se desvanecio en sus manos, esta volaba directo al objetivo.
Pero había algo raro, había dos personas montando cada uno un caballo, estaban yendo viniendo al pueblo, y al enfocar la vista hasta donde el cuerpo se lo permitía, pudo ver que el que venía más adelantado era Glenn y detrás venía siguiéndola la Patrona. Gritaban algo, repetían algo una y otra vez de manera desesperada, pero los sentidos ya gastados por la batalla lo obligaron a poner más atención hasta que escucho...
/Glenn y Patrona/- ¡EL LEVIATAN!
Gonzalo lo entendió y en su cara había preocupación porque ahora lo había entendido, el apóstol no había dado más no porque no quisiera, si no porque no podía. La magia que había usado con el Leviatan solo podía usarse cada tanto tiempo y aquel "novato" consiguió tiempo para volverlo a usar, pero ya era tarde para todo, en cuanto la flecha impacto en el muro mágico un poderoso rugido de aquella calamidad nuevamente se volvía a escuchar, el apóstol había reanimado al Levatian.