A Marisela no solo le arrebataron su libertad, acusándola de un crimen que no cometió; sino también a sus dos pequeños hijos, sus más grandes amores.
Tras tres años encerrada en prisión con una condena perpetua, un terremoto le da una oportunidad de escapar.
Ahora buscará encontrar justicia y sobre todo recuperar a sus hijos, en otro país, con una nueva identidad y un nuevo rostro, convertida en la esposa del cuñado de su ex.
¿Los culpables podrán salir ilesos ante la furia de una madre?
NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
4. Cadena perpetua
Marisela siente que se está volviendo loca. No hay rastros de su vida, no hay partidas de nacimiento de sus hijos en ningún registro, no hay constancia de una vida matrimonial con un Thiago Pérez.
Tuvo un juicio exprés y la sentencia llegó como un golpe al corazón, cadena perpetua. La habían condenado a pasar todos los días de su vida en prisión, la habían condenado a no volver a ver a sus hijos.
Cuando regresó a la cárcel ya no había ni un pequeño resquicio de esperanza. El recuerdo de Liam dando sus primeros pasos agolparon su mente, así como la primera vez que la llamó mamá. También la mano pequeña de Kimmy apretando su mano, mientras jugaba con ella, antes de llevarla a dormir; era un dolor enorme saber que no volvería a tener una vida con ellos, que todo ese amor en su corazón no podía dárselos.
Bajó las escaleras del reclusorio casi en automático.
Ingresó a su celda y se sentó sobre el delgado colchón, mirando el vacío, la pared gris que tenía marcas, que su compañera había hecho para contar los días que habían pasado en los años que llevaba encerrada.
- “Acá está la santa, la que se cree inocente, ahora tenemos quien nos sirva”, dijo una presa, apodada Candela, que se paró en la puerta mirando a Marisela.
La joven no dijo nada. Ya no importaba nada, se decía por dentro. Todo lo ha perdido y no tiene idea de cómo podría recuperarlo, metida en ese lugar.
- “La mierda esta cree que puede ignorarme, zorra estúpida que no supo hacerlo bien. Mírame, idiota”, expresó Candela, mientras la jaloneaba y la tiraba contra el piso; luego le mostró una cuchilla.
Marisela solo cerró los ojos, quería desaparecer. Sin sus hijos ya no tenía motivación para vivir.
- “¡Déjala, Candela!”, gritó la mujer mayor que había permanecido callada mientras veía la escena.
- “Gringa, no te metas”, dijo Candela.
- “No me hagas repetirte las cosas, Candela. Ya sabes cómo son las cosas acá” manifestó la señora mayor, a quien todos apodaban la Gringa.
- “¿Ahora esta zorra va a ser tu protegida?” cuestionó Candela. “Me pagaron bien para darle una lección, para que no joda y acepte su vida actual”.
- “De seguro. Eso confirma que quien tiene dinero posee control. Pero sabes bien, Candela, que aparte de dinero yo tengo otras conexiones más peligrosas. Por ahora es mi protegida. ¿En verdad quieres estar en mi contra?”, cuestionó la Gringa.
- “Solo dile que sea una sombra, siempre habrá alguien que se arriesgue”, respondió Candela.
- “Probablemente. Y también aprenderá que yo no perdono y que estos barrotes no son suficientes para tener control”, dijo la Gringa.
Candela se fue y la mujer mayor se acercó a Marisela.
- “Pensé que tenías más carácter. Si los quieres de vuelta, debes tener valor y paciencia, mucha paciencia. Puedes decidir rendirte o jugártela, pero solo una de las dos opciones te da la posibilidad de abrazarlos otra vez”, manifestó la Gringa.
- “¿Y quién me va a ayudar? ¿Quién me va a sacar de este horrible lugar? Nadie me cree, mi vida no existe, mis hijos no están. ¿Cómo hago?”, increpó Marisela con lágrimas en los ojos.
- “Recuerda este dolor, recuerda este vacío y ponte de pie. Te puedo ayudar a salir de acá, pero necesitas paciencia. Primero necesito salir yo, me faltan pocos años. Tú tienes que ser fuerte”, dijo la Gringa.
- “¿Por qué me quieres ayudar?”, preguntó Marisela.
- “Me recuerdas a alguien, y cuando estemos fuera de este lugar te lo diré. Por ahora, Marisela, sobrevive. Aprovecha el tiempo, prepárate para que cuando salgas recuperes lo que te robaron. ¿Qué prefieres, dejarte morir o sobrevivir al precio que sea por tus hijos?”, manifestó la Gringa.
- “Haría lo que sea por mis hijos, lo que sea”, dijo Marisela.
- “Entonces no te rindas. Yo te voy a ayudar, tú solo prepárate para ser fuerte, muy fuerte”, expresó la Gringa.
Marisela se puso de pie y miró directamente a la Gringa. No sabe por qué esa mujer quiere ayudarla, tampoco sabe si podrá hacerlo, pero algo dentro de ella se encendió, porque ahora siente que por más pequeña que sea la posibilidad, no se rendirá hasta recuperar a sus hijos y encontrar a los culpables de su desgracia.