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REENCARNE EN UNA GORDITA DESPRECIADA.

REENCARNE EN UNA GORDITA DESPRECIADA.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:31.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone era ladrona, pistolera y la mujer más buscada al oeste del Mississippi. Murió con una bala en la espalda por culpa de un imbécil y un reloj de oro.
Despertó en el siglo XXI.
En un hospital. En un cuerpo que no era el suyo. Noventa kilos, papada, moretones en los brazos y un tubo metido por la nariz.
El cuerpo pertenecía a Emilia Montero: heredera de un imperio millonario, casada con un hombre que la despreciaba, traicionada por su mejor amiga, y recién salida de un coma después de que alguien intentara matarla y lo hiciera parecer un suicidio.
Emilia se fue.
Lo que despertó en su lugar es mucho peor.
Cassidy no sabe usar un teléfono, no entiende qué es un EBITDA y le tiene desconfianza a los autos. Pero sabe leer mentirosos, sabe cuándo alguien esconde un as bajo la manga y sabe pelear sucio. Tiene doce meses para descubrir quién la quiso matar, recuperar la fortuna que le están robando y destruir al marido estafador y a la amiga trai

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CAPÍTULO 17: Auditoría de sangre.

Valentina Torres llegó a la mansión un viernes a las siete de la mañana con una carpeta negra debajo del brazo y la cara de alguien que no ha dormido en tres días pero a quien eso le importa lo mismo que la opinión ajena: nada.

Cassidy la recibió en el despacho del segundo piso. Puerta cerrada. Lucía afuera haciendo guardia. Sebastián llevaba dos días saliendo al amanecer y volviendo de madrugada, moviendo dinero como rata en un barco que se hunde. Mejor. Que se moviera. Que dejara huellas. Valentina estaba rastreando cada una.

—¿Café? —ofreció Cassidy.

—Negro, sin azúcar, sin conversación previa. Vamos directo al grano.

Me encanta esta mujer.

Valentina abrió la carpeta y sacó un fajo de papeles que dejó caer sobre el escritorio con un golpe seco. Gráficos, tablas, nombres, flechas, números marcados en rojo. Parecía el mapa de una batalla. Y en cierto modo lo era.

—Empiezo por lo fácil —dijo Valentina, sentándose sin pedir permiso—. En los últimos dos años, Marcos Peña autorizó pagos a diecisiete proveedores externos por un total de tres millones doscientos mil dólares. De esos diecisiete, nueve no existen.

—¿No existen?

—Son empresas fantasma. Registradas en paraísos fiscales, sin empleados, sin oficinas, sin actividad comercial real. Existen en papel y nada más. Facturaban servicios que nunca se prestaron: consultorías, mantenimiento de equipos, estudios de mercado. Humo. Puro humo. Y Marcos Peña firmó cada pago.

Cassidy miraba los papeles sin tocarlos. La mandíbula apretada, las manos quietas sobre los muslos.

—¿A dónde iba el dinero?

—A dos destinos. El grueso, dos millones cuatrocientos mil, terminaba en una cuenta en Panamá a nombre de una sociedad que, si rascas las capas, pertenece a Sebastián Duarte. La cuenta tiene movimientos constantes: retiros en efectivo, transferencias a cuentas personales, pagos de tarjetas de crédito. Tu marido lleva dos años robándote y gastándose tu dinero como si fuera suyo.

Cassidy no se movió. No parpadeó. No apretó los puños ni soltó un insulto. Se quedó quieta como se quedaba antes de un asalto en el desierto: fría, calculando, midiendo distancias.

—¿Y el resto?

—Ochocientos mil. A una cuenta en Miami a nombre de Andrea Ríos.

Ahí estás, cariño. Con tu cuenta en Miami y tu ropita de marca y tu vida de reina pagada con mi sudor. O más bien con el sudor de Emilia, que ni siquiera le dejaron comprar ropa que le quedara.

—¿Marcos se quedaba con algo?

—Comisión del quince por ciento. Aproximadamente cuatrocientos ochenta mil en dos años. Los recibía a través de otra empresa fantasma a su nombre, registrada en Belice. Marcos no es el cerebro, señora Montero. Es el operador. El que aprieta los botones. El cerebro es su marido.

Cassidy se recostó en la silla. Miró el techo. Tres millones doscientos mil dólares. Más lo que Sebastián gastaba en Andrea, en las cenas, en los viajes, en las galas donde la paseaba como trofeo. Más el sueldo que se asignó como director general. Más los gastos de representación inflados. Más lo que no se podía rastrear.

Me robaron hasta el aire que respiraba. Y el maldito informe que Marcos me presentó la semana pasada decía que todo estaba en orden. Limpio. Transparente. Me miró a la cara, me soltó su numerito del EBITDA y me mintió con la misma boca con la que se comía el quince por ciento de mi dinero.

—¿Marcos sabe que lo estás investigando?

