🔞🔞En una ciudad donde las torres de cristal ocultan mafias, corrupción y cuerpos bajo neón, Cassian Cooling intenta vivir lejos de la violencia que marcó su juventud. Arquitecto prodigio de Central City, heredero de una fortuna y dueño de un talento capaz de construir maravillas, lleva años enterrando al monstruo que alguna vez aterrorizó las calles de Cuatro Leguas.
Cuando su mejor amigo queda atrapado en una deuda y la mujer de la que se enamora resulta herida, Cassian descubre que el pasado nunca desapareció. Solo esperó en la oscuridad el momento para volver.
Una guerra criminal comienza a devorar las dos ciudades más peligrosas, Cassian deberá decidir qué parte de sí sobrevivirá: el hombre que construye hospitales… o el que aprendió a destruir mafiosos.
Entre conspiración, mafias, tecnología, romance oscuro y una violencia tan brutal como adictiva, Cenizas y Cristal es una novela noir de ciencia ficción donde el amor puede salvar… o romper lo poco humano que queda dentro de t
NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap. 5: Parte 3.
El holograma de Gastón Gizeh sonríe desde la pared del fondo mientras la música del club sigue golpeando las ventanas blindadas de la sala privada.
Ver nuevamente su rostro después de tantos años despierta algo horrible dentro de mí. No miedo. Nunca fue miedo con Gastón. Es odio. Puro. Visceral. Viejo. El mismo odio que sentía cuando tenía trece años y encontraba cuerpos tirados en los callejones de Cuatro Leguas, por culpa de los negocios de su familia.
Walter permanece arrodillado en medio de la habitación con sangre bajándole desde la ceja rota. Tiene las manos atadas detrás de la espalda, uno de los hombres camina y le apunta directamente a la nuca con una pistola de pulso.
Lekan permanece apenas detrás de mí. Puedo sentirla tensa. Analizando todo. Las salidas. Las armas. Las posiciones.
Bien… Porque esto ya dejó de ser una conversación. Gastón parece disfrutar mi silencio. El holograma se acerca lentamente hacia la cámara desde donde transmite.
—Mírate, Cassian —dice, sonriendo con una malicia total—. El gran arquitecto de Central City. Trajes elegantes, torres de cristal… y aun así terminas regresando exactamente al mismo barro del que saliste.
No respondo. Porque si hablo ahora mismo probablemente termine disparándole a alguien. Y si disparo… Lekan saldrá herida. Hay demasiados hombres. Demasiadas armas. Muy poca distancia.
Mi respiración se vuelve lenta. Controlada. Walter levanta apenas la cabeza para mirarme. Incluso hecho mierda logra sonreír.
—Debí quedarme jugando cartas esta noche —dice, sonriéndome.
—¿Qué pasó? —le pregunto, sin apartar la mirada de los hombres alrededor.
Walter escupe sangre hacia un lado antes de responder.
—Quise terminar con esto de una vez. Traje el dinero que me prestaste.
Gastón ríe suavemente desde el holograma al hablar.
—Qué noble. Siempre dispuesto a darlo todo por su Círculo…
Walter continúa hablando, intentando sonreír:
—Los muy hijos de puta… dijeron que ahora había intereses nuevos.
Siento mi mandíbula tensarse… Claro. Nunca se trató del dinero. Los Gizeh jamás dejarían pasar la oportunidad de humillarme. Mucho menos Gastón.
Uno de los hombres alrededor de Walter se ríe y de pronto le da una patada brutal en las costillas. Walter se tuerce y gruñe de dolor.
Y algo dentro de mí se rompe instantáneamente. Me muevo antes de pensarlo. La patada sale directa. Violenta. Mi bota impacta la cara del hombre con un sonido seco y brutal, lo lanza atravesando literalmente una mesa holográfica antes de incrustarlo contra el muro metálico. El impacto hace temblar toda la sala.
Silencio… Completo silencio.
Los demás hombres levantan inmediatamente las armas. Lekan también. Todo ocurre en menos de un segundo. Pistolas apuntándose. Machetes eléctricos activándose. Respiraciones tensas.
Y yo sonriendo. Mierda. Esa sonrisa volvió sola. La misma sonrisa enferma de Cuatro Leguas. Puedo sentirla estirándome lentamente el rostro mientras observo al hombre desplomarse inconsciente entre sangre y vidrio holográfico roto.
Los demás me reconocen inmediatamente. No al arquitecto. Al otro. Al Demente de los Ojos Dorados. Lo veo en sus caras. Gastón también lo nota. Y sonríe…
—Ahí está —dice desde el holograma—. Sabía que seguías vivo debajo de toda esa ropa cara.
Uno de los hombres aprieta el arma apuntándome. Yo ni siquiera parpadeo. Porque una parte de mí realmente quiere que dispare primero.
Gastón levanta una mano desde la proyección.
—Quietos —les ordena.
Los hombres obedecen inmediatamente, como perros bien entrenados.
—¿Por qué? —gruñe uno de ellos.
Gastón sonríe despacio, paciente, disfrutando cada segundo.
—Porque me sirve más vivo que muerto… Por ahora.
La frase queda suspendida en el aire. Lekan se acerca apenas a mi lado sin bajar el arma. Puedo sentir su hombro rozando el mío. Y por alguna razón eso evita que termine rompiéndole el cuello al siguiente idiota que respire demasiado fuerte.
Miro directamente al holograma.
—Este lugar no es Cuatro Leguas, Gastón —le gruño, con la voz llena de odio.
Él arquea apenas una ceja.
—¿Ah, no…?
—Central City pertenece a los Linova. Tú solo tienes un par de clubes y negocios escondidos aquí. No puedes moverte igual que en el norte.
Gastón comienza a reír suavemente. Y esa risa me provoca exactamente las mismas ganas de matarlo que cuando éramos adolescentes.
—Todavía sigues pensando demasiado pequeño, Cassian.
La proyección se inclina apenas hacia adelante.
—No necesito estar presente para llegar a alguien.
El silencio cae otra vez. Pesado. Peligroso. Y entonces entiendo. Lekan también. Lo noto inmediatamente en sus ojos. Esto jamás fue solo sobre Walter. Gastón vino por mí desde el principio.
Mi mano aprieta lentamente el arma oculta bajo el abrigo. Tal vez todavía podamos salir disparando. Tal vez poda…
¡Un dolor brutal atraviesa mi cuerpo! Descarga eléctrica. Violenta. Repentina.
—¡Cabrón! —grito, sintiendo como se apaga mi cerebro.
Caigo de rodillas instantáneamente, mientras los músculos se me contraen sin control. Escucho a Lekan gritar apenas detrás de mí antes de desplomarse también.
Trampas eléctricas en el suelo. Malditos bastardos. La visión se me distorsiona violentamente.
Lo último que veo antes de perder el conocimiento es a Walter, intentando levantarse y correr a mí, mientras los hombres comienzan a golpearlo otra vez… Y la sonrisa satisfecha de Gastón, observándolo todo desde el holograma.
Oscuridad… Dolor… Metal…
Despierto lentamente con un sabor espeso a sangre dentro de la boca. Mi cabeza late con fuerza mientras intento moverme. No puedo. Las muñecas me arden. Levanto lentamente la vista. Estoy colgado del techo por cadenas metálicas sujetándome ambos brazos, por encima de mi cabeza. El peso de mi cuerpo tirando hacia abajo me destroza lentamente los hombros.
El lugar huele a humedad, metal oxidado y sangre. Mi sangre… La de Walter… Miro a mi alrededor… El cuarto es amplio y es oscuro. Industrial. Frío. Luces verdes defectuosas parpadean desde el techo dejando zonas enteras sumidas en sombras.
Y entonces los veo… Walter. Lekan. Ambos están amarrados a sillas metálicas frente a mí. Walter está hecho mierda. Sangre le cae desde la nariz. El ojo izquierdo completamente inflamado. Las costillas probablemente rotas.
Lekan parece ilesa físicamente. Pero sus manos están atadas detrás de la espalda y dos hombres armados permanecen a su lado apuntándole directamente a la cabeza. Eso me calma y me enfurece al mismo tiempo. Porque sigue viva. Porque si alguien la toca… los voy a matar a todos aquí.
El sonido de pasos rompe el silencio. Gastón aparece finalmente desde las sombras. Real esta vez. Más viejo. Más frío. Más elegante. Lleva un traje negro impecable. Detalles verdes brillando bajo las luces defectuosas. Un implante metálico recorriéndole parte del cuello hasta la mandíbula. Y esos ojos verdes, llenos de odio viejo, clavados directamente en mí.
—Mírate… —dice lentamente, mientras se acerca—. El héroe loco de Cuatro Leguas colgado como un animal. ¿Quién lo creería?
Escupo sangre hacia el suelo. Gastón sonríe apenas.
—Mucho mejor… —susurra sonriéndome.
Camina lentamente alrededor de mí mientras varios hombres armados observan desde las paredes. Algunos llevan machetes eléctricos. Otros armas automáticas de pulso… Esto no es un club… Es una ejecución privada esperando comenzar.
Gastón se detiene frente a Walter. Con un dedo empuja su cabeza, contra su voluntad. Walter solo lo mira con odio. Un odio completamente suyo… como el Walter de quince años.
—Tu amigo quiso pagar su deuda —me dice, viéndome lleno de gozo triunfal.
Walter levanta apenas la cabeza. Y lo mira directamente a los ojos.
—Vete a la mierda —le gruñe, sonriendo con desprecio.
Gastón le rompe la cara de un golpe seco. Lekan se tensa inmediatamente. Yo también. Las cadenas crujen violentamente cuando intento moverme.
Gastón vuelve a mirarme.
—Escuché que ganas muchísimo dinero ahora, Cassian… Hospitales, torres, mansiones de políticos, edificios militares… incluso los Linova hablan bien de ti.
No respondo… Porque sigo calculando. Distancias. Armas. Hombres. Y posibilidades. Por ahora ninguna buena.
Gastón sonríe apenas.
—Así que decidí que tal vez deberías volver a ayudar a tu mejor amigo.
Ya sé lo que quiere… Finalmente hablo.
—¿Cuánto? —le pregunto, escupiendo al suelo.
Walter cierra los ojos apenas… Porque ya sabe la respuesta. Gastón extiende lentamente ambas manos, abriendo los dedos.
—Diez millones de créditos…
Lekan levanta la vista inmediatamente hacia mí. Walter maldice en voz baja. Yo solo observo a Gastón.
—Estás delirando —le digo lleno de odio.
—No, Cassian… —responde, alzando las manos—. Estoy haciendo negocios. Nada más.
Se acerca lentamente hasta quedar frente a mí. Muy cerca.
—Y si no pagas… bueno… —mira brevemente hacia Lekan, después hacia Walter—. Podría empezar cortando cabezas…
Siento algo frío recorrerme por completo. No miedo… Algo peor. La vieja violencia. Esa cosa oscura que siempre ha vivido dentro de mí, esperando una excusa.
Tomo aire lentamente. No tengo más opciones…
—Te transferiré cinco millones ahora mismo —digo al fin.
Gastón arquea una ceja, me sonríe con una malicia que no cabe en su cara.
—Más los seis que Walter trajo —continúo—. Once millones de créditos en total. Ahora… Déjalos ir.
Walter me mira inmediatamente. Lekan también. Gastón permanece en silencio unos segundos. Después vuelve a sonreír. Una sonrisa lenta. Cruel.
—Acepto… —dice, sentenciándome.
Las cadenas vuelven a tensarse cuando intento moverme.
—Pero sigues debiéndome diez millones más… —añade, riendo.
Lo observo directamente. Mis ojos se cierran con ira, siento como se tensan sus hombres. Gastón inclina apenas la cabeza.
—Estos once millones solo son para que no decapite hoy mismo a tu amigo y a tu novia frente a ti.
El silencio dentro del cuarto industrial se vuelve insoportable después de las palabras de Gastón… Y entonces entiendo finalmente algo horrible. Esto nunca se va a terminar pagando. Gastón no quiere dinero. Quiere destruirme lentamente… Quiere quebrarme. No físicamente. Eso sería demasiado simple. Quiere obligarme a elegir entre las personas que me importan y la violencia que juré abandonar.
Las luces verdes defectuosas continúan parpadeando sobre nuestras cabezas mientras el zumbido eléctrico de los viejos generadores llena parcialmente el ambiente. Permanezco observando directamente a Gastón. Y él sonríe, porque sabe exactamente lo que está haciendo.
Lekan permanece inmóvil frente a mí, atada a la silla metálica. Sus ojos verdes no muestran pánico. Eso me preocupa más que si estuviera llorando. Porque significa que sigue pensando. Sigue buscando una salida. Walter escupe sangre hacia el suelo otra vez.
—Diez millones… —gruñe entre dientes—. Tu padre te habría golpeado por negociar tan mal, Gastón.
Uno de los hombres vuelve a acercarse para golpearlo. Levanto lentamente la cabeza… Y sonrío… Otra vez esta sonrisa. Esta maldita sonrisa enferma. El hombre se detiene inmediatamente. Porque ahora sí me reconocen completamente. No al arquitecto. No al empresario. No al actual hombre elegante de Central City. Reconocen al monstruo anterior de Cuatro Leguas.
Gastón lo nota también. Y sonríe lleno de satisfacción bizarra.
—Increíble… —murmura mientras me observa—. Después de tantos años todavía reaccionan igual cuando sonríes.
No respondo… Porque él también recuerda. Recuerda perfectamente quién era yo allá. Y recuerda algo todavía peor: Que siempre le ganaba.
Gastón camina lentamente hacia una mesa metálica cercana, donde descansa un comunicador holográfico portátil.
—Transfiere los cinco millones, Cassian —dice, levantando el aparato.
Aprieto apenas la mandíbula. Y este imbécil cree que se los daré así, nada más…
—Primero libera a Lekan —le grito.
—No negocias condiciones aquí, Cassian —lo dice suave, lleno de maldad.
—Entonces no recibirás nada, Gastón.
El cuarto entero se queda en silencio. Incluso Walter levanta lentamente la cabeza. Gastón me observa varios segundos. Y después sonríe otra vez.
—Sigues enamorándote demasiado rápido, Desquiciado —lo dice con una ironía terrible, luego murmura para sí mismo—. Parece que ella si tenía razón… Bueno, eso da igual ahora.
La frase me golpea distinto. No por vergüenza. Por peligro. Porque escuchar a alguien como Gastón pronunciar el nombre invisible de Lekan, con esa calma, hace que algo oscuro se retuerza violentamente dentro de mi pecho.
Mis cadenas crujen apenas. Gastón lo nota.
—Ahí está otra vez —susurra divertido—. Esa cara que ponías antes de romperle la mandíbula a alguien.
Lekan me observa en silencio. Y mierda. Creo que empieza a entender cuánto esfuerzo me cuesta mantenerme quieto ahora mismo.
Gastón activa el comunicador y lo deja frente a mí.
—Haz la transferencia. Ahora mismo…
Lo miro unos segundos. Después finalmente hablo:
—Si lo hago… Walter y Lekan salen de aquí ahora mismo, Gastón. No la metas en esto.
Gastón parece pensarlo. Mentira. Ya decidió todo desde antes.
—Walter puede irse… Ella no.
Siento como el cuerpo se me endurece instantáneamente. Las cadenas crujen junto con la viga sobre mí.
Lekan levanta lentamente la vista hacia Gastón. Y por primera vez, veo algo parecido a un odio real en sus ojos. Gastón sonríe apenas al notarlo. Camina a ella lentamente, sonriéndole con una perversión asquerosa.
—Ahora entiendo por qué estás tan desesperado, Cassian… —se inclina sobre ella mientras lo dice.
Me estiro lentamente hacia adelante pese a las cadenas.
—Si la tocas…
Gastón se acerca inmediatamente hasta quedar frente a mí. Muy cerca. Tanto que puedo oler el humo y el alcohol sobre él.
—¿Qué harás, Cassian? —me susurra—. ¿Vas a volver a convertirte en el héroe loco de Cuatro Leguas?
La frase queda suspendida entre nosotros. Y por un segundo… realmente quiero hacerlo. Quiero arrancarle la garganta… Quiero romperle las manos. Quiero escuchar sus huesos quebrarse, igual que cuando éramos adolescentes peleando entre callejones.