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CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

nada es para siempre

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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La noche de Dmitriy fue todo menos lo que él esperaba . Al ver cómo su primo Taras era completamente hechizado en medio de la pista de baile, el heredero ruso sonrió con suficiencia y decidió que era su momento de actuar. Se acomodó el cuello de la camisa negra y se dirigió con la elegancia sigilosa de un felino hacia su presa, con la mirada fija en Azul. Sin embargo, justo cuando estaba por alcanzarla, un sujeto se le adelantó al dar la vuelta, interponiéndose en su camino.

El tipo, un joven con demasiada confianza y aliento a alcohol, se plantó frente a Azul con una sonrisa invasiva.

—Hola, preciosa. ¿Bailamos? —soltó el hombre, intentando usar su mejor tono de galán.

—No, gracias —respondió Azul de inmediato, con una voz gélida y cortante que habría congelado a cualquiera, manteniendo su habitual distancia y su postura rígida.

El sujeto, lejos de retirarse ante la clara negativa, dio un paso más hacia ella, acortando el espacio de forma agresiva.

—Anda, no seas así. Estás sola, yo también estoy solo... Podemos pasarla muy bien esta noche —insistió, estirando las manos sin ningún tipo de educación.

Antes de que Azul pudiera reaccionar o apartarse, el sujeto la tomó con firmeza por la cintura. En ese instante, la expresión de la joven se transformó en una de pura irritación e incomodidad; detestaba que invadieran su espacio personal de esa manera. Pero justo cuando se preparaba para armar un escándalo y quitarle las manos de encima, su salvación llegó de la forma más inesperada.

Una mano grande, fuerte y de dedos largos se posó sobre el hombro del atrevido sujeto, apartándolo con una firmeza que no admitía réplicas.

—Hola, amor. Perdón por tardar tanto —interrumpió Dmitriy, usando un tono de voz perfectamente modulado, tranquilo pero cargado de una autoridad peligrosa.

Dmitriy jaló sutilmente a Azul por la cintura, atrayéndola con suavidad pero con firmeza hacia su propio cuerpo, apegándola por completo contra su amplio pecho. Para terminar de sellar la actuación y ahuyentar al intruso, el rubio se inclinó y le dio un casto beso en la comisura de los labios, marcando territorio de una manera tan elegante que dejó al otro tipo sin argumentos.

—El tráfico de esta ciudad es verdaderamente horrible, hermosa. Ven, vamos a bailar —clavando sus ojos azules en el sujeto, quien, al ver la imponente estatura del ruso y su mirada fría, prefirió dar la vuelta y perderse entre la multitud.

Azul se quedó estática, con el corazón latiéndole aprisa, tratando de procesar todo lo que había pasado en los últimos dos minutos. Sintió la firmeza de los músculos del extranjero y el calor que emanaba de su cuerpo, el mismo calor que la había perturbado horas atrás en el reservado. Se apartó un poco para mirarlo hacia arriba, con el ceño fruncido.

—¿Tú quién eres? —preguntó Azul, analizando las facciones perfectas del rubio bajo los destellos de neón.

—Tu salvador de esta noche —respondió Dmitriy con una sonrisa descarada, guiñándole un ojo—. Y sugiero que bailemos ya, porque el amigo de hace un momento no deja de verte desde la barra y se va a dar cuenta del truco si nos quedamos aquí parados.

Azul no tuvo tiempo de oponerse. Dmitriy la tomó de la mano y la guio hacia el centro de la pista, donde la música electrónica comenzaba a fusionarse con ritmos mucho más densos y sensuales. El contraste físico entre los dos era arrollador. Azul era un poco más chaparrita que Roberta; sus escasos 1.58 metros de estatura frente a la imponente pared de músculos de 1.90 metros de Dmitriy hacían que la diferencia fuera abismal. Ella se sentía completamente resguardada por la anatomía del ruso, quien se movía con una soltura que desmentía por completo su herencia siberiana.

Mientras se acoplaban al ritmo, Azul no dejaba de estudiarle el rostro. Esos ojos claros, el perfil que recordaba a las estatuas antiguas y esa seguridad imperturbable le resultaban sumamente familiares.

—Yo te conozco... —soltó Azul de repente, alzando la voz para competir con el sonido de las bocinas.

Dmitriy bajó un poco la cabeza, divirtiéndose con la sospecha de la joven.

—¿Ah, sí? ¿De dónde? —preguntó con inocencia fingida.

—No sé... pero yo te he visto en alguna parte . Estoy segura —insistió ella, intentando conectar las piezas en su mente borrosa por la fiesta, sin terminar de ligar al elegante hombre con elbchico audaz de camisa negra.

Dmitriy soltó una risita ronca, rodeando su cintura con ambos brazos para pegarla más a él, disfrutando enormemente del juego y de la cercanía de la mujer que, sin saberlo, había despertado su cuerpo esa misma tarde.

—Bueno... en lo que te acuerdas de dónde me conoces, solo disfruta de la noche —susurró él cerca de su oído.

La música del antro comenzó a cargarse de fuego, con bajos profundos que hacían vibrar el suelo de cristal, y ellos, dejándose llevar por la innegable química que flotaba en el aire, comenzaron a disfrutarla al máximo, perdiéndose en el vaivén de la pista de baile.

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