—No. Pero está nervioso. En los últimos cinco días ha movido dinero entre tres cuentas diferentes. Está intentando borrar huellas. El problema es que borrar huellas digitales no es tan fácil como cree. Cada transferencia deja un rastro. Y yo tengo cada rastro.

—Sebastián también está moviendo dinero. Sale temprano, vuelve tarde, lleva dos días así.

—Lo sé. Retiró setecientos mil de la cuenta de Panamá entre el miércoles y hoy. Están entrando en modo de emergencia. Algo los asustó.

Cassidy pensó en la noche del martes. Daniel saliendo de su habitación. Sebastián en el pasillo. La cara de pánico.

Lo asusté yo. Vio a Daniel, supo que perdió el control y ahora está vaciando las cuentas antes de que todo se le venga encima.

—Déjalos correr —dijo Cassidy—. Que muevan lo que quieran. Mientras más muevan, más huellas dejan. ¿Puedes rastrear todo en tiempo real?

—Ya lo estoy haciendo. Cada transferencia que Marcos autoriza me llega en doce horas. Las de Sebastián tardan un poco más porque usa intermediarios, pero les sigo el rastro.

—Bien. Sigue cavando. Quiero encontrar el fondo de esta fosa.

Valentina asintió. Recogió los papeles, los ordenó y los volvió a meter en la carpeta. Cassidy pensó que había terminado. Se equivocó.

—Hay algo más —dijo Valentina. Y la forma en que lo dijo, sin levantar la vista de la carpeta, con esa voz plana que usaba para todo, hizo que a Cassidy se le enfriara la sangre.

—¿Qué?

—Uno de los nueve proveedores fantasma se llama Distribuidora Médica del Pacífico. Facturaba supuestos insumos hospitalarios al Grupo Montero. Doscientos mil dólares en un año. Empresa vacía, sin operaciones reales, registrada en Costa Rica.

—¿Y?

—La empresa fue constituida por un bufete de abogados en San José que presta servicios a un número limitado de clientes corporativos. Uno de esos clientes es Laboratorios Reyes.

Cassidy dejó de respirar.

—El vínculo no es directo —continuó Valentina con la misma voz de siempre, como si no acabara de lanzar una granada sobre la mesa—. Laboratorios Reyes no aparece como dueño ni como beneficiario de la Distribuidora Médica del Pacífico. Pero comparten bufete, comparten jurisdicción y hay un patrón de transferencias entre cuentas del mismo banco que sugiere al menos conocimiento mutuo. Todavía no puedo probar una conexión operativa. Pero está ahí. Y cuando algo huele así, en mi experiencia, es porque hay algo podrido debajo.

El silencio que siguió fue largo. Denso. Cassidy sentía el corazón latirle en las sienes.

Laboratorios Reyes. La empresa del padre de Daniel. La farmacéutica que Daniel odia. El dinero que Daniel no quiere tocar.

—¿Daniel Reyes aparece en algo?

Valentina levantó la vista por primera vez.

—¿Daniel Reyes el médico?

—Sí.

—No. En ningún documento, en ninguna cuenta, en ningún registro. El que aparece vinculado al bufete es Rodrigo Reyes Alcázar, el padre. Presidente y fundador de Laboratorios Reyes. Daniel Reyes no tiene participación activa en la empresa según los registros públicos.

Cassidy soltó el aire. Despacio.

El padre. No Daniel. El padre.

Pero el alivio duró tres segundos. Porque aunque Daniel no estuviera involucrado, su padre sí. O al menos, la empresa de su padre compartía abogados con una empresa fantasma que le había robado doscientos mil dólares. Y eso significaba que si tiraba de ese hilo, el ovillo la iba a llevar directamente a la familia del hombre que le cocinaba arroz con pollo y la hacía reírse por primera vez en dos vidas.

Mierda.

—¿Señora Montero? —Valentina la miraba con la cara de quien sabe que acaba de darle una mala noticia y espera la reacción.

—Sigue investigando esa conexión. Quiero saber exactamente qué relación hay entre Laboratorios Reyes y esa empresa fantasma. Si el padre de Daniel Reyes está metido en el fraude de mi empresa, necesito saberlo. Todo. Hasta el último centavo.

—¿Aunque le duela?

—Valentina, me han envenenado, humillado, robado y traicionado las personas en las que más confiaba. El dolor ya no me asusta. Lo que me asusta es no saber la verdad.

Valentina la miró un momento largo. Asintió.

—Tendrá el informe completo en diez días.

Se fue. Sin despedida, sin apretón de manos, sin formalidades. Salió por la puerta como entró: con la carpeta bajo el brazo y la expresión de alguien que tiene trabajo que hacer y no piensa perder un segundo en cortesías.

Cassidy se quedó sola en el despacho.

Se sentó en la silla giratoria. No giró. Se quedó quieta mirando por la ventana la casa de Daniel, visible entre los árboles del jardín. La ventana de su cocina estaba abierta. Probablemente estaba ahí adentro, preparando algo, tarareando alguna canción, sin saber que la mujer a la que le cocinaba acababa de descubrir que la empresa de su padre podía estar conectada con el fraude que le había robado tres millones de dólares.

¿Sabías, Daniel? ¿Sabías lo de tu padre? ¿Sabías que los abogados de su empresa crearon una fantasma que me estaba desangrando?

No quería creerlo. Con cada fibra de este cuerpo que no era suyo pero que ya sentía como propio, no quería creerlo. Porque si Daniel sabía, entonces era igual que todos los demás. Otro hombre con una sonrisa bonita y un cuchillo detrás de la espalda. Otro Roy. Otra traición.

Pero Cassidy Boone no tomaba decisiones basadas en lo que quería creer. Las tomaba basadas en lo que podía probar. Y por ahora, lo único probado era que el padre estaba vinculado. No Daniel.

Todavía no.

Agarró el teléfono. Tenía un mensaje de Daniel de hacía una hora.

«Me sobró sopa de lentejas de ayer. ¿Quieres?»

Cassidy miró el mensaje. Lo leyó tres veces. La sopa de lentejas. La comida casera. La risa. Las manos en su cintura. Los ojos de miel que no pedían nada.

No contestó.

Dejó el teléfono en el escritorio, cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz con los dedos.

Diez días, Boone. En diez días Valentina te va a decir la verdad sobre los Reyes. Hasta entonces, no sueltes prenda. No le digas lo que sabes. No le preguntes lo que sospechas. Y por lo que más quieras, no te metas en su cama hasta que sepas si el hombre que te hace reír es el mismo que te está robando.

Se levantó. Se alisó la blusa. Bajó a la cocina y se sirvió café.

Los diez días más largos de su vida acababan de empezar.

1
Elizabeth Sánchez Herrera
una actitud muy serena por parte de Cassidy
Elizabeth Sánchez Herrera
es
toy segura que Daniel en cuál querer situación elegirá a cassidi
mariela
Daniel no esta tan ignorante de los tratos que hace su padre tanto así que la llamo para preguntarle que le dijo a ella que va a ser una desilusión para el pero el viejo lo que quiere es prácticamente ser dueño de la empresa de Emilia si nos ponemos analizar pero ya Rodrigo se dio cuenta que ella sabe mas de lo que el imaginaba aquí comienza la cacería para eliminarla y seguir haciendo sus negocios chuecos.
Rodrigo Reyes tu hijo se pondrá en contra tuya.
Lucy alejo
excelente capitulo que pasara con Daniel
Lucy alejo
tan parecidos y tan diferentes a la vez
mariela
Daniel mi bombón se quedara con la forajida Cassidy porque esta descubriendo paso a paso la verdad y le gusta lo que ve mientras Sebastian lo busca en Google espejo es un chiste pendejo buscar un sueño y nombre en una aplicación.
mariela
Pobre Sebastian cree que jugando con el arrepentimiento se convertirá en víctima no se imagina que la forajida de Cassidy-Emilia es una mujer corrida en 7 plazas y el cuando va ya ella viene de regreso caerá en su propia trampa 😂🤣😂🤣😂🤣
Lucy alejo
Sebastián piensa que Emilia Cassidy es tonta no sabe que cuando el va ella ya viene de regreso 🤭
Mitsuki G
Por razón ese señor Rodrigo no quiere a Emilia cerca de su hijo por qué vera como también le roba que tiene dinero de Emilia como también la usa para ellos pero debería decirle este Daniel sabrá que es lo correcto ya que no es como su padre y está limpio
mariela
Así se esta convirtiendo en una mujer empoderada con el autoestima arriba con menos kilos y mas autosuficiente donde Daniel tiene que ver mucho con ese cambio pero me encanta se retan ella dice que no son nada pero se deja dar sus buenas revolcadas deliciosas 😋😋😋🤤🤤🤤 por su bombón.
Mirta Vega
ansiosa esperando por más 🥰
Limaesfra🍾🥂🌟
vuekve el.perro arrepentido con las orejas caidas, el rabo entre las piernas y el hocico partido😁👅🤣🤣🤣🤣🤣🤣esa es la idea😁🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
no mires. no mires caray si miró🤣🤣🤣
Eva Quihuis Romero
empecé a leerla ayer y me atrapó, está buena , esperemos más capítulos!!
Blanca Ramirez
me dejas emocionada autora esperando la reacción de Daniel cuando le cuente lo de su papá 🥰🥰🥰🥰
María Gabriela
💣 me da cosa con Daniel va ser un golpe duro aunque no se llevan bien va a ser duro
Marisel Rio
💕💕💕💕Encanta con tu novela y los maratones 💕💕💕
Amo a Cassidy y a Daniel 💖💖💖💖💖
Betty Saavedra Alvarado
Sebas estás actuando como marido arrepentido consejo de abogados Cassidy es más inteligente que tu
Betty Saavedra Alvarado
Emilia Rodrigo Reyes te vino a comprar le distes dos cachetadas con tus palabras
Betty Saavedra Alvarado
Cassidy Emilia vive dos vidas ahora es más fuerte y valiente nadie la humilla Daniel está con ella
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