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Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Hombre lobo / Reencarnación / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana Lyra

Él la rechazó. Ella decidió hacerlo caer de rodillas.

Cillian Voss es el Alfa de Luna Roja: multimillonario, controlador y roto por dentro. Hace más de dos décadas enterró a la mujer que amaba y, con ella, cualquier intento de volver a sentir. Su manada lo respeta. Sus enemigos lo temen. Pero nadie conoce al hombre herido que se esconde tras esa mirada helada.

Aurora Hale, futura Alfa de Estrella de la Mañana, nunca fue de las que bajan la cabeza. Inteligente, provocadora y peligrosamente decidida, creció aprendiendo a moverse entre el poder, el orgullo y la manipulación.

Durante la celebración de la Luna Azul, un vínculo imposible despierta entre los dos.

¿El problema? Cillian se niega a aceptarlo.

Para él, el destino es una maldición cruel. Para Aurora, el rechazo es apenas el comienzo del juego.

Mientras el deseo crece de forma obsesiva y sus lobos se resisten a la separación, ella toma una decisión: no será la mujer que le ruega al Alfa de Luna Roja. Hará algo mucho más peligroso.

Lo hará perder el control.

Porque hay lazos que no se pueden romper. Y hay Alfas que terminan de rodillas antes siquiera de darse cuenta de que están enamorados.

NovelToon tiene autorización de Rosana Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

A veces pensaba que la Diosa no quería ser cruel conmigo y nada más. Quería burlarse. Reírse en mi cara mientras movía las piezas del tablero.

Aurora era la prueba viva de eso.

Lyris nunca fue atrevida. Nunca fue seductora de esa forma descarada que tenía Aurora. Nunca jugó con la mente de los demás, nunca intentó dominar nada más allá de su propio corazón. Era calmada, dulce, tranquila, un puerto seguro y silencioso.

Aurora era lo opuesto en todo. Atrevida. Seductora. Manipuladora. Psicópata en el mejor sentido posible. Dominante. Terca. Y cada pequeña fibra mía estaba amando eso.

Me odiaba por disfrutarlo.

El beso todavía me ardía en la boca. Cada vez que miraba hacia el sofá, recordaba su peso sobre el escritorio, sus piernas alrededor de mi cintura, cómo gemía contra mi boca sin darse cuenta.

Ahora estaba ahí, sentada, aparentemente tranquila, mientras yo trataba de ser un Alfa responsable atendiendo a tres personas encargadas de la nueva guardería de la manada.

Mi cuerpo tenía otras prioridades. Mi lengua quería una sola cosa: invadir otra vez su boca.

Quería el sabor, la textura, la respuesta. Sentía cómo se me acumulaba la saliva, no por hambre de comida, sino por un deseo que yo me empeñaba en negar en voz alta y alimentaba en silencio.

Mis ojos no se despegaban de su figura.

Tenía las piernas cruzadas y una expresión de falsa inocencia, mirando algo en su propio regazo, como si estuviera aburrida. Cuando notó que yo la miraba, parpadeó lentamente y me mandó un beso con la punta de los dedos, disimulado, rápido.

Me aclaré la garganta, forcé la espalda a enderezarse y volví a encarar a los tres que tenía enfrente.

—El dinero no es problema —declaré, firme—. Quiero la guardería con todo lo que necesita un niño. Seguridad, comodidad, espacio, juguetes, sala de lectura, atención médica básica, alimentación. Todo.

Los tres, casi al unísono, respondieron:

—Sí, Alfa.

Salieron, aliviados o nerviosos, no me detuve a analizarlo. La puerta se cerró y la oficina volvió a quedar en silencio.

Intenté concentrarme en la pantalla de la computadora que tenía delante. Había correos de la empresa, reportes de la ciudad, solicitudes de reunión. Leía las palabras, pero nada entraba de verdad.

Aurora llenaba el espacio, aun callada.

Su olor era inconfundible, dulce, cálido, pegado a las paredes de la oficina. Y yo sabía que no era solo su perfume natural. La había excitado cuando le di las nalgadas. No necesitaba confirmación: el olor que llegó justo después fue claro, fuerte, delicioso.

Mi cuerpo reaccionaba con solo recordarlo. Cerré los ojos con fuerza, tratando de ahuyentar las imágenes que venían con eso. Hasta que el delicioso olor de su excitación volvió a golpearme.

—¿Puedes, por favor, controlar tu cuerpo? —exigí, sin abrir los ojos.

—No estoy haciendo nada, Lobo —su voz llegó desde el sofá, cargada de falsa ofensa.

—¿Ah, no? —abrí un ojo, mirándola—. Estás excitada. Y sabes muy bien lo que eso le hace a mis sentidos.

Se encogió de hombros, con una sonrisa que solo lo empeoraba todo.

—No tengo la culpa de que seas un viejo sexy —respondió—. Y la cereza del pastel es que eres mío. Así que no me culpes por excitarme.

La palabra se me atoró en la garganta.

—¿Me dijiste viejo, atrevida?

—Sí —dijo, sin siquiera parpadear—. Y sexy también.

La rabia y la risa se mezclaron dentro de mí.

—Aurora, te voy a…

La puerta se abrió sin aviso.

Logan entró, como hacía desde siempre. Entre nosotros nunca hubo esa formalidad de tocar. Pero esta vez interrumpió la frase a la mitad cuando sus ojos dieron con Aurora.

—Perdón, Alfa —dijo, desviando la vista por respeto—. No sabía que estabas acompañado de la Luna.

Aurora sonrió de lado. Yo no comenté el título, pero Hades vibró por dentro.

—No importa —respondí, seco—. Tu entrada solo evitó que volviera a actuar por impulso.

Logan tosió para disimular una risa, y lo hizo bien. Luego se compuso.

—Logré resolver lo del zorro que estaba acabando con los gallineros de los habitantes —informó—. Pero dejé a gente vigilando, por si tuvo cachorros.

Asentí.

—Muy bien —respondí—. ¿Y el hospital? ¿Recordaste que íbamos a hacer una visita para ver qué hay que rehacer y qué hay que comprar?

Logan ladeó la cabeza.

—Por eso vine —respondió—. Para recordártelo.

Iba a decir algo más cuando notó que mi mirada ya no estaba en él. Logan y yo, al mismo tiempo, volteamos hacia el sofá.

Aurora estaba ahí, limándose una uña, como si fuera completamente ajena a la conversación sobre zorros, gallinas y hospital. Con una tranquilidad irritante.

Cuando sintió que la mirábamos, levantó los ojos.

—¿Hice algo? —preguntó, demasiado inocente para alguien que media hora antes casi había acabado con mi cordura.

Volví a mirar a Logan, soltando un suspiro pesado.

—Mi tarde va a ser tensa.

Esta vez se rio de verdad.

—Por lo visto, de una buena manera —comentó.

Le lancé una mirada de advertencia y levantó las manos en señal de rendición.

Me levanté de la silla y fui hasta el sofá. Aurora me siguió con la mirada, curiosa. Me incliné hasta que mi boca quedó cerca de su oreja. El olor dulce, cálido, me golpeó con fuerza.

—Si no te controlas… —susurré— les vas a hacer las cosas más difíciles a los dos.

No retrocedió. Al contrario.

Me tomó la cara con las dos manos y me sostuvo con firmeza, como si yo fuera de su propiedad. Enseguida me mordió con suavidad el lóbulo de la oreja, lenta, deliberadamente. Un escalofrío me recorrió la columna y reordenó todo mi ser.

—No es justo… —susurró de vuelta— que tú me excites y yo no te devuelva el favor.

Se me escapó un gruñido antes de poder contenerlo. Mi frente cayó sobre su hombro, puro reflejo, como si necesitara un apoyo físico para no perder del todo la compostura delante de Logan.

Él se aclaró la garganta con fuerza, un recordatorio claro de que no estábamos solos. Me compuse con esfuerzo, como saliendo de un trance.

Tomé la mano de Aurora, entrelazando mis dedos con los suyos, y tiré de ella.

—¿A dónde vamos? —preguntó, levantándose y dejando que la guiara, pero sin perder el tono provocador.

—Ya lo vas a descubrir —respondí, sin mirar atrás.

Hades sonrió dentro de mí, satisfecho. Yo fingía que aún tenía el control.

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