Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lo que Habita en el Vapor
Rita dejó la cubeta a un lado y estiró ligeramente los hombros.
—Bien… —murmuró, observando el progreso—. No está perfecto, pero sirve.
Tomó una de las toallas limpias y la dejó sobre una superficie cercana.
—Iré por la cena —añadió con naturalidad—. Continúa.
Y sin esperar respuesta…
se fue.
La puerta se deslizó suavemente tras ella.
Y otra vez…
Hikari se quedó sola.
El vapor seguía elevándose en el aire, envolviendo todo en una calidez húmeda que comenzaba a sentirse pesada. El sonido del agua, constante y bajo, llenaba el espacio.
Hikari bajó la mirada hacia sus manos.
Ligeramente enrojecidas.
Cansadas.
—…uff…
Dejó escapar el aire lentamente.
Su cuerpo ya comenzaba a resentir el trabajo.
La espalda.
Las piernas.
Los brazos.
Todo.
Pero aun así…
no se detuvo.
Apretó un poco el agarre del cepillo.
Y volvió a la tina.
—Solo… un poco más…
murmuró para sí misma.
El movimiento ya no era tan torpe como antes.
Ahora era más fluido.
Más automático.
Frotar.
Enjuagar.
Secar.
Repetir.
El tiempo comenzó a perder forma otra vez.
No sabía cuánto llevaba ahí.
Pero cada vez que levantaba la mirada…
todo se veía un poco más limpio.
Más ordenado.
Más… correcto.
Y eso…
la hacía seguir.
Aunque estuviera cansada.
Aunque su cuerpo le pidiera detenerse.
—No me voy a rendir…
susurró.
No sabía si lo decía por el trabajo.
O por todo lo demás.
El vapor se movió suavemente a su alrededor.
Y por un instante…
el lugar se sintió tranquilo.
Casi… en paz.
Hasta que—
un leve sonido.
Detrás de ella.
Hikari se detuvo.
El corazón le dio un pequeño salto.
Giró lentamente.
La puerta seguía cerrada.
El lugar… aparentemente igual.
Pero el aire…
había cambiado.
Otra vez.
Más frío.
Más denso.
Como si algo hubiera entrado…
sin hacer ruido.
Hikari tragó saliva.
—¿Rita…?
No hubo respuesta.
El silencio se alargó.
Y el vapor…
pareció moverse en una dirección.
Hacia ella.
Lento.
Casi imperceptible.
Hikari se quedó completamente quieta.
Porque aunque no veía nada claramente…
sabía algo con certeza.
No estaba sola.
El vapor se arremolinó con más fuerza.
No como antes.
Ahora se movía con intención.
Hikari apretó el cepillo entre sus manos, sintiendo cómo su pulso se aceleraba de nuevo.
—…esto no es normal —susurró.
El aire se volvió más frío.
Un contraste extraño con el calor del baño.
Dio un paso hacia atrás.
Lento.
Cuidado.
El piso estaba húmedo, y el sonido de sus propios pasos le pareció demasiado fuerte.
El vapor comenzó a concentrarse frente a una de las tinas.
Girando.
Espesándose.
Como si algo dentro de él… estuviera tomando forma.
Hikari contuvo la respiración.
—¿Rita…? —intentó otra vez, con un hilo de voz.
Nada.
Solo el sonido del agua.
Y ese movimiento.
Entonces—
algo emergió.
No completamente.
Solo una silueta.
Alta.
Difusa.
Formada por vapor y oscuridad.
Hikari sintió cómo el miedo le subía por la espalda, helándole la piel.
—…no…
Su cuerpo le decía que corriera.
Pero sus piernas no respondían.
La figura se inclinó apenas hacia adelante.
Como si la estuviera observando.
Como si la estuviera reconociendo.
—…
Un susurro.
Muy bajo.
Incomprensible.
Pero dirigido a ella.
Hikari apretó los labios.
Recordó la advertencia.
No respondas.
No sigas.
No mires demasiado.
Pero era difícil.
Porque esa cosa…
no dejaba de mirarla.
El vapor se movió otra vez.
Y la figura dio un paso.
O algo parecido a un paso.
El agua en las tinas vibró.
—…no te acerques… —murmuró Hikari, más para sí misma que para lo que fuera eso.
El cepillo temblaba en su mano.
Y entonces—
un golpe seco.
La puerta.
Se abrió.
El sonido rompió la tensión como un cristal.
El vapor se dispersó de inmediato.
La figura—
desapareció.
Como si nunca hubiera estado ahí.
—¿Sigues viva? —dijo Rita, entrando con total normalidad, como si nada hubiera pasado.
Hikari se giró de golpe.
—¡—!
Respirando agitada.
—Había algo aquí —dijo de inmediato, señalando la tina—. Algo… en el vapor…
Rita la miró.
Luego miró el lugar.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y luego…
se encogió de hombros.
—Probablemente un yūrei de agua.
Como si estuviera diciendo “una mosca”.
Hikari parpadeó.
—¿Un… qué?
—Un espíritu residual —explicó Rita, dejando la bandeja con la comida—. A veces aparecen donde hay emociones fuertes… o suciedad acumulada.
Tomó un paño y empezó a limpiar como si nada.
—Si no te hizo daño, no es importante.
Hikari la miró completamente incrédula.
—¿No es importante?
Rita suspiró.
—Hikari… estás en el mundo yokai.
Se giró hacia ella, cruzándose de brazos.
—Esto es lo normal.
El silencio volvió.
Pero ya no era igual.
Hikari bajó lentamente la mirada.
Su respiración comenzó a calmarse.
—…ok…
No lo entendía.
Pero lo estaba empezando a aceptar.
Poco a poco.
Rita tomó un pequeño recipiente de la bandeja y se lo extendió.
—Come.
Hikari lo miró.
Luego lo tomó.
Sus manos aún temblaban un poco.
—Gracias…
Se sentó en el borde, aún procesando todo.
Rita dejó la bandeja a un lado y comenzó a comer con tranquilidad, como si nada de lo anterior hubiera sido fuera de lo común.
Hikari se sentó cerca, aún algo cansada, sosteniendo el pequeño tazón entre sus manos.
El vapor de la comida subía suavemente.
Por un momento…
todo se sintió casi normal.
Hasta que—
—Y dime, Hikari… —dijo Rita sin mirarla directamente— ¿por qué una humana estaría en este mundo… trabajando en un ryokan?
Hikari levantó la mirada.
Se encogió ligeramente de hombros.
—Bueno… —murmuró— mi abuelo es el dueño del lugar.
Rita se detuvo en seco.
—¿Qué?
La miró de golpe.
—¿Me estás diciendo que eres la nieta de… Akira Tomori?
Casi se atraganta con lo que estaba comiendo.
Hikari sonrió apenas, un poco apenada.
—Sí… soy Hikari Tomori.
Rita se limpió la boca con el dorso de la mano, aún procesándolo.
—Espera, espera… —frunció el ceño— entonces…
la señaló con incredulidad.
—¿Por qué estás limpiando aquí en lugar de estar allá… con Kuro?
Hikari bajó la mirada un momento.
Suspiró.
—Bueno… no sé nada sobre ryokans —admitió—. Así que Kuro me dijo que debía empezar desde abajo.
Rita se quedó en silencio.
Un segundo.
Dos.
Y luego se cruzó de brazos, claramente molesta.
—Ese ogro del demonio… —murmuró con fastidio— siempre con su mal carácter.
Negó con la cabeza.
—Mira que hacerte esto…
Hikari levantó la mirada, un poco sorprendida.
—No está tan mal —dijo con sinceridad—. Tiene sentido.
Rita la miró como si acabara de decir una locura.
—¿Tiene sentido?
Se inclinó un poco hacia ella.
—Eres la heredera del ryokan más importante de este lugar… y te pone a limpiar baños.
Hikari no respondió de inmediato.
Pensó un segundo.
Luego encogió ligeramente los hombros.
—Prefiero eso… a no saber qué estoy haciendo.
Rita se quedó callada.
Observándola.
Y por primera vez…
su expresión cambió un poco.
Menos dura.
Menos crítica.
—…tch.
Desvió la mirada.
—Eres rara.
Hikari soltó una pequeña risa.
—Eso me dicen mucho.
Rita tomó otro bocado, más tranquila.
—Aun así… —añadió— no dejes que te trate como si no fueras nada.
Hikari parpadeó.
—No lo hace…
Rita la miró de reojo.
—¿Ah no?
Una pequeña pausa.
—Entonces aprende rápido.
Sus ojos se suavizaron apenas.
—Porque aquí… no todos van a ser como yo.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
no era incómodo.
Era… más cercano.
Como si, sin darse cuenta…
Hikari hubiera dado el primer paso para no estar completamente sola en ese lugar